Cartas de lectores

Ordenanza para el desorden

La noche rosarina. Una mirada crítica a la decisión del Concejo de autorizar que se ponga música y se baile en bares y restaurantes. La norma es un retroceso.

Viernes 16 de Noviembre de 2018

Eran los tiempos de la ingeniera. La dama de hierro municipal que sembró el terror entre los dueños de las confiterías bailables y los empleados. Hasta que alguien se dio cuenta y la díscola funcionaria terminó echada y procesada; al cabo de un tiempo fue sobreseída.

Las mentes brillantes que la reemplazaron acuñaron la fórmula del "baile espontáneo", buscando que en cualquier lugar y de cualquier manera se pudiera bailar. Hoy el disparate de entonces revive de la mano de algunas personas que parecen no ver o no querer ver la realidad.

El argumento de los propietarios de las confiterías para evitar que la ordenanza permita bailar en bares y restaurantes, basado en la tranquilidad de los vecinos, es ingenioso pero no el más importante.

El punto crucial es la cuestión de la seguridad para asistentes y trabajadores de un local donde esté permitido bailar. El diseño, dimensión, morfología, estructura y ubicación de un local bailable es muy específico. En la ciudad de Rosario es más fácil habilitar y explotar una planta nuclear que una confitería bailable.

La norma proyectada en el Concejo es teóricamente una involución, un retroceso, en la regulación de un tema difícil. Si se sanciona la capacidad de control del municipio, de por si con falencias, transformara a la noche en irrespirable. ¿Qué seguirá? ¿qué se pueda bailar en las heladerías?

Esta reedición de una mala idea es una mala idea. En su momento en los concejales y el intendente Hermes Binner primó la información y la realidad por encima de la demagogia y la improvisación. Prevaleció el equilibrio entre seguridad de los usuarios y trabajadores, tranquilidad de los vecinos y superávit de los empresarios.

El debate debe hacerse con amplitud de criterio pero con datos ciertos. La Municipalidad de Rosario tiene más de quince mil agentes. Los lugares de actividad nocturna serán unos quinientos; los inspectores de la noche no llegan a 30 y el Municipio no paga horas extras.

La nueva ordenanza, si llega a ser tal, aumentará el nivel de tensión ya existente en la actividad nocturna.

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