Economía

El fuego amigo le acorta la luna de miel a Macri

El fuego amigo achicó los tiempos de la transición política de Mauricio Macri. Ansiosos por garantizarse su lugar en el pacto social de la rentabilidad que prometió, los empresarios y corporaciones que lo acompañaron en su carrera a la Presidencia tardaron segundos en emitir las facturas correspondientes.

Domingo 29 de Noviembre de 2015

El fuego amigo achicó los tiempos de la transición política de Mauricio Macri. Ansiosos por garantizarse su lugar en el pacto social de la rentabilidad que prometió, los empresarios y corporaciones que lo acompañaron en su carrera a la Presidencia tardaron segundos en emitir las facturas correspondientes.

Las patronales del campo pusieron sobre la mesa las condiciones en las que aceptarían considerar la venta y liquidación de divisas. Ya advirtieron que una comercialización masiva del remanente de soja atesorado podría afectar los precios. Los grandes bancos extranjeros difundieron su programa para el nuevo gobierno con énfasis en el "sinceramiento" cambiario y el desmantelamiento de las regulaciones. El presidente de la Corte Suprema de Justicia sumó la discusión con las provincias a través de un fallo que, aunque muy distinto en su legitimidad, tiene efectos políticos tan contundentes a nivel interno como lo tuvo la sentencia de Griesa a favor de los fondos buitres en materia de deuda externa y reservas internacionales.

Pero la artillería más pesada llegó de la mano de la feroz ola de remarcación de precios y stockeo de mercadería que se desató en los últimos días como mecanismo de indexación frente a la promesa electoral de llevar el dólar a una zona de 14 a 16 pesos y desmontar los mecanismos de administración de precios que creó el gobierno que se va.

Tamaño salvajismo esmeriló la estrategia macrista de justificar un plan económico orientado a ajustar la economía para mejorar la tasa de ganancia de los empresarios e inversores posicionados en dólares, con una supuesta crisis heredada del gobierno anterior. Ese fue el globo de ensayo que el designado ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, hizo volar cuando tras la primera vuelta de elecciones presidenciales blanqueó la intención de devaluar entre un 40 por ciento y 50 por ciento.

El argumento del "sinceramiento" no tuvo buena devolución electoral, a tal punto que la ola victoriosa de esa elección terminó por convertirse en un triunfo ajustado en el ballottage, contra un rival golpeado y sin estrategia de campaña. La intentona no pasó el filtro de la discusión económica seria y tuvo que ser temporalmente escondida junto con los ahora funcionarios.

Pero la promesa quedó bien clara en la cabeza de los formadores de precios que, más allá de las fantasías liberales, existen y juegan duro. Con la misma mano rápida con la que votaron por el cambio, remarcaron hasta 25 por ciento los precios de sus mercaderías, cuando directamente no las esconden. Por un momento, la suba de los precios de la nafta que ordenó la actual conducción de YPF alentó a los fanáticos a explicar los aumentos como parte de la bomba de un gobierno que se va. Pero la desproporción entre ese aumento y los que se registraron en dos semanas en carne, harina, alimentos y bebidas, por citar sólo algunos ejemplos, echan por tierra esa argumento. Hasta la creación de un billete de 500 pesos, ideado para "sincerar la inflación" que oculta el Indec, quedó en el purgatorio de las medidas que anuncia y denuncia por estas horas el equipo económico.

La claridad del límite que encontró Macri en este terreno es el anuncio de la prórroga de dos planes emblemáticos del gobierno: Ahora 12 y Precios Cuidados. Sobre todo este último fue blanco histórico de las pullas opositoras. Porque era "para la gilada", primero; porque avanzaba sobre la libertad de los empresarios para fijar precios, después. Hoy es la herramienta de concertación que tiene a mano el nuevo gobierno para moderar el brusco cambio en la tendencia inflacionaria (de menos de 2 por ciento mensual a más de 3 por ciento) que activó la estrategia electoral de coquetear con una crisis sobre el final del gobierno de Cristina.

Para los actores económicos que aceleraron la puja distributiva, en contraste con la prudencia sindical, es Macri quien ya gobierno. Las ofensivas de precios y corridas cambiarias que alimentaron en los últimos años como parte de una clara estrategia opositora, mutan ahora en una atropellada marcha triunfal para capturar los dividendos de la victoria. "El círculo rojo no entiende de política", dijo alguna vez Macri. El círculo rojo desprecia la política, podría agregar .

Mientras llena el Estado de gerentes de multinacionales, propietarios de fondos de inversión y terratenientes, el nuevo presidente tiene como primer desafío político dominar las expectativas de la victoria y hacerles entender a los suyos que en el país atendido por sus dueños él es el CEO.

Sin ganar esa batalla política, las matemáticas de Prat Gay sobre las reservas, que asigna un valor distinto a los dólares que provienen de swaps o préstamos de los que se fueron justamente para reducir los compromisos de deuda, perderán efectividad argumental cuando oficialice la devaluación. En materia económica, es la ofensiva contra el actual presidente del Banco Central la única coartada que le queda al nuevo gobierno.

El Poder Judicial se mostró solícito antes de la segunda vuelta electoral para poner al funcionario contra las cuerdas. Pero esa corporación también pasa factura y tiene su propia agenda "más allá de los gobiernos", como dijo el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, el mismo día en el que se difundió el fallo a favor de Santa Fe, San Luis y Córdoba, en el reclamo histórico por los descuentos de precoparticipación acordados en las épocas de Cavallo. Estos descuentos nacieron en los 90 para financiar la privatización del sistema previsional.

Más allá de la indignación de algunos kirchneristas, el mensaje de Lorenzetti no es para Cristina sino para las nuevas administraciones nacionales, provinciales y municipales. Para el gobernador electo Miguel Lifschitz, es como descubrir petróleo. Por el impacto en materia de recursos y por el poder de negociación que el máximo tribunal le da con esta sentencia a los mandatarios de las provincias centrales. La agenda federal adquiere otro cariz y los jefes territoriales ya sueñan con recrear la vieja liga de gobernadores. Para Macri, es una pata más con la que tendrá negociar en la paritaria general.

En la provincia, la lluvia de pesos le dará aire a las ajustadas cuentas públicas, toda vez que se sumará los recaudado por la oleada de aumentos impositivos y tarifarios que, como es tradición, suceden a las elecciones. En el verano agitado que se avecina traerá subas de tasas municipales, a los combustibles, subas del inmobiliarios y aumentos en los servicios públicos.

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