Hugo Yasky, actual titular de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y
candidato a la renovación por la lista "CTA de los Trabajadores Nº 10" recorre en detalle el
apasionante debate político con vistas a la elección interna de la central sindical, el próximo 23
de septiembre. En una entrevista con La Capital en la sede central de la calle Piedras al 1000, de
Capital Federal, Yasky celebra el sinceramiento de un debate ya desatado en la central.
"Muchos compañeras y compañeros estaban esperando que dentro de la CTA se
produjera un sinceramiento de las posiciones. Es algo que veníamos discutiendo entre cuatro
paredes", reconoció.
—Nunca en 19 años de historia en la CTA se planteó como ahora una disputa interna
entre dos listas con peso, y posibilidades de triunfo. ¿Fue inevitable o se perdió la perspectiva
de unidad?
—Si hubiéramos forzado una lista de unidad cuando la división de aguas en
temas nodales era tan evidente, creo que hubiera sido contraproducente. Hubiera sido como
entablillar una situación política que ya no era posible de sintetizar. En política, cuando no hay
síntesis, o pero aun, cuando directamente se colisiona en algunos puntos, no es posible forzar la
unidad. Seríamos como el avestruz, que mete la cabeza bajo la tierra.
—¿La disputa tiene riesgos?
—Diría que la confrontación electoral surgió como la mejor alternativa,
aunque no quiere decir tomar un camino fácil, tranquilo y sin riesgos. Para que la disputa sea
exitosa deberíamos lograr un amplio debate, extendido, con un piso intelectual alto, de manera que
miles de compañeros puedan visualizar, intervenir y adueñarse de esta discusión. Porque de hace más
de dos años que estamos en esta discusión, pero era reducida a determinados círculos de la central.
Ahora la discusión se hizo abierta y confiamos en salir fortalecidos aunque, repito, es innegable
que tomamos riesgos.
— ¿Por qué surge la disputa en la CTA justo cuando los trabajadores viven un tiempo
expansivo y de mejora relativa en la participación de la renta nacional?
—Así sucede en toda la región, el campo popular suele entrar en crisis
cuando logra avanzar. Lo he visto en Brasil, con un sector del PT que atacan por izquierda a Lula,
sucede en Bolivia con Evo Morales, y, entre otros lugares, sucede en Ecuador con parte del
movimiento sindical que tiene un durísimo enfrentamiento con el presidente Correa. Aquí en la
Argentina, durante la resistencia al menemismo, marcharon en la calle codo a codo Víctor De
Gennaro, Hubo Moyano y el Perro Santillán, entre otros. Y nadie cuestionó esa foto. Pero ahora,
resulta que por sólo anunciar una acción en conjunto con la CGT de Moyano, como sucedió en la caso
de la marcha de Buenos Aires a Rosario que programamos por el conflicto de los trabajadores de la
comunicación de Rosario ( la marcha no se concretó porque el conflicto se resolvió en el ínterin),
prácticamente nos acusaron de sacrilegio, nos estigmatizaron por una presunta contaminación con
Moyano.
—El detalle era que de los cuatro gremios en conflicto en Rosario, tres pertenecen al
CGT de Moyano.
—Desde ya, pero además, le pregunto a De Gennaro, que salió a la calle a
marchar con la Mesa de Enlace agropecuaria: ¿es tan difícil darse cuenta que detrás de la Mesa de
Enlace está la burguesía agraria, y que detrás de los gremios de Moyano hay trabajadores?
—A propósito, pasaron dos años de la crisis de la 125 y al interior de la CTA
continúan las visiones divergentes, ¿la Mesa de Enlace es la causa principal de la confrontación
del próximo 23 de septiembre?
—Vemos que el sector de De Gennaro hizo una caracterización equivocada de
la crisis de la 125, consideraron que estábamos ante una insurrección campesina, transformadora, al
estilo Mao Tse Tung en China.
—La "Larga marcha" que imaginaron, en versión argentina, viene declinando. ¿Cómo
repercute en la CTA?
—Lo importante es que la realidad, luego de dos años, se encargó de
demostrar dónde estaba parado cada uno. Algunos compañeros se están despertando de una siesta y
advierten que estaban durmiendo con el enemigo. Aunque no lo reconozcan, se equivocaron mal. Hubo
compañeros que planteaban en los plenarios de la CTA que la Mesa de Enlace condujo una explosión
popular. Ahora ya no lo podrían sostener. Lo malo es que no se genere una autocrítica para avanzar,
porque nosotros no vamos a condenar a nadie por sus equivocaciones. Pero sí decimos que sin
autocrítica y sin síntesis nuevas, no hay avance, y estamos en un problema.
—Su sector en la CTA se define como de apoyo crítico al proceso kirchnerista. ¿Es
posible estar cerca del gobierno y a la vez jugar de independientes?
—Nuestra independencia es la de clase que representamos. Nos planteamos la
autonomía del gobierno, al tiempo que apoyamos las medidas que nos favorecen, como la
reestatización de las AFJP, los derechos humanos, la discusión salarial, y la Asignación Universal
por Hijo, entre otras. Pero la autonomía también debe verificarse del dispositivo opositor del
Grupo A. Cuando ponen en duda nuestro planteo de autonomía respecto del gobierno, nosotros decimos
que intentar colocar a la CTA como engranaje de la una alianza de la mesa de enlace con el
conglomerado opositor que se plantea golpear al gobierno por derecha, no expresa ninguna
independencia. Sería poner a la CTA en un conglomerado que no representa sus intereses.
—Las medidas que usted apoya del kirchnerismo, sin embargo, son refutadas por sus
contrincantes con la tesis del enmascarmiento, o sea que el kirchnerismo estaría simulando una pose
de izquierda pero su verdadera intención sería conservadora. ¿Cómo lo analiza?
—Mire, si vamos pensar que estamos ante un gobierno impostor que le roba
banderas al campo popular, que toma medidas progresistas para simular, pero que su verdadera
intención ulterior es dividir al pueblo y luego someterlo, realmente se trata de una tesis
esquizofrénica. Por lo demás, nuestra valoración de ciertas medidas de este gobierno no implica que
dejemos de pedir la personaría gremial de CTA, que aceptemos el desastre que se hizo en el Indec,
no implica que dejemos exigir un pleno funcionamiento del Consejo del Salario Mínimo y no sólo dos
días al año, y no implica que dejemos de exigir una intervención estatal más decidida sobre la
renta extraordinaria de la minería, de recursos como el petróleo y de la actividad financiera. Con
todos estos elementos definimos el carácter autónomo de la CTA.
—¿Imagina, a mediano plazo, una coexistencia de la CGT con la CTA?
—No pretendemos desplazar a la CGT, y a la vez descartamos la hipótesis de
retornar a la CGT, no es la solución que estamos pensando. Creemos que deben existir las dos
centrales, como sucede en muchos países. Hay quienes dicen que con dos centrales de debilita el
movimiento obrero, y yo siempre contesto con el mismo ejemplo, en Brasil hay cinco centrales
sindicales y el presidente es un obrero metalúrgico. La CTA tiene razón de ser más allá de quien
conduzca la CGT. Los trabajadores tenemos tradición ideológica y cultural pluralista, de las
izquierdas, peronistas, radicales, que vamos a sostener siempre.
El sector de De Gennaro hizo una mala caracterización de la crisis de la 125"