Tributo a Raúl Gómez

La tristeza queda chica

Domingo 09 de Agosto de 2020

Lo encontraron ya roto, solo, caído sobre el pavimento de una de esas avenidas de la ciudad nueva, hechas para los autos y no para la gente. Al lado suyo, como un pájaro muerto, estaba la moto que manejaba. Él también iba a morir unas horas más tarde. Fue uno de los pintores más genuinos y hondos de Rosario. Estaba lleno de proyectos y de vida.

Al Negro Raúl Gómez se lo va a extrañar. En una época en la cual el paisaje está contaminado por mercaderes y farsantes, por tibios y calculadores, él era distinto. Apuntaba alto y jugaba sin miedo: siempre a fondo, la intensidad no se negociaba. La autenticidad, tampoco. Y ahí está la obra que dejó como testimonio de tanto fuego: en esas telas viven el tango, el sexo, la noche, la ternura, esta ciudad tan dura y dulce. A puro color, vigor, dolor. De tanto andar y andar por las veredas.

Como inevitablemente ocurre si un artista es verdadero, su trabajo nos interpela y nos abraza. Nos acompaña y nos nombra. Un artista en serio, como el Negro, construye paisaje. Y aunque la haya trascendido, y haya nacido en otra ciudad, él ya es Rosario para siempre. Que los rosarinos lo sepan.

Cuando la muerte golpea tan bajo, la tristeza queda chica. El único consuelo posible –el único refugio– es una puteada dicha en voz baja. Como un reproche al mundo por ser así. Como una pregunta que no espera respuesta. Pero más allá de la pena ineludible, más allá de la ausencia sin remedio, vive una certeza: valió la pena, justamente, el camino recorrido, pese al absurdo final. Lo sembrado, Negro, ya empieza a florecer. Está al lado nuestro.

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