Cultura y Libros

La yegua del apocalipsis

El escritor chileno Pedro Lemebel (1952-2015) se hizo famoso por sus crónicas feroces e irreverentes. Desde una filosa homosexualidad, retrató a un Santiago tan marginal como apasionante. Un tributo a su vida y su obra.

Domingo 24 de Marzo de 2019

Pedro Lemebel (1952—2015) fue el escritor chileno contemporáneo que mejor describió la condición de los homosexuales, los desaparecidos y los nadies que habitaban "la puebla", no solo de Chile, sino de Latinoamérica. Abordó los temas negados y olvidados de la idiosincrasia de su país, haciendo eje en el género, la identidad y la memoria. Sus crónicas, sociales y políticas, están pobladas de testimonios, referencias autobiográficas y guiños a lo popular. El éxito comercial de sus textos lo inscribe como el escritor más leído de su generación y el indiscutible icono pop de la literatura chilena.

Sabiéndose —según sus palabras— "feo, pobre y marica", empezó escribiendo cuentos, pero más tarde se dio cuenta de que en el Chile dictatorial de Pinochet la cosa se ponía negra y ante tanta oscuridad él sentía la obligación de echarle luz, por eso dijo: "La ficción no le quedaba bien a mi escritura". Ese gesto, que parece artístico, es netamente político.

La performance

En sus inicios fue un artista perfomance que ponía en escena aquello que la política negaba, al homosexual. Ninguneado por su condición de "marica" por el Partido Comunista de chile y tildado de violento por algunos sectores conservadores de la sociedad en relación a sus perfomances, él dirá: "Cualquier minoría que luche por sus derechos va a ser tildada de violenta".

Su condición de "outsider" de las organizaciones lo situó en un lugar de observador de esa "rara fauna", como él denominaba al colectivo homosexual. "No es lo mismo ser gay que marica, así como tampoco es lo mismo ser escritor «hombre» que escritor marica". Lemebel tuvo que luchar por insertarse en el mundo "macho" de la cultura oficial, él decía que "existe una homosexualidad gay y blanca que se adosa al poder por conveniencia y obtiene privilegios, y otras minorías que son segregadas como lo es el travestismo prostibular". Sólo Lemebel se ocupó de poner el cuerpo en sus performances y posteriormente darle voz en sus crónicas.

En el documental Pedro Lemebel, el artista de los bordes, emitido por la televisión chilena, cuenta que a principios de los años noventa, cuando el sida se propagaba por todo Chile, la cartera de Salud, en ese momento presidida por Michelle Bachelet, en rueda de prensa manifestó que había que tomar medidas contra el flagelo. Entonces, con el colectivo "Yeguas", integrado por Francisco Casas y él, hicieron una performance donde tomaban las medidas de un escritorio con una cinta métrica, porque la campaña era sólo para heterosexuales, discriminando a las minorías sexuales.

El trabajo de las Yeguas del Apocalipsis tenía mucho que ver con la inscripción de temas "no tocados" en el país, como la homosexualidad, los desaparecidos y las tensiones propias de la irrupción de la democracia.

Lo femenino

La narrativa urbana de Lemebel suele tener a las mujeres como heroínas de sus historias. En una entrevista, disparó: "Los discursos emancipatorios tienen que ver con mis alianzas y con mis interlocutores, que en su mayoría son mujeres" No en vano forjó redes intelectuales políticas y afectivas con escritoras feministas y de izquierda como Pía Barros, Raquel Olea, Diamela Eltit y Nelly Richard, quienes lo acogieron y vincularon a instituciones que estaban a medio camino entre la cultura marginal de resistencia a la dictadura y la academia oficial. Por otro lado, Pedro siempre decía que la escritura era un camino para volver a la tibieza del vientre materno.

La crónica "cuentada"

La crónica —ese espacio intermedio entre la literatura y el periodismo— fue el lugar que Lemebel encontró para "cuentar" la realidad, desde sus primeras impresiones sobre la desposesión, en su barrio, el "zanjón de la aguada" —que más tarde se transformaría en una colección de crónicas—, hasta el pulso de la paranoia urbana del chile neoliberal y posdictatorial.

Como cronista colaboró en diversos medios, tanto en revistas como en periódicos nacionales y extranjeros. Escribió en la revista The Clinic, satírica y con marcado sentido opositor, y en Página Abierta. También aparecieron textos suyos en el diario La Nación, y fue editor de Punto Final y de la Revista de Crítica Cultural de Santiago de Chile.

En 1995 Lemebel publica su primera colección de crónicas, La esquina es mi corazón, donde se propone "cuentar" la ciudad, el centro y el block; también a los hombres buscando hombres en un sauna de mala muerte. A la vez, retrata el perfil de "Babilonia", una mujer que se desnuda en un pestañeo. Su primera colección de crónicas oscila entre la rabia y la compasión de su pluma sin desenfado.

Más tarde llegará Loco fan (1996), un sinfín de historias del submundo homosexual: el memorial de los muertos de sida, los travestis heroicos, los perfiles de ídolos olvidados, retratos de mártires. En De perlas y cicatrices (1998) Lemebel se propone hablar de los otros, una suerte de polaroid barrial de un Santiago enfermo de Alzheimer. Allí trabaja con la memoria de los desaparecidos chilenos, que son rescatados en varias crónicas.

Por radio

Lemebel entendía que para llegar a lo popular debía hacer transitar su voz, por eso encontró en la radio un modo de sentirse a gusto y hacer circular su palabra. Entre 1996 y 2002 tuvo su propio programa radial —llamado Cancionero— en Radio Tierra de Santiago. Allí contó historias sobre su pasado y su presente; sobre sus vacaciones, sobre la dictadura y la democracia; sobre sus amigos y enemigos; sobre héroes y villanos de televisión.

En una entrevista radial manifestó: "En mi casa no había libros, pero sí había una radio que sonaba siempre, y yo escuchaba las letras de las músicas y los programas que escuchaban mi madre y mi abuela". Su programa no era un éxito radial, pero tenía un público que Pedro siempre se complacía en repasar: taxistas, verduleros de feria, mecánicos, obreros y hasta un delincuente que le perdonó un asalto cuando se dio cuenta de quién se trataba.

Viajes, novela y otras crónicas

En 1996 fue invitado a la Bienal de Arte en La Habana, Cuba; a la Universidad de Harvard en 2004, a la Universidad de Stanford en 2007, y a la Universidad de San Marcos en 2003. El año 2006 la Casa de las Américas cubana le dedicó una semana de autor. En 1999 recibió la beca Guggenheim y el premio Anna Seghers, en Berlín, durante 2005. En 2013 fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso por la Universidad de Talca (Chile).

Vale reconocer el impulso que le dio a la carrera literaria de Lemebel la amistad con Roberto Bolaño, quién ante una consulta de un periodista dijo: "Lemebel es el más grande poeta de mi generación y yo lo admiraba".

Su única incursión en la ficción fue con su novela Tengo miedo torero (2001), una melosa historia de amor imposible entre un guerrillero y una "loca" que secretaba un heroísmo guevarista. En Adiós mariquita linda (2005) está todo; el pop basura, la calle, la mirada insidiosa, la iluminación solitaria, y todo ese lenguaje floreado que Pedro tan bien conocía. En Serenata cafiola (2008) dice: "Pude haber escrito como la gente y tener una letra preciosa, clarita, clarita como el agua que corre por los ríos del sur. Pero la urbe me hizo mal, la calle me maltrató, y el sexo con hache me escupió el esfínter". En Háblame de amores (2012) aparecen retratados personajes y estadías en aeropuertos; el encuentro con el escritor Fernando Vallejo en el Festival de las Artes de Barranquilla, los años de la dictadura y las protestas.

Un 23 de enero del 2015, aquejado por un cáncer de laringe, Pedro se apagó, dejando al Santiago prostibular, nocturno y malinche librado a su propia memoria. Del fuego y la rabia inaugural de esa habla, triste, loca y en llamas de sus escritos, al versito pop, kitsch y cursi: todo eso era Pedro Lemebel, un auténtico cronista que caminaba en tacos altos y maquillado las calles de Santiago en busca de algo que "cuentar".

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