Es increíble que se esté penalizando al enfermo. El adicto lo es. Y lo sabe. Es increíble que por tener cigarrillos de marihuana tenga que ser llevado a un juzgado. Con ese criterio también debemos penalizar al alcohólico que tiene en su poder una botella de alcohol. O al jugador que tiene en su poder dinero. Todos son adictos. Todos son enfermos. Sin embargo en este mundo y querido país del revés, en vez de educar, castigamos. Siempre se actúa sobre la consecuencia y no la causa. ¿Cuándo será el momento de que las políticas de Estado y sanitarias lleven un programa serio y coherente con respecto a la drogadicción? Nuestros niños y jóvenes se mueren a diario por el consumo de paco, pegamento, cocaína y alcohol. Sin embargo, faltan lugares para rehabilitación, programas en las escuelas donde debería hablarse claro sobre las dogas, grupos de ayuda, etcétera. No digo nada nuevo ni invento nada, sólo que me da bronca que la desidia, la inacción y la hipocresía nos gobiernen. ¿O acaso ellos piensan que sus hijos no pueden sucumbir bajo las drogas? El grupo Quijote, hoy más quijote que nunca, sigue trabajando en silencio con las pocas armas y las inmensas ganas que tenemos de aportar una pequeña llama dentro de esa negra realidad. Seguimos con las charlas en las escuelas donde les enseñamos el lado oscuro de las drogas. Queremos que nuestros niños tengan la posibilidad de elegir sus caminos pero conociendo los dos lados de la moneda. Por eso, en vez de castigar, no es mejor enseñar, advertir, educar, mostrar, considerar que el adicto esta enfermo y tenemos la obligación de ayudarlo...Y si alguien se empecina en castigar porqué no lo hace con el criminal que vende, o no puede. A veces creo que lo que pienso es irreal, utópico, fuera de lugar. Será que soy pediatra y alguna vez juré ayudar. De todas maneras, creo en lo que pienso y lo defiendo. Esta lucha contra la droga es de todos y si cada uno aportara con lo mínimo desde su lugar seguramente nuestros niños tendrían una mejor calidad de vida. Soy iluso. No pierdo las esperanzas.
Sergio Barrile
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