Economía

El efecto "Cantillón" de la política monetaria de Argentina

El comerciante y banquero francés que declaró que "el dinero no es neutral"

Domingo 06 de Mayo de 2018

Argentina es un país inflacionario, nada nuevo. Es perder el tiempo seguir trabados en ideologías cuando en el mundo y la región hablar de inflación es un tema superado. Países limítrofes como Paraguay o Brasil tienen una inflación del 3,5% y Chile 2,3% (2017), o sea en promedio decuplicamos estos valores. Las discusiones fanáticas, los mágicos modelos alternativos y subestimar los efectos de la lógica económica nos trajo hasta aquí.

Seguir creyendo que la inflación la generan grupo de presión y no la emisión monetaria para compensar el desahorro público, resulta aburrido seguir planteándolo. Si en algo somos especialistas es en discutir los mismos temas, perder el tiempo en confrontaciones. Unos 74 años separan desde que la inflación comenzó a ser noticia en el país y llegó para quedarse con la enorme corrosión que esto genera en la sociedad. En este tiempo y durante 15 años tuvimos inflación de 1 digito, 44 años de 2, 13 años de 3 y 2 años de 4. O sea, no resolvemos el problema a pesar de los ríos de tinta y la experiencia internacional sobre la que decidimos no capitalizar. Será así o ¿es un "nefasto negocio" del que siempre hay ganadores?

Técnicamente, la inflación resulta de un desequilibrio entre la oferta de dinero y la demanda de él. Es decir que cuando hay más dinero circulando de lo que la gente demanda y la economía tracciona por su nivel de actividad, se genera un desacople que genera pérdida de valor.

Otra definición: es el "aumento generalizado y sostenido del nivel de precios de bienes y servicios", liquida la idea del shock o del grupo de presión que si bien puede generar en el corto plazo y de forma temporal un efecto en los precios, no se puede sostener esa idea por 74 años.

¿Qué es la oferta monetaria? La cantidad de pesos disponibles, circulando que sirven o se usan para comprar bienes y servicios. También los títulos de ahorro forman parte de esta oferta. En economía se clasifican por su grado de liquidez en M0 (monedas físicas, billetes), M1 (M0 + $ en bancos), luego siguen M2, M3, se denominan agregados monetarios. La oferta monetaria la provee el Banco Central (generación primaria). Luego los mercados financieros multiplican la base (generación secundaria).

¿Que es demanda monetaria? Es la cantidad de activos financieros en sus diversas formas que habitualmente usás o deseás contar en tu giro económico para hacerles frente a tus necesidades. En esta demanda tenés en cuenta el costo de oportunidad en caso de posesión. Como resumen entonces, cuando la oferta de pesos supera la demanda, te encontrás un mercado con muchos pesos que comienzan a perder valor por lógica económica. Dado que el peso pierde valor, te deshacés rápidamente y los volcás al consumo, los precios se aceleran y tu poder de compra cae. Esta pulseada entre fuerzas de oferta y demanda de pesos genera distorsiones en los precios relativos y desparrama consecuencias a toda la cadena.

Ahora bien, los efectos no son los mismos si la economía está o no integrada el mundo (abierta). Cuando la economía esta cerrada, ese exceso de masa de dinero se vuelca al consumo local y va a precios.

En cambio, cuando la economía esta más abierta, podés optar por comprar puertas afuera. Como los precios en el mundo no los manejamos aquí, se traducirán en importaciones que, de no ser compensadas con las exportaciones generarán el llamado déficit comercial y con su correspondiente salida de dólares para pagar las importaciones.

Algo va quedando claro, un desequilibrio monetario = inflación; un equilibrio monetario = estabilidad de precios. Pero la pregunta es ¿qué genera ese desequilibrio monetario?¿ qué estamos pagando con esta emisión monetaria? ¿gastos corrientes, intereses, inversiones que generen producción a futuro y crecimiento, asistencia social para ayudar a quienes más lo necesitan?

Si de velocidad se trata... Una frase infaltable: "los precios suben por el ascensor y los salarios por la escalera". La máxima señala que los precios de la economía se ajustan más rápido que los salarios, generando un desfase temporal (o no) que se traduce en recesión, caída del consumo, empleo e inversiones.

Si bien para el bolsillo es un problema que suban los precios, las velocidades a que los hacen en relación a los salarios es otro no menor ya que generan "ilusión monetaria" situación que se presenta ante un aumento de ingresos (nominales) y una retracción en términos reales (descontando la inflación).

Es así que a esta altura de la vida económica, la evidencia empírica y la calle han comprobado que la tasa a la que se emite dinero (hoy en Argentina andamos por el 30%), tiene una alta correlación con la inflación.

El efecto Cantillon R. Richard C. (1680-1734), por el comerciante y banquero francés que declaró que "el dinero no es neutral" y que las consecuencias dependerán del lugar en la economía donde estés parado. El dinero creado por Banco Central se gasta o invierte en arte, inmobiliarios, finanzas y en el segmento de la pirámide más alto (decía), para quienes tienen un estilo de vida más generoso. El dinero creado y ahora en manos de estos, no tienen aun el efecto de los nuevos precios, por tanto su poder de compra no se resiente y hasta aumenta. Serian los "ganadores".

Pero, para el resto de la pirámide (de ahí para abajo los "perdedores"), están recibiendo un volumen de dinero con efectos en los precios ya "erosionados", con los que disminuyen las chances de seguir manteniendo el nivel de consumo.

Recapitulando: la cantidad de dinero girando en la economía servirá entonces para influir determinantemente el nivel de precios y por tanto un mayor volumen de dinero disponible eleva el nivel de precios. No es novedad, pero repasarlo siempre es oportuno.

¿Será entonces que para contener y atacar el flagelo de la inflación que por ahora sigue ganando la pulseada (después de 70 años), se deba restringir la cantidad de dinero circulando? Digo porque las recetas alternativas que se vienen utilizando no dan resultados: tasa de interés, anclas paritarias e intervención en el mercado de cambios.

¿Será entonces que llegó el momento de echar mano con mayor determinación y velocidad a corregir las causas que generan el desahorro y la consecuente inflación (eso sí, que abarque a todo el abanico de agentes económicos, no solo a los contribuyentes) y no seguir discutiendo sobre las consecuencias de la problemática?

Claro que está que el costo político de asumir las consecuencias de tales medidas es alto, pero más costoso es perpetuar esta interminable agonía que implica seguir conviviendo con un esquema de inflación que no solo destruye la presente economía sino que además talla un futuro sombrío en términos de confianza.

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