Cartas de lectores

Ley de Salud Mental y adicciones

Domingo 10 de Marzo de 2019

Al incorporar en la ley de Salud Mental y su reglamentación la problemática de las adicciones a su contenido se ve la falta de conocimiento, interés, y la negación de profundizar un tema que a los gobiernos de turno siempre les pasó de costado como en una autopista. Allí en ese espacio inexplorado y mal enfocado por lo gubernamental estuvimos las comunidades terapéuticas, desde mediados de los setenta con Carlos Novelli como estandarte primordial. Cuarenta años de estar al lado de esos sujetos que iban modificando sus conductas autodestructivas con el paso del tiempo y el avance de nuevos desafíos. En todos estos años fuimos descubriéndonos, intercambiando hábitos entre nosotros y con experiencias de otras partes del mundo, desarrollamos excelentes equipos interdisciplinarios que crecían en el debate y la interacción, nos cuestionamos, crecimos en número, conveníamos con los gobiernos nacionales, provinciales y municipales, logramos las habilitaciones correspondientes, ideamos congresos, talleres, donde aparecían nuevas visiones y posibilidades, y fundamentalmente veíamos como la gente marginada del sistema social se trasformaba, cambiaba sus hábitos sombríos por conductas responsables y se reinsertaban socialmente a sus familias, a sus ciudades. En los programas de Comunidad Terapéutica, la individualidad y el conocimiento de sí mismo a través de la psicoterapia, el trabajo grupal, la autoayuda y ayuda mutua, son los objetivos fundamentales en un ambiente de honestidad, responsabilidad y respeto. La humanidad de la Comunidad Terapéutica es la diferencia con otros dispositivos aparentemente superadores, pero que en realidad sólo estigmatizan y precarizan las voluntades dormidas de aquellos que llegan pidiendo ayuda y solidaridad. La Comunidad Terapéutica es un ambiente transformador para todos los que formamos parte de ese espacio, es evidente que algunas consideraciones sobre "los derechos humanos no respetados" que determinados espectadores desinformados e interesados manifiestan, son meramente obsesiones ideológicas, más que pensar en el trabajo cotidiano de involucrarse en los sentimientos y las penurias existenciales de aquellos sujetos que a diario llegan a nuestros programas buscando un abrazo, una propuesta terapéutica responsable y la posibilidad de sostener un proyecto digno y saludable por el resto de sus vidas.

Osvaldo Marrochi

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