Cada vez estamos más conectados, vía Internet o a través de los celulares. Es tan agobiante el presente continuo, que casi no hay espacio para bucear en el pasado y/o proyectar un futuro. El aquí y ahora es tan acuciante que no hay lugar para la mínima reflexión. Pero, ¿se logra un diálogo profundo a través de contactos fulminantes y efímeros que se disipan como una pompa de jabón? Muchas veces la comunicación se lleva a cabo entre tres o más personas, que opinan sin haber escuchado fehacientemente al interlocutor. Pareciera que hay una necesidad imperiosa de estar en contacto a través de un método rápido mediante el texto o la voz. Tratar de incorporar en el menor tiempo posible toda la información con la cual nos bombardean los medios masivos, revistas o diario constituye una imposición de la cual no podemos sustraernos y que resulta muy difícil evitar. Rescatar la charla informal del café en el bar, el club o el lugar que nos aleje de la tecnología de la información, siquiera por un momento, nos devolvería el agradable sabor del diálogo informal pero muy comunicativo que jamás se podría llevar a cabo de otra manera.























