Cultura y Libros

La mujer que retrató una época feliz

En Acceso directo, memorias de una fotógrafa del rock argentino en los años 80, Andy Cherniavsky cuenta su historia como integrante de una generación que rompió todos los moldes y se adueñó del futuro.

Domingo 16 de Agosto de 2020

Su cámara captó los gestos más intensos de una época llena de vida: los años ochenta. Andy Cherniavsky formó parte de un grupo de talentos que dio vuelta el rock argentino como una media y lo mandó de un solo empujón hacia el futuro. Charly García, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, Luca Prodan, Federico Moura, Gustavo Cerati, León Gieco, Pappo, Juan Carlos Baglietto, Fito Páez y muchos más pasaron cientos de veces delante de su mirada y quedaron retratados en imágenes que jamás envejecerán.

Detrás de la lente había una mujer tan audaz como libre, hija de padres muy especiales, que encontró su camino después de numerosas búsquedas. Ahora le llegó el momento de contar su historia, y eso es lo que hace en un libro recientemente editado por Planeta, Acceso directo, memorias de una fotógrafa del rock argentino en los años 80. En diálogo con este suplemento, recordó, reflexionó y compartió su mirada de un período feliz y turbulento.

— “A veces siento que quedé atrapada en los 80”, decís en el libro. ¿Cómo definirías el espíritu de aquellos años tan especiales?

—Para mí los años 80 están relacionados con mi juventud, con la experimentación, la libertad y la búsqueda de una profesión. Era un espíritu de mucha diversión, de risas, fiestas, camaradería, mucho desenfado y cierta inocencia tal vez… Había en mí una gran necesidad de tener un grupo de pertenencia, no solo de amigos sino ideológico, pero no desde la política, sino desde lo que significaba el rock en esos años y la necesidad de expresarse.

—Ya desde tu infancia tuviste contacto íntimo con auténticos referentes de la cultura argentina. ¿Me podrías describir brevemente el vínculo con tus padres? También me gustaría mucho que me dieras tu imagen de Emilio Rodrigué, que fue pareja de tu madre y un gran psicoanalista.

—Mis viejos venían de romper estructuras más arcaicas todavía, mi vieja fue de las primeras mujeres que estudió psicología y mi viejo era cineasta y un gran emprendedor en todo. De la mano de ellos entré al Di Tella y al teatro de mi viejo, vi sus dos largometrajes –El último piso y El terrorista–, que tenían un alto contenido social como todas sus obras, y todos sus espectáculos. Prácticamente vivía en el teatro, de muy chica ya había transitado por todos los espacios culturales que luego volvería a transitar como profesional con mi cámara.

Emilio Rodrigué era un tipazo, un intelectual brillante, un gran experimentador, psicoanalista y escritor que se reinventó junto a mi madre en Bahía, Brasil. Con él compartí muchas experiencias increíbles, aprendí mucho y de alguna manera fue quien puso una cámara de fotos en mis manos por primera vez.

—Indudablemente, tu relación con Charly García resulta clave a lo largo de tu vida y tu desarrollo artístico. ¿Qué es lo que cambia en Charly, entre aquel melancólico pelilargo de Sui Generis y la turbulenta estrella de rock de años posteriores? ¿Y cómo lo ves hoy?

—Para mí Charly siempre fue muy grosso, un tipo megainteligente, irónico, gracioso y ocurrente. Ese Charly está intacto, tal vez tuvo que atravesar situaciones difíciles para las cuales no estaba preparado porque siempre fue una persona muy sensible, eso lo fue llevando por un camino muy loco que dejó muchas marcas duras hasta convertirse en el Charly que es hoy, brillante pero golpeado por sus propias elecciones.

— ¿Y Andrés Calamaro, de quien fuiste pareja por casi una década? ¿Cómo lo definirías?

—Andrés fue una de las personas más talentosas que conocí, otro musicazo, alguien que merece todo el éxito que tiene sin ninguna duda y lo supe desde el primer día que lo vi y escuché sus canciones.

Andrés es alguien a quien el éxito le llegó cuando era muy chico y tuvo que lidiar con eso y también con tener que irse de su país para poder volver… Creo que en algún momento de ese viaje perdió algo y se convirtió en otra persona muy distinta a la que yo conocí.

—En cierto momento también hablás de la “tristeza sin fin” de Luca Prodan. ¿Qué creés que la provocaba?

—Creo que esa tristeza era el polo opuesto a la gran personalidad que desarrollaba arriba del escenario, otra parte se debe al desarraigo y a algunas sustancias que marcaron a muchos en esa década.

—Otro tema que cruza las páginas del libro es justamente el de las drogas, que asegurás hacen “un trabajo implacable”. ¿Por qué creés que se asocian tanto con el rock?

—Creo que las drogas están presentes en todos lados, no solo en el rock, los rockeros no lo disimulan o no la caretean tanto, tal vez en esa época era un momento de prueba, de iniciación con algunas drogas más pesadas y muchos no se pudieron desenganchar…

—También te referís al “circunspecto público rockero” de los años 70. ¿Por qué ese adjetivo?

—En los 70 el público tal vez era más intelectual, prudente y cauteloso, estábamos en dictadura… Ibas a escuchar a Sui Generis un domingo a las 11 de la mañana a un teatrito o a La Máquina de Hacer Pájaros a un café concert, no sé… Después todo se magnificó y masificó.

—Charly solía decir, contás, que “no hay nada más grasa que buscar el éxito y después despreciarlo”. ¿Cómo creés que afectó el éxito a los grandes referentes del rock nacional?

—A muchos los afectó para bien y a otros para mal porque los subió al pedestal equivocado, con el ego y las drogas.

—Me encantaría, como rosarino que soy, que me dieras tu mirada de Baglietto, Fito, Goldín… En fin, aquellos integrantes de la Trova con quienes trataste a partir de tu trabajo de fotógrafa.

—¡Me encantan! Trabajé con los tres y sigo trabajando, me parecen grandes artistas junto con otros músicos y músicas que transitan esa fusión tan rica que es la Trova. Rosario fue y es un gran semillero, una ciudad muy querida por mí.

—¿Quiénes son tus referentes en la fotografía? ¿Y qué consejos podrías darles a los jóvenes que se apasionan por ella?

—Mis referentes son todos los fotógrafos y fotógrafas, los de antes y los de ahora, creo que hay que mirar todo y nutrirse de todo, armar equipos de trabajo, ponerse horarios para pensar y aprender aunque no haya laburo.

Yo soy autodidacta, me hubiera encantado estudiar en una universidad o una escuela y lo recomiendo, creo que cada uno tiene que hacer su propio camino, su búsqueda, sacar fotos todos los días, aprender a mirar…

Pienso que la fotografía no es todo técnica. Ansel Adams, un gran maestro, decía que la fotografía no es la cámara solamente, sino todas las películas que viste, los paisajes que miraste, las obras de arte y los amores que tuviste. Adhiero a eso totalmente, yo siento que pertenezco más al mundo de las ideas que al técnico.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario