Los habitantes de Rosario vivimos como si perteneciéramos a dos mundos diferentes. O somos víctimas o somos victimarios. Cada uno sabe bien que sayo le corresponde. Las víctimas salen a la calle cuidándose con los pocos elementos que poseen, sin carteras, esconden celulares, transitan de día, esquivan horas y lugares apartados, calculan posibles llegadas a tiempo de colectivos sabedores de lo peligroso de una espera. Con un boleto elevadísimo, sin subsidio, claro, esto no es Buenos Aires. Abren sus negocios con esa mezcla de necesidad y temor. Sin alternativa dejan sus autos en las calles aún a sabiendas del riesgo. Y cada mañana cuando emprenden su día enarbolando el poco optimismo que la realidad les permite, se encuentran con las noticias. Epe aumento del 25%, Aguas aumentó del 60%, pero eso sí, lo podrá pagar en tres veces, para “no afectar su bolsillo de consumidor”, alquileres inalcanzables, canasta familiar muy por encima de sus ingresos, útiles escolares aumentados como si la educación fuera prescindible, los super mercados mostrando publicidades carísimas como maravillas de la economía. Los jubilados con la mínima cada vez más mínima, (32.630 pesos desde marzo) tragándose la amargura de leer publicidades que hacen las altas figuras del país explicando lo bonito que cobran. Y los victimarios sonríen. ¿Cómo no van a sonreír si la cancha esta libre? Servida en bandeja para actuar como gusten. Los jueces pueden dejar libres a menores genocidas o a quienes se les ocurra, los gobernantes cobrar sueldos altísimos a “piachere”. Los traficantes de drogas, tranquilos porque la policía siempre llega tarde, balean, matan, amedrentan a vecinos laburantes, a sus familias. Todo es posible para “ese mundillo victimario”. Me pregunto por qué, y si es así ¿Hasta cuándo?, además: ¿No será contagioso para el resto del país?























