Dos años después de haber ocurrido el asesinato a balazos de Sebastián Galimany el 19 de enero de 2009 en Grandoli y Olegario Víctor Andrade, la jueza de Menores Gabriela Sansó halló penalmente responsable por ese crimen a Jonatan Andrés Camino, quien hoy tiene 18 años y está preso en la cárcel de Piñero. La jueza también lo halló responsable en el mismo caso por lesiones graves agravado por el uso de arma de fuego. Chamí, como se conoce en la calle al sentenciado, es hijo de Roberto Pimpi Camino, ex jefe de la barra brava de Newell’s durante la presidencia de Eduardo J. López. Al momento del homicidio era menor de edad.
No fue la única causa en la que Chamí fue sancionado. La jueza Sansó también lo encontró penalmente responsable por un incidente caratulado como lesiones graves agravadas por el uso de arma de fuego. El hecho ocurrido el 19 de mayo de 2005 cuando Daniel C., apodado La perra, y Facundo S., resultaron heridos de bala en inmediaciones de Grandoli y Gutiérrez. Precisamente Facundo S., de 23 años, se transformó en un testigo clave en ambas causas ya que fue víctima en ambos hechos. En mayo de 2005 uno de los balazos que recibió le desintegró dos falanges del dedo medio de la mano izquierda y en enero de 2009 recibió dos disparos. Uno de esos proyectiles le ingresó por la pelvis y le salió por la cola y lo condenó durante meses a la penuria de un ano contra natura. Otro de esos balazos le lesionó un centro nervioso de una pierna y lo obligó a usar muletas.
Chamí se mantuvo prófugo de la Justicia hasta que el 20 de febrero pasado fue detenido en Villa Gobernador Gálvez. Estuvo detenido en la comisaría 8ª y de ahí fue trasladado a Piñero, donde seguirá detenido ya que la jueza Sansó dictó para Chamí la prisión preventiva. Chamí es asistido desde hace siete meses por la defensoría general, quien apeló las dos resoluciones. Si el dictamen queda firme, la Secretaria de Servicio Social elevará un informe sobre la evolución de la conducta del chico. Recién tras ello la jueza fijará, si corresponde, el tiempo de la pena.
El crimen. El asesinato de Sebastián Galimany, de 20 años, marcó un punto de inflexión en la vida del barrio Municipal de Lamadrid y Grandoli. Fue caso testigo para visualizar cómo se dirimían las diferencias en ese momento en esa área de zona sur. El 19 de enero de 2009 por la tarde Facundo S., de 21 años entonces, le pidió prestada a su amigo Seba Galimany su Yamaha Crypton, con tanta mala fortuna que en Andrade y Grandoli chocó con otra moto. Un incidente menor, con algunos raspones.
Facundo y Sebastián vivían en unas torres en Gutiérrez al 400 bis, que da al Acceso Sur, y sabían que deambular por el Municipal era peligroso. Tras el choque hablaron con Brian, el dueño de la otra moto chocada, frente al ingreso de Grandoli 4951. Cuando acordaban el arreglo aparecieron en escena algunos pibes del Municipal y expulsaron a Facundo y Sebastián, quienes salieron corriendo. La Crypton de Sebastián quedó tirada en el lugar. En el grupo de los agresores estaba Chamí.
Ya por la noche Sebastián contrató un fletero para ir a buscar la moto, ya que el padre de Brian les pidió que se la llevaran porque no quería tener problemas. Seba le pidió a Facundo que lo acompañara y junto a otros dos amigos fueron hasta Grandoli y Andrade a buscar la moto. Ahí sucedió una balacera con final trágico. Cuando ya habían subido la Crypton al flete —una camioneta Peugeot 504 blanca— fueron emboscados.
Seba Galimany recibió tres tiros con entrada y salida en tórax, abdomen y tobillo izquierdo. Murió camino al Clemente Alvarez. Facundo recibió los dos balazos ya descriptos. Dos días después del sangriento episodio y estando aún en el Heca Facundo declaró y apuntó a Chamí como el autor del ataque.
En una nota de La Capital del 26 de enero, a menos de una semana, Sandra C., mamá de Facundo, contó: “Mi hijo vio bien al tirador y lo reconoció”.
La causa recayó en un primer momento en manos de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas. Un año después, al determinarse que el principal sospechoso era menor de 18 años, el expediente pasó a manos de los magistrados María del Carmen Musa y Edgardo Fertitta. “Debe destacarse la profunda y extensa investigación direccionada por los colegas, doctores. Musa y Fertitta, que ordenando pruebas y produciendo medidas, por sí o por intermedio de las autoridades policiales, llevaron a cabo numerosísimas diligencias tendientes al esclarecimiento del hecho”, dijo Sansó en su fallo.
Radiografía del lugar. El dictamen de la jueza es una colección de postales para entender cómo se vive en esa área de Rosario, inaccesible para la prensa durante el liderazgo de Pimpi en la barra de Ñuls, en la que el pacto de silencio por connivencia o temor fue moneda común. Hubo vecinos que se mudaron de barrio o ciudad por miedo. Entre ellos el padre de Brian, quien chocó con Facundo. También los padres de Galimany y el mismo Facundo con su familia.
El fallo además ilumina un costado desconocido de los protagonistas. Por ejemplo, de Chamí: un pibe que vivió en un hogar signado por la violencia familiar hacia su mamá, con el peso y estigma de ser “hijo de” y que fue reconocido por su padre cuando ya era un adolescente. Un chico que deambuló residiendo pocos meses con sus dos padres, luego sólo con su mamá, después con su papá (en el Municipal de Lamadrid 98 bis) y luego con una tía en Villa Gobernador Gálvez.
Chamí comenzó teniendo abogados rentados y terminó asistido por la defensoría general. Herramientas no enumeradas para justificar sino para entender un contexto crítico.
Hablar y aguantar. La estrategia de la defensa de Chamí fue negar todo. Eso llevó a un careo, cara a cara, con Facundo S. Y si bien cada uno se mantuvo en sus dichos —Chamí diciendo no conocerlo y Facundo acusándolo— este chico mostró la entereza del testigo clave de la acusación. “Explicó que la decisión de declarar mereció una conversación con su familia, porque quiere que lo que le ocurrió a su amigo no quede impune. Y pidió protección a la Justicia por las consecuencias que pueda esto pueda tener, ya que otras personas también conocen lo ocurrido pero no se animan a hablar por temor”, escribió la jueza Sansó en su resolución al referirse a Facundo. Y agregó: “El temor del barrio hacia Chamí y su entorno está demostrado. De hecho (Facundo) tuvo custodia policial como testigo protegido”, indicó la jueza.
Sansó también valoró testimonios de otras investigaciones por hechos ocurridos mientras se realizaba esta pesquisa. Ese el caso del asesinato de Alexander Javier Acosta, alías Triple 6, de 16 años, en los pasillos del Municipal el 25 de julio último. Triple 6 es primo de Chamí y varios testimonios lo colocaron en la escena del crimen de Galimany. “Tres 6 era soldadito de Pimpi y estuvo involucrado en varios hechos. Entre ellos el del pibe que mataron e hirieron en Grandoli y Lamadrid (por Galimany). Ese hecho lo cometieron con Chamí, el hijo de Pimpi”. Así transcribe la jueza Sansó la declaración de un testigo —S.D.G.— realizada el 19 de octubre de 2010 en la sección Homicidios.
Y el testigo da una pincelada de contexto a su relato. “Todo empezó cuando hubo una pelea entre René Ungaro y el Pimpi en un boliche (frente al bar Tokyo a mediados de 2007) porque lo acusaban de un robo a un familiar. Entonces Pimpi le pegó a René y este continuó con la pelea sumando a su hermano. Ahí empezó la guerra del Municipal y los Fonavi de Sánchez de Thompson. Luego se suscitó otra muerte (Marcelo Vampirín Coria, el 8 de septiembre de 2007, hombre ligado a los Camino) y los soldados de Pimpi empezaron a marcar el territorio e impusieron una barrera en calle Gutiérrez. La gente del Fonavi que cruzaba hacia calle Alice eran robados o golpeados por la gente del Pimpi. Hasta que pasó lo de Sebastián y Facundo, dos buenos pibes de Gutiérrez y calle 412”, dijo el testigo. Luego el declarante ratificó todo en Tribunales. René Ungaro es uno de los tres procesados en la causa que instruye el juez Javier Beltramone por el crimen de Pimpi Camino. l