¡Qué tristeza! Pero, ¡qué tristeza que nos da ver a quienes son nuestros gobernantes "arrastrarse" por el mundo pidiendo favores! En Europa, la presidenta mendiga por un favor para que intercedan ante el Club de París a fin de cancelar la deuda de más de ocho mil millones de dólares. Por otro lado, un ministro pide otro tanto a fin de equilibrar la caja para hacer obras de infraestructura. Qué fue del granero del mundo, el país que alimentó a los contendientes de las guerras mundiales, aquel cuya gente "copó" la noche de París. Hoy sólo podemos mandar a una representante "que se echa todo el ropero arriba". Por un lado nos dicen que les sobra el dinero. Que los superávit están por todos lados. Que el empleo y la industria crecen a ritmo escalofriante. Por supuesto que el costo de vida también, pero lo niegan. Prácticamente debemos escondernos de los acreedores que nos embargan lo que sea a fin de cobrarse lo que se les estafó. Los reclamos por incumplimiento de contratos suman cientos por miles de millones de dólares. Pero continuamos hablando y mostrando a patoteros en los palcos. Y volvemos a los refranes: "No todo lo que reluce es oro", "Dime con quién andas y te diré quién eres", "Aunque la mona se vista de seda, mona queda" y "A nadie le gusta oír su propia verdad". Podríamos agregar muchos más, pero deseamos dormir a la noche, sin pesadillas. ¿Será por tanto dinero que los aviones van llenos o será que la gente se va y no vuelve?



























