Miles de mexicanos rindieron ayer honores a sus antepasados con vestigios de los antiguos ritos indígenas y elementos de la religión católica, mayoritaria en el país.

Miles de mexicanos rindieron ayer honores a sus antepasados con vestigios de los antiguos ritos indígenas y elementos de la religión católica, mayoritaria en el país.
Las ofrendas dedicadas a los muertos en casas, cementerios, plazas y centros culturales invadieron al país.
En las coloridas ceremonias lucían las calaveras de azúcar, chocolate o amaranto, engalanadas con flores de cempasúchil amarillas, el color de la muerte de los antiguos aborígenes, junto a sus comidas favoritas.
La tradición es anterior al arribo de los europeos a esas tierras y sobrevivió en sincretismo con el culto de la Iglesia Católica. Los vestigios de la conmemoración de los muertos en las antiguas civilizaciones que se asentaron en lo que hoy es México se remiten a hace más de tres mil años.
En algunas civilizaciones comenzaban a recordar a sus muertos el 30 de octubre y culminaban el 2 de noviembre, en la misma fecha de los cristianos. Los primeros días eran para los niños. Ahora en general los ángeles chiquitos son recordados el 1º de noviembre, dejándose el 2 para las personas mayores muertas.
El homenaje debe su origen a que en la fecha el alma del muerto regresa a la Tierra para estar con sus seres queridos, quienes le rinden homenajes.

