Si Rosario Central desciende de categoría, el fútbol de Rosario estará de luto, quedará huérfano. Poco sentido tendrá la algarabía indisimulable de su eterno rival, estarán de más las risas burlonas y los chistes alusivos a una institución que paga caro los errores dirigenciales al vender, por necesidades económicas, jugadores indispensables para el logro de un campeonato. Si Central se va a la B, la ciudad ya no gozará de la emoción y las expectativas que imprimen los simpatizantes auriazules y rojinegros 15 días antes del partido clásico. Por eso, es imperdonable que hinchas ñulistas y quizás dirigentes festejen airadamente el fracaso institucional y deportivo de Rosario Central. ¿Acaso no consideran la importante recaudación de dinero cada vez que ambos equipos se enfrentan? ¿Se olvidan del folclore futbolístico antes y durante el encuentro? ¿No eriza la piel ver el colorido en ambas parcialidades, más allá del resultado? Hay que poner énfasis en la racionalidad, no en el sentimiento. A NOB le conviene que Central siga en primera división. No sería extraño que luego, desde la AFA, se intente hundir también al conjunto del parque Independencia. Es para analizarlo, ¿no?





























