
El fútbol argentino necesita recomponer el nivel de juego que se apreciaba en otras épocas no muy lejanas, donde la pelota era mejor tratada y ciertos jugadores tenían ideas claras al momento de dar un pase preciso o eludir un adversario. Hoy día sólo un puñado de profesionales cuenta con interesantes condiciones y justifica la permanencia en primera división, el resto contribuye para que los espectáculos sean cada vez peores. Se ha perdido la habilidad, la técnica, la rapidez para entregar la pelota al compañero mejor ubicado en la cancha, la inteligencia en el área rival; en definitiva, el buen juego que agrada a los simpatizantes. En el presente, vemos cómo se privilegia la fuerza por sobre la destreza de los jugadores. Aquel que es fornido, corpulento, de buena estatura es mejor mirado que quien posee sapiencia con el balón en los pies. Algunos técnicos destruyen el auténtico estilo de los futbolistas. Asistimos a un fútbol sin ideas de los actores principales, porque los esquemas tácticos se arman para que la pelota vaya por el aire y no por el piso, porque importa más la especulación que observar el arco de enfrente. Así es imposible salir de la mediocridad.
Marcelo Malvestitti, [email protected]




