Los piqueteros cortan las rutas. Sí, los piqueteros cortan rutas, a pesar de que cierta prensa porteña se empeñe en rotular "El paro del campo" o "Campo versus gobierno". El paro o huelga es una medida de fuerza que consiste en un cese de actividades como medio de protesta. Sin embargo, todos escuchamos en distintos piquetes (Pergamino, Laboulaye, entre otros) que los propios ruralistas señalaban que "las actividades productivas tranqueras adentro continúan". A confesión de parte, relevo de pruebas. Por lo tanto, no habiendo un cese de actividades, la medida de fuerza ruralista deja de ser un paro en sentido estricto (o lock out, para ser más precisos), para reducirse a un simple piquete; piquete como mecanismo de presión y extorsión, que fue ampliamente denostado y rechazado por quienes hoy lo practican. Porque debe convenirse "más allá de visiones increíblemente maniqueístas" que no existen piquetes "buenos" y piquetes "malos", piquetes "blancos" o "negros", sólo existe esta novedosa y autóctona forma de presionar, utilizando la extorsión como medio para imponer su reclamo. ¿Por qué "presión", "extorsión" e "imponer"? Porque cuando un sector convoca a un paro, utiliza esta herramienta como mecanismo de presión, pero no extorsiona porque no hay un valor de canje, no hay una moneda de cambio externa al conflicto, ya que está implícita en el paro mismo. Cuando los piqueteros cortan rutas y nos conculcan el derecho a la libre circulación tutelado por nuestra Constitución nacional y violentan leyes de abastecimiento, el valor de canje en esta extorsión hacia la contraparte somos los ciudadanos que quedamos rehenes bajo la premisa "nos dan tal cosa o cortamos rutas, no dejamos pasar camiones", etcétera. Por otra parte, en estos últimos días escuchamos decenas de veces la expresión "que el gobierno llame al diálogo". El gobierno lo hizo, aun cuando los piquetes seguían cortando rutas y libertades. El diálogo es intercambio de ideas, construcción de consenso, búsqueda de acuerdo, es un proceso, no un acto en sí mismo. La persistencia de los piquetes en el inicio de un diálogo manifiesta que quienes dicen buscarlo en realidad están tratando de frustrarlo. La pretensión de encontrar soluciones inmediatas "casi mágicas" evidencia una intolerancia alarmante o lo que es peor una estrategia polÍtica con fines no explicitados.



























