Desde chicos, desde los días de la escuela primaria, aprendimos que el sustantivo ruido está presente en dos de las canciones más caras al sentimiento de los argentinos: el Himno Nacional y la Marcha de San Lorenzo; esa que habla de los ruidos en el campo del Convento; ruidos de corceles y de aceros que inmortalizaron a San Martín, Cabral y Celedonio Escalada; al granadero Baigorria, al capitán Bermúdez; a los granaderos puntanos que aportaron su coraje al histórico batallón, y a los bravos soldados oriundos de distintos lugares. Hubo ruidos de cañones con el almirante Brown en Juncal y con el general Lucio Norberto Mansilla en la Vuelta de Obligado. Se escucharon gritos y ruidos de sables, carabinas y galopes en un largo camino de la historia, transitado, entre otros, por Belgrano, Güemes, Quiroga, Paz, Varela, Peñaloza, Dorrego, Lavalle, Lamadrid, Mansilla, Ramírez, Madariaga, López, Oribe, Artigas, Andresito, Rosas, Urquiza, Mitre y Roca. Se escucharon ruidos estentóreos más allá de las Salinas Grandes, en los bravos entreveros entre "huincas" y aborígenes. Llegaron los ruidos desgarrantes de la tristemente célebre guerra de la Triple Alianza; y ya en nuestro pasado cercano, los ruidos de la gesta insólita de las Malvinas. Pero en septiembre de 1996, un nuevo ruido se sumó a las páginas de la historia argentina; una nueva percusión se agregó al pentagrama de nuestras protestas: "el ruido de las cacerolas" que tuvo su "bautismo de bochinche" en el repudio contra la política económica de Carlos Menem. La cacerola pasó a ser el instrumento convocante para expresar el descontento por distintos hechos, como los protagonizados en 2001 por el gobierno de De la Rúa. El provocado por el golpear de cacerolas (y otros cacharros) se constituyó en el nuevo ruido argentino; siempre preferible al espantoso que producen fusiles, ametralladoras, tanques, aviones y bombas en las revoluciones. El ruido de las cacerolas se hallaba adormecido pero en los últimos meses, resurgió convocado nuevamente por gestiones gubernamentales con las que parte de la sociedad no está de acuerdo. Sí, el ruido cacerolero (en su tercera edición) volvió a oírse en el tono de "repudio sostenido mayor".























