Argentina necesita reestructurar la deuda pública en un mundo con tasas de interés negativas, casi un blooper financiero. Se habla de reestructuración, pero se desconoce el plan económico futuro, se pretende construir un flujo de fondos sin saber cómo se va a financiar.
Argentina está en una incómoda situación económica y política, sin poder solucionar en el corto plazo problemas estructurales, por falta de poder de decisión y sustentabilidad de las decisiones. Esto determina que estemos en el limbo económico y financiero.
El gobierno tiene escasos fondos para afrontar los pagos de la deuda pública futura, sin embargo, no puede presentar un plan financiero sustentable, ya que no sabe si seguirá en el gobierno, y el que probablemente llegue tampoco tiene estudiado qué hacer en caso de ganar las elecciones.
Estamos en un escenario de fantasía, mientras que el 40 por ciento de los bonos que cotizan en los mercados mundiales tienen rendimientos negativos, e inclusive el Banco Central Europeo tiene una tasa de referencia negativa de 0,5 por ciento anual, Argentina tendría que proceder a una quita de la deuda sobre su stock, y no consigue que nadie la financie a pesar de que paga tasas elevadas, en lugar de cobrarte capital como sucede en buena parte del mundo desarrollado.
En toda Europa los rendimientos son exiguos, un bono a 10 años en Alemania rinde una tasa negativa del 0,5 por ciento anual; uno italiano, el 0,9 por ciento; en Grecia 1,43 por ciento y se ubica entre las más elevadas de Europa. En Asia, un bono japonés a 10 años tiene una tasa negativa del 0,4 por ciento anual. El rendimiento más elevado es Pakistán, con el 13 por ciento anual. En Oceanía, Australia paga una tasa a 10 años del 1,12 por ciento anual y Nueva Zelanda del 1,26 por ciento. En África, los países que más pagan son Nigeria y Uganda con tasas del 14,3 por ciento. En América, un bono a 10 años de Perú rinde el 4,16 por ciento anual, Chile 2,78 por ciento y México, 7,2 por ciento anual.
En este escenario, Argentina a 10 años muestra un rendimiento del 23,8 por ciento anual. Los bonos no valen más del 45 por ciento de paridad y podrían someterse a una reestructuración de la deuda pública.
El stock de deuda argentina en situación normal asciende a u$s 307.570 millones a agosto, de los cuales u$s 189.591 millones está constituida en títulos públicos. De recomprarlos a precios de mercado valdrían algo menos de la mitad, con lo cual la deuda total se reducirá en un 30 por ciento.
El stock de deuda con organismos internacionales asciende a u$s 67.624 millones, de los cuales u$s 43.670 millones hemos contraído con el FMI y representan el 22 por ciento del total del stock de deuda de la Argentina.
Luce realmente increíble que, con un stock de deuda tan bajo, a valores de mercado irrisorios, y con un contexto internacional de tasa de interés negativa, Argentina no sólo que no recibe crédito externo, sino que necesita reestructurar la deuda existente con quita de capital e intereses.
Si futuro presidente logra equilibrar el presupuesto público, vota en los primeros 100 días de gobierno reformas estructurales que permitan superávit fiscal y darle sustentabilidad intertemporal, tendremos por delante un escenario financiero muy despejado. Pero si lo primero que pretende es realizar una renegociación de la deuda con quita de capital e intereses, estamos poniendo el carro delante del caballo. Los acreedores antes de ir a una renegociación de la deuda pretenden que el gobierno defina cual será la política fiscal futura, evaluar su sustentabilidad en el tiempo, y cuánto crece el país bajo esos nuevos parámetros.
Argentina no tiene una gran deuda, lo que falta es orden fiscal y un plan económico que permita crecer en los próximos años. La economía, que no crece desde 2011, está estancada y con inflación. A corto plazo, el objetivo debería pasar por recuperar la producción perdida desde 2017. Para ello Argentina necesita imperiosamente una ola de inversiones para incrementar el empleo y mejorar los salarios. Y necesitamos exportar, y para ello tenemos que tener un tipo de cambio alto y competitivo.
El mundo no nos sonríe, las materias primas no tienen por delante un escenario de suba de precios, tenemos grandes esperanzas con la proteína cárnica, pero hoy sus exportaciones no llegan al 5 por ciento del total. Vaca muerta es una ilusión, en 7 meses exportamos u$s 2.585 millones en combustibles, sobre una exportación total de u$s 36.608 millones, es muy poco para mover el PBI total de nuestro país.
Conclusión
Reestructurar la deuda sin conocer qué plan económico se aplicaría en los próximos años, es como decir "No tenemos claro el objetivo, pero redoblemos el esfuerzo".
En el mientras tanto, tenemos un escenario de escasez de dólares, con desdoblamiento cambiario y tasas de interés en pesos estrafalarias que no nos conducen a una mejora económica, todo esto espanta a la inversión potenciando el mal humor en los mercados.
Los mercados de bonos y acciones argentinos ingresaron en el túnel del tiempo, ninguna noticia del exterior le permitirá generar entusiasmo, con un mundo de tasas negativas, nuestros bonos son unos de los que más rinden en el planeta.
Sin explicitación de plan económico a futuro, el mercado ingreso en un escenario de escaso volumen, operadores con brazos caídos, escaso entusiasmo para invertir y baja volatilidad. Si la noticia del día es hoy se retiraron pocos depósitos, estamos complicados.