Tuve ya la feliz experiencia de verla y la obra me pareció excelente, amena, original y cautivante. A pesar de su duración en la realización a la que asistí, el público estuvo pendiente en todo momento. Su excelencia no está en sus diálogos y el empeño en que pusieron los actores, por demás de probos. Su excelencia radica en lo que deja al espectador, una pregunta sin piedad: ¿de qué valores estamos llenando nuestras vidas? La vida de Tomás Moro fue todo un ejemplo y esta obra nos reta a ser mejores, a luchar por los valores supremos y contra los desvalores que hoy en día parecen pulular. Que el grupo Antígona sepa que su obra es extraordinaria y logran con empeño cierto que los asistentes la vivan plenamente como si fueran agentes presenciales de tan trascendente suceso. De seguro tendrán éxito, yo la volveré a ver.



























