En esos días amargos del mes de marzo, en los cuales hemos perdido al ser más querido de nuestra familia, pudimos comprobar que aún tenemos personas en la medicina que nos consideran como seres humanos y que no hay diferencia entre afiliados de tal o cual obra social. En el Sanatorio Laprida fuimos atendidos por el personal de guardia, terapia intensiva, de piso y de sala. Todos trataron a mi esposa con gran profesionalismo y demostraron su capacidad de contención familiar, algo que no siempre está presente en aquellos que conviven diariamente con enfermedades, dolor y muerte. Por eso queremos dar las gracias a todos los doctores, a todos los enfermeros del segundo piso, a la supervisora, a la secretaria, a las mucamas, los camilleros, las camareras, recepcionistas y a todo el personal que de alguna manera atendieron a nuestro familiar. Quienes agradecen este servicio son los familiares de Alicia Hernández.





























