Señora presidenta, esta es la segunda vez que a usted me dirijo. En esta nota quiero recordarle que aquellos que se creyeron omnipotentes, todos ellos tuvieron un final degradante, odiados por todos y muertos sin dignidad alguna. Recordemos a Videla, Masera, Pinochet y extendiendo la mirada un poco mas arriba nos encontramos con Hitler y Musolini. A la inversa de estos siniestros personajes tenemos a Teresa de Calcuta, Favaloro entre otros. Señora presidenta, mi pregunta: es ¿con quién de estos personajes a usted le gustaría parecerse? Bueno, no me cabe duda que a los segundos. Si así fuere, la inevitable pregunta es: ¿por qué no deja de lado su soberbia y bandería política, y se incluye dentro de las necesidades de la gente? Trate de evitar el pensamiento de que porque la mayoría la votó usted puede hacer lo que se le viene en gana. No, señora presidenta, usted no debería hacer lo que se le viene en gana. Debería escuchar a los demás, sean de su partido o de la oposición y obrar en consecuencia. No se olvide que quienes la votaron lo hicieron pensando que con su mandato usted no iba a hacer diferencia y sin embargo las está haciendo. Usted como abogada no puede desconocer que es ilícito descontarle dinero al trabajador aduciendo que ello es legal. No, señora presidenta, ello es inscontitucional. No tiene derecho a permitir que una persona que se sacrificó trabajando durante treinta años, al final de su vida disfrute de una jubilación miserable. No tiene derecho a meterse en la vida privada de la gente haciéndole declarar por intermedio de la Afip hasta la hora que va a ir al baño, y a no permitirle sacar sus dólares (estamos en el mismo caso de nuestro malquerido Domingo Cavallo). También a que muchas fábricas cierren sus puertas y dejen sin trabajo a miles de trabajadores por no permitir el ingreso de materia prima. Estas y muchas cosas más que está en su ánimo solucionarla, mi pregunta es ¿por qué no las soluciona?























