No tiene lógica, ni el más mínimo sentido de aceptación, que se esté gestando un nuevo eslogan popular, como cosa común: “Murieron cuatro inocentes por disparos de armas de fuego en las calles, pero por suerte fueron abatidos diez delincuentes”. A esta situación, que va transcurriendo día a día, es hora de establecerle una normativa para resguardar la vida del transeúnte inocente ante las balas perdidas, tanto del transgresor como del personal del orden —portador de armas legalmente—, como las del damnificado por el delito, que actúa de esa forma en su desesperada y angustiosa situación. En esos lamentables episodios corren riesgo de muerte personas ajenas de toda edad. A estos hechos le caben variados dichos: “El que mal anda, mal acaba” o “El que delinque ya tiene marcado su destino, si no es hoy será mañana”. Pero la muerte de un inocente no tiene eslogan ni justificación alguna. A todo esto, la pregunta es: ¿Qué hacemos? Este interrogante deberá plantearse desde distintos enfoques. En el caso de los uniformados, deberían tener una disciplina muy especial para conducirse frente a estos hechos, en función de cómo actuar en lugares carentes de personas y de cómo debe accionar en lugares donde la presencia de transeúntes estén cercanas o predispuestas a recibir impactos de balas, tanto del agresor como del agente del orden. En todo esto lo esencial es la necesidad de llegar a los orígenes que producen estos desenlaces, especialmente en los países enfermos por esta desgracia donde el aprendizaje de esa forma de acontecimiento son en cierto modo de los robos efectuados a muy altísimos niveles por los que ejercen cargos políticos, quienes dan el ejemplo de vivir bien y mejor sin trabajar. Son enseñanzas asimiladas a través del tiempo por personas jóvenes, por no tener desde temprana edad una formación en oficios con labores remunerativas en sus respectivos establecimientos escolares y en cantidades necesarias, distribuidas en todos los rincones de países portadores de este flagelo. A este dilema, se suman infinidades de factores de extrema dificultad pero fácilmente cuestionables: la vida fácil, las drogas, la falta de recursos (dinero), las películas que enseñan todo lo negativo. Por eso es así como van las cosas. Lo más grave de todo es la amargura de pensar qué futuro destino le deja esta generación a sus hijos y nietos.
Es cosa sabida que las bromas, y más si son repetidas, pueden terminar mal. Y si la “broma” consiste en agraviar en forma hiriente, reiterada, pública y gratuita los sentimientos más profundos de millones de personas como lo son las creencias religiosas, las consecuencias también pueden ser imprevisibles. El derecho a la libertad de expresión no puede ser ilimitado y debe ejercerse, como todo derecho, respetando un límite: el de los derechos ajenos. El terrorismo es feroz y bien lo sabemos los argentinos que lo hemos vivido en carne propia en la década del 70. Sus actos son crímenes de lesa humanidad, provengan del Estado o de bandas como las que asolaron a la Argentina, o como las que después destruyeron la Embajada de Israel y la Amia, o los terroristas que ahora asesinaron a los periodistas franceses. Pero la barbarie ocurrida en París no convierte en próceres a quienes encendieron la mecha con sus graves agresiones previas. No señor, todos repudiamos el terrorismo, pero no todos somos Charlie Hebdo.
Roque A. Sanguinetti
DNI 6.065.831
[email protected]
Reclamo de un ex policía
Estoy en las mismas condiciones que expresa mi camarada de la Brigada de Explosivos, Juan José Beretta, en una carta publicada hace unos días en esta sección. Yo sufrí la amputación de la mano izquierda y el 60% de la derecha y estoy prácticamente discapacitado a raíz de un explosivo en los años 70. Desde el momento de mi retiro, hasta los 80, el pago correspondiente se ajustó a los compañeros en servicio, comenzando a disminuir, hasta cesar, el pago del plus de explosivos, el cual se nos descontaba para la jubilación. Inicié así el camino que menciona Beretta con la misma respuesta de los distintos gobiernos. Vernet, Reutemann y ni hablar del enemigo Nº1 de la policía: Obeid. Luego llegaron los socialistas, Binner y Bonfatti, y las reiteradas solicitudes de ajuste a derecho de nuestros sueldos fueron ignoradas y archivadas. También espero con tres baipás y 68 años que la Caja de Jubilaciones y la provincia de Santa Fe den por terminada esta persecución.
Hugo Gargarella
DNI 6.071.824
oficial (r) Brigada de Explosivos UR II
La sensibilidad de los animales
En la ciudad alemana de Frieburg hay un hermoso monumento de un ganso apuntando su largo cuello y el pico hacia el cielo y en cuyo pie se puede leer: “Die kreatur gottes klagt, klagt an und mahnt”. En la noche del 27 de noviembre de 1944, los agudos graznidos de un ganso en medio de la noche despertaron a muchos habitantes que pudieron llegar a tiempo a los refugios y salvar sus vidas ante un inesperado ataque aéreo que provocó la muerte de muchos ciudadanos. Así conmemoraron los agradecidos habitantes de Frieburg tan extraordinaria propiedad premonitoria en un animal. Pocos días antes de la noche del 26 al 27 de agosto de 1883, en que se produjo la mayor catástrofe del siglo XIX, la erupción del volcán Krakatoa en la isla homónima, los pájaros volaban en grandes bandadas, los mamíferos huían arrojándose al agua y nadaban hasta otras islas del estrecho de la Sonda. Los perros del monasterio de San Bernardo, entrenados para la búsqueda de hombres perdidos en la nieve, en febrero de 1939 se negaron a abandonar el edificio. Horas después, en los alrededores, se produjo un tremendo alud que incluso dejó totalmente aislado al monasterio. Los mulos de Skopje, Yugoslavia, en 1963, intentaron escapar antes del terremoto que asoló la ciudad. Días antes del 29 de febrero de 1960, los peces y aves marinas se alejaban de la costa rumbo al mar abierto antes de que un terremoto destruyera la ciudad marroquí de Agadir. En la India meridional cuando sopla el Monzón y los ríos comienzan a crecer, las termitas suben a la parte superior de los edificios y siempre un poco más arriba del nivel que alcanzarán las aguas. En los primeros días de mayo de 1902, en Martinica, Indias Occidentales, los animales domésticos exteriorizaron una conducta salvaje (cerdos, vacas y ovejas corrieron o se arrojaron al mar) y grandes cantidades de serpientes se dirigieron al sur. El 8 de mayo hizo erupción el Mont Pele y murieron 30 mil personas. Tras la derrota romana en la batalla de Alalia (390 aC), los celtas sitiaron Roma, pero fracasaron en su intento de conquistar el Capitolio ya que el graznido de los gansos despertó a la guarnición romana en plena noche desbaratando el plan de los galos de atacar al día siguiente.
Miguel A. Decunto
DNI 11.270.762
Fortalecer la convivencia
Cuando su corazón estaba a punto de dejar de latir Jesús exclamó: “Amaos los unos a los otros”. El hijo de Dios bregó siempre por la armonía universal, por el respeto del hombre como persona, por una convivencia basada en la paz social, la igualdad y la justicia. Al partir, Jesús le dijo a sus seguidores que debían construir un mundo sin violencia, sin despotismo, sin crueldades. La historia posterior a su calvario ha demostrado que muy pocos tomaron en cuenta sus palabras. Los hombres continuaron matándose entre sí para satisfacer a élites inescrupulosas que sólo conciben la vida en función del dinero y el poder. Muchos gobernantes aumentaron su egolatría e hicieron un ideal del crimen, transformando la Tierra en un gigantesco campo de batalla donde los derechos humanos fueron pisoteados sin misericordia. ¿Se puede hacer algo al respecto? ¿Podemos los hombres humanizar nuestra convivencia? Es difícil, pero no imposible. Si cada uno de nosotros se acerca al prójimo con afecto y respeto, incrementará la fortaleza de la convivencia. En los últimos días, el fanatismo religioso golpeó duramente en el corazón de Francia, lo que demuestra cuán lejos estamos de haber consolidado una comunidad internacional pacífica y respetuosa de la dignidad del hombre. Quizá si rememoramos a Voltaire, cuyo pensamiento fue ultrajado en París, estaremos mejor preparados para tan noble fin. Dijo el pensador de la tolerancia: “El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia es a la cólera. El que tiene éxtasis, visiones, el que toma los sueños por realidades y sus imaginaciones por profecías es un fanático novicio de grandes esperanzas; podrá pronto llegar a matar por el amor a Dios” o “Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invoca solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo”.
Leda Rinaldi
Corte en la autopista
Cuatro familias cortaron la autopista Rosario-Buenos Aires. Es un terrible delito de acción pública: art. 194 del Código Penal. Un fiscal federal explica que “apostamos a no criminalizar la protesta social” (La Capital, 14 de enero, página 4). Creí que se apostaba en los casinos. Creí que criminalizaba la ley, no los funcionarios. Creí que si los funcionarios se abstienen de actuar, como en este caso, incumplen deberes a su cargo. De todos modos, es de destacar la perspicacia y hasta grandeza del fiscal: “Entendemos el malestar ciudadano”. ¿Entenderá que ese malestar aflige también por su inactividad? Evidentemente no. ¿En manos de quiénes estamos? Según Montesquieu, la impunidad es la principal causa del delito.
Julio Chiappini
DNI 6.071.522
Discapacidad en la postventa
Soy médico con discapacidad motriz importante y poseedor de un automóvil Peugeot 308, con caja automática, en plena garantía. Fue adquirido 0km en la concesionaria oficial de San Martín 2780 y siempre utilicé, o mejor dicho, sufrí su atención de postventa. Ante la emergencia, el taller de dicha concesionaria es un caos total y el auto que ingresa sin turno puede estar entre una semana y 15 días para un diagnóstico o compostura. El 22 de diciembre tuve que dejarlo porque perdía el radiador mucho líquido refrigerante y recién el 2 de enero me llamaron para decirme que el mismo estaba mellado y que debí haber sufrido un impacto importante (nunca ocurrió), por lo que no lo cubriría la garantía. Indignado, luego de 11 días de espera para sólo arribar a ese diagnóstico, retiré mi auto y lo llevé a un taller particular, que en seis horas me lo entregaron con el problema solucionado. Pese a que cada vez que dejo el auto en la concesionaria oficial hago notar la importancia que posee el mismo en mi trabajo, ya que es algo así como mis piernas, que ya no me sostienen. Nunca he conseguido por parte de esa oficina la celeridad en la solución de los problemas. Por eso, me pregunto: ¿De quién es la discapacidad? Y concluyo que ellos son más discapacitados que yo, por carecer del número de personal, idoneidad y celeridad para atender a sus clientes.
Jorge Reynaldo Frattini
DNI 5.077.763