"¿Alguna vez nos vamos a enterar de dónde mierda sacan los pibes las armas para ir a robar y matar?". La pregunta no la hace ni un funcionario de ningún Ministerio ni municipio, ni se enuncia en estos días en que la violencia urbana ocupa la cotidianidad de la ciudad. La pregunta fue hecha 2007 y la hizo en la revista barrial Tierra de Alguien -la contracara de los nadies- un pibe de Ludueña, Rodrigo, uno que como tantos otros creció en la "intensidad" de esa Rosario que "se maquilló muy bien" mientras el negocio de la cocaína y la marihuana se acrecentaba. Esas preguntas con casi dos décadas sin respuestas y una violencia aún hoy enardecida, la muerte de Franco Casco y Pichón Escobar, el linchamiento de David Moreira, también sus vidas y las de sus familias, la violencia institucional, las organizaciones sociales y sus luchas se anudan en las cinco crónicas que el periodista Martín Stoianovich reúne en "Quién cavó estas tumbas", un libro de relatos tan sensibles como preciso editado por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) que se presenta este viernes, a las 18, en la Librería Universitaria (Maipú 1065).
Stoianovich lleva casi una década de trabajo periodístico en Rosario. Fue parte del equipo del Boletín Enredando hasta el 2021 y del Colectivo Raíz, colaboró con el diario Rosario12, además de las revistas THC y El Estornudo (Cuba), y actualmente es redactor de La Capital. Aunque este es su primer libro, sus trabajos ya formaron parte de otros títulos de crónicas periodísticas como "Hechos de Barrio", "Correr hasta morir y otras crónicas" y "Crónicas Migrantes".
"Quién cavó estas tumbas" se propone trascender quién mata y quién muere, ese relato de los hechos que a diario consume las crónicas locales, toma el desafío de pensar "quién o qué condiciones hacen que ocurran esos hechos", cuenta el periodista que comenzó a gestar el libro ya por 2018 y comenzó a darle forma ya en 2019, cuando obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes.
De hecho, gran parte del material que el periodista vuelca en las crónicas justamente retoma esos "restos" de materiales periodísticos, encuentros con familiares y experiencias que en el trabajo diario no tienen lugar.
"Venía viendo hacía rato que entre los casos que cubría había historias vinculadas a los mismos temas y muchas cosas que quedaban en el tintero, sobre todo material de la experiencia propia y colectiva, con familiares y organizaciones en ese trato casi semanal que sostenía. Siempre pensaba que era una manera de contar los hechos por fuera de esta dinámica diaria en que un hecho tapa al otro, un modo de expandir esas historias y ofrecer otras lecturas y miradas sobre esos hechos que yo mismo venía contando", señala.
La ciudad estallada
Que los muertos son jóvenes que viven en los barrios periféricos, como Gabi Aguirre, muerto apenas a los 13 años, o Marcos, que fue baleado por una deuda de apenas 10 mil pesos; y que en algún momento la presencia de los movimientos sociales tuvo una mayor fortaleza en los territorios son alguno de los denominadores comunes el propio Stoianovich señala en las cinco crónicas.
En la primera, "La ciudad estallada", ya resuenan fuerte en 2011 los nombres de Luis Medina y Esteban Alvarado, donde la complicidades policiales con las redes delictuales se sostienen incólumes y deja evidencia que desde el 25 de Mayo de 2014, en esa celebración en barrio Las Flores, donde el entonces secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, y la intendenta Mónica Fein bailaron un chamamé y celebraron la pacificación de las barriadas logradas por las fuerzas federales a la ciudad, "hubo por lo menos otros cinco desembarcos de fuerzas federales, que parece ser la única respuesta, cortoplacista y que solo busca calmar cierto hastío".
Es ahí también donde Rodrigo ya se preguntaba en 2007 de dónde salían las armas que mataban a los pibes de su barrio Ludueña. "Esa pregunta nos la seguimos haciendo", señala Stoianovich 15 años más tarde, en una ciudad que nunca dejó de arder.
En ese escenario, también decide contar la historia de David Moreira, ese pibe que murió linchado por más de 50 vecinos de barrio Azcuénaga que lo capturaron luego de que intentara robarle la cartera a una mujer embarazada junto a otro compañero; la historia de su familia, su padre, su madre Lorena y sus hermanos menores que padeció "un estigma que casi los obligó al exilio" en Uruguay.
"Cuando una situación tan afirmada en la sociedad como es la violencia no se resuelve, permanentemente vuelve", dice Stoianovich para fundamentar la elección de esa historia y agrega: "Se repiten patrones. El año pasado cubrimos una pequeña ola de ajusticiamientos por mano propia que aunque no fueron casos extremos, como el de David, se produjeron".
Pero además quiere contar como esa causa, que fue símbolo de los pedidos de Justicia, "se lo tragó la realidad", como dijo el abogado de la familia Moreira, Beto Olivares. "Dejó de ser una causa por la que se reclame y esta es una forma de rescatarlo y de volver a preguntarnos ¿cómo se llega a que se mate a un pibe por robar una cartera?".
Violencias que se cruzan
Stoianovich reconoce que quizá todas las historias podrían haberse contado en una sola. "Porque las historias casi todo el tiempo se están uniendo", dice sobre los diferentes tipos y modos de esas violencias de las que los jóvenes son víctimas.
Por eso, cuenta la historia de Franco Casco, la de su mamá Elsa Godoy que murió antes de iniciarse el juicio que recién hoy ocho años más tarde se está llevando adelante, entrecruzada también con el abrazo con Luciana, la hermana de Pichón Escobar, ambos muertos y encontrados en el Paraná.
La violencia institucional y el accionar policial, pero también en la historia de Lucas Figueroa, el joven que murió en el Neuropático Rosario mientras estaba bajo la tutela del Estado a través de la Subsecretaría de Niñez de la provincia, busca mostrar cuáles son las intervenciones y qué recursos materiales y humanos se disponen por fuera de la Seguridad para abordar las situaciones de violencia y vulneración de derechos.
"Lo que pasa en Niñez es dejar ver cómo los pibes están a la deriva, porque con presupuestos mínimos y condiciones pésimas, terminan dando origen a esa situaciones donde las violencias se anudan, porque en los barrios los pibes viven en condiciones donde la exposición a la violencia es una más de las maneras en que sus derechos están vulnerados", concluye Stoianovich, que encara en estos textos "de largo aliento" el desafío de que el trabajo periodístico "pueda tener una presencia y algo que decir sobre lo que pasa en la ciudad en relación a la violencia".