Economía

Beneficios como guía de acción

Los excedentes económicos suelen generar hostilidad, pero en rigor su función es estimular la producción.

Domingo 08 de Abril de 2018

Cuando discutimos sobre "beneficios" se generan confusiones relacionadas con lo justo o no de los mismos y su escala, pero no así sobre su función, lo verdaderamente importante. ¿Para que sirven?

Los beneficios como concepto, generan cierta hostilidad cuando se lo confunden con usura o explotación para ser logrados, sobre todo cuando se generan beneficios excesivos dada la condición de quien los produce detenta ante una posición de poder o privilegio en el mercado.

La discusión no se plantea en términos equivalentes cuando de salarios o pérdidas excesivas se trata en el caso que aquel que las sufre sea un emprendedor o empresario ya consagrado (y que pague los impuestos).

La realidad cotidiana indica que las organizaciones que persiguen un fin de lucro, pagando el 100% de sus impuestos logran a duras penas en muchos casos alcanzar su punto de equilibrio (ganancias=0), en otros un margen de rentabilidad exiguo al punto del replanteo permanente sobre su actividad, inversión, exposición y salud mental para continuar o no con el negocio.

Cuantas veces te preguntás si "es negocio" tu negocio o si el capital invertido lo tuvieras liquido (en efectivo) si lo volverías a invertir en la actividad actual o le darías otro destino (inversiones financieras, otras industrias). Las respuestas a estas inquietudes en gran parte de las responde el concepto de beneficios.

El querer y desear iniciar un negocio, implica esfuerzos físicos, económicos y emocionales. No todos los cálculos se resumen en la TIR y VAN de proyecto, también hay otros motores que se ponen en marcha a la hora de la decisión: sueños, esperanzas, optimismo y confianza en sí mismo, al punto que muchas veces se paga con todo un patrimonio ir detrás de un ideal o errar en el cálculo. Al margen de cada argumento, el que más dinamiza la decisión es la expectativa de un beneficio (un retorno por la inversión, por indisponer tu capital y tu tiempo en este proyecto).

Invertir tu capital implica correr riesgos, el de no tener el beneficio esperado y también el de perderlo todo. Es allí donde se destaca la "cintura" del empresario argentino de bien, aquel que transitó 70 años por un campo minado sin igual: Rodrigazo (1975), La Tablita M. (1981), Plan Austral (1988), Híper (1989), Convertibilidad (2001); los cambios de monedas, 13 ceros que se le quitaron, la confiscación de ahorros, plan Bonex, corralitos, etcétera. ¿Complicado confiar no? Ni los propios funcionarios del gobierno lo hacen. Al menos eso declaran.

Si a la inseguridad económica, le sumas las asfixiantes cargas impositivas y regulatorias para iniciar cualquier actividad comercial, el querer emprender se torna más un acto heroico y no porque la planilla de cálculos te devuelva un resultado neto con valores positivos alentadores.

Según un informe de Iaraf (2018) las cargas impositivas en los alimentos llega al 43,5%, en bebidas gaseosas un el 50%, similar para los combustibles y en un kg de pan 40% del precio es impuestos.

Hay que planificar además, el margen de beneficio. Recordemos que los impuestos, equivalen a una cantidad de dinero que se debe destinar de tus ingresos a la administración pública para contribuir a su funcionamiento.

Si la carga tributaria es alta encontrara seguramente sus razones en un Estado enorme o híper activo que demanda para su funcionamiento cuantiosos recursos de sus contribuyentes y cuando esto no es suficiente saneando sus des-ahorros con préstamos o emisiones. Recetas muy conocidas y con resultados visibles. Seguramente aprenderemos la lección algún día.

Solo por citar algunos ejemplos países: Islandia (51,6%), Francia (47,4%), Dinamarca (47,2%), Bélgica (46%), Suecia (44,5%), Argentina (32,1%), Brasil (32%), Chile (20,6%) son algunos de los países record en presión fiscal: PF = RF / PBI (x100), es decir recaudación fiscal sobre PBI en 2016.

Todo parece indicar que la política estatal tiende a suponer que la producción sigue su curso a pesar de cuanto se hace por desalentarla. Asistimos por un largo tiempo a políticas de regulaciones de precios que paralizaba la producción y le quitaba incentivo, en definitivas lejos del equilibrio el desabastecimiento y faltantes de productos fueron visibles, el beneficio había desaparecido y con él, la producción. En el otro extremo (un Estado ausente) provoca efectos inversos, abusos.

En una economía más libre, menos regulada y con cargas impositivas que nos permitan competir, estimularían la producción, la reinversión de beneficios, la contratación de capital humano y un círculo virtuoso tomaría impulso. Claro está que para que ello suceda, los gobiernos deberían tomar la iniciativa y decisión de bajar el gasto público para poder trasladar una menor presión. ¿Podrán?

Las perspectivas de un beneficio (de allí su importancia en la economía) dirige las acciones de producción en cantidad, calidad, mercado, precios y fundamentalmente, indica lo que no se debe producir (casos en los que su costo de elaboración es superior al precio o bien que su oferta no encontrara demanda).

No existe ningún tipo de intervención por más genial y lúcido que sea el funcionario, que reemplace la eficiencia en el ordenamiento económico que el producido por medio del beneficio. Esta función provoca un estímulo tal que cada agente económico (empresas y particulares) se ve movilizado a dar lo mejor de sí, dado que encontrara un resultado de su accionar que mejorara su bienestar.

Finalmente la función de beneficios (ingresos – egresos) opera en cada estadio de la economía. Con escenarios de "estabilidad", se transforma en una oportunidad de aventajarse de los competidores; en épocas de "prosperidad" para incrementar las ganancias y en tiempos "adversos" para fijar un faro en el que guiar las acciones simplemente para sobrevivir.

Los beneficios, bien entendidos (sin eufemismos) son parte fundamental de la ecuación económica (precios y costos), que indicara el tipo de producción o negocio a encaminar y así también direccionara los todos factores de producción para su logro, generando una etapa virtuosa en el bienestar de la sociedad como un todo. Más libertad y menos impuestos, es una combinación estimulante y absolutamente imprescindible para salir del estancamiento.

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