
Muchos hemos tenido la suerte de ver la película "El Ilusionista", de Edgard Norton, filme magnífico y atrapante que lleva a volver a amar al cine. En el relato se puede apreciar cómo es posible distorsionar hechos y circunstancias, en pos de un objetivo determinado. Es una habilidad que sólo elegidos pueden desarrollar, pero se torna peligroso cuando es utilizada para espurios y mezquinos intereses personales. Es un grave problema que un gobernante tenga aptitudes desleales con sus gobernados, ya que ellos le concedieron el poder que ostenta, mas este individuo se vuelve incalificable cuando miente o engaña como si fuera un ilusionista. Desmond Wade, en "Breve Historia de la Filosofía Oriental" nos describe que la sociedad ideal era el resultado del consenso popular obtenido por la difusión de los buenos preceptos morales entre los gobernantes y los súbditos. El soberano debía garantizar la educación del pueblo y la distribución equitativa de los recursos disponibles. Solamente los más destacados podían ocupar puestos oficiales. Qué lejos estamos de ver en nuestros gobernantes el compromiso moral y ético de realizar una distribución equitativa, y no a sus socios o como forma de devolver favores pre-electorales. Muy alejados estamos de que los más destacados lleguen a puestos de radical trascendencia, viendo en su lugar a oportunistas y obsecuentes pelearse por un lugar en la foto junto al soberano. El hombre que detenta el poder hoy no es peligroso para la Nación por ser un ilusionista, que reinventando el famoso diario de Yrigoyen nos quiere convencer de que los problemas que tenemos en realidad no existen, que son invención de los enemigos del pueblo. Es peligroso porque nos quiere hacer creer que los problemas de inseguridad son de la policía y los jueces, que los problemas de que los precios aumentan son de las personas que trabajan la tierra y no de los intermediarios amigos y socios de sus propias empresas, y es peligroso porque nos quiere hacer creer que nos gobierna una presidenta. La nuestra es una sociedad rica y pobre, rica en material humano y pobre en memoria. Virtudes y defectos se entrelazan y se separan pero siempre nos queda la luz de saber que hay personas sensibles, personas comprometidas en trabajar para hacer una realidad mejor con los demás y no en cambiar su realidad a cualquier precio, sin medir consecuencias éticas, morales y personales. Es bueno que el compromiso se renueve, que caras nuevas aparezcan y que algún día la nación demande la explicación de funcionarios que ingresan siendo desocupados a la actividad publica y se retiran siendo grandes empresarios. Lo que es del agua, el agua se lo lleva…
Cristian D.R.López, DNI 22..050.362




