El pasado lunes 19 nos despertamos con la noticia impactante, y por momentos increíble, de la muerte del fiscal Alberto Nisman. ¿Suicidio, suicidio inducido, homicidio? Dios sabrá si alguna vez sabremos la verdad. Es muy sugestiva la muerte de un fiscal que horas antes había denunciado por supuestas conexiones con terroristas iraníes a la presidenta de la Nación, a su canciller y a otras personas de menor rango e importancia, pero en relación muy estrecha con el gobierno. Más aún, esa muerte se produce en forma violenta 24 horas antes de presentar ante el Congreso Nacional las pruebas y convicciones personales que contenía su informe. Toda la responsabilidad para saber la verdad recae sobre el gobierno nacional, sobre la Justicia, la policía y cuerpos de seguridad. Ese mismo lunes y en horas del atardecer, fuimos con mi familia al encuentro que se programó espontáneamente en nuestro Monumento a la Bandera. He escuchado y leído por allí distintas cifras de participantes en dicha convocatoria. Les digo a los que miden el valor de las manifestaciones en términos numéricos: las manifestaciones populares tienen un valor en sí mismas. Decenas, cientos o miles de personas bastan para expresar nuestros sentimientos, no importa la cantidad. Fuimos muchos, en todo el país, en las principales ciudades, en los barrios, en los pueblos del interior, los que honramos con nuestra presencia, con nuestro silencio o cantando las estrofas del Himno Nacional, la muerte sugestiva y sospechosa de un argentino. Este es, a mi juicio, el valor social de la manifestación del pueblo, sentida, espontánea, respetuosa que nos unió, pidiendo a gritos “justicia”. No importa los que fuimos, lo importante es que estuvimos allí, por nosotros mismos, por nuestro hijos, por nuestros nietos, por nuestros vecinos y semejantes, por nuestro país. Cada vecino al lado de su vecino, conocido o no, amigo o no, reconociéndose, acompañándose y con el agregado de otro valor, el sentido de vecindad, de la proximidad de unos y otros, sin discriminaciones, sin diferencias políticas o religiosas. Me hubiera gustado ver a algunos referentes políticos locales en la manifestación. Si los hubo, no los vi o no los reconocí. A su vez, estoy sorprendido y decepcionado por la manera y por los medios que utiliza la presidenta de la Nación, las novedosas redes sociales, para dirigirse a sus gobernados. Ella es especialista en convocar a la cadena nacional, y de hecho lo hizo en varias oportunidades por temas de relativa importancia y trascendencia. Ese día, ante el hecho de la muerte de un fiscal de la Nación y por las circunstancias que la rodearon, sí justificaba con creces que hablara por cadena nacional, que le hablara de frente a los argentinos, poniéndose a disposición de los familiares y codo a codo con los investigadores. Le recuerdo a la señora presidenta que no somos ciudadanos virtuales, somos de carne y hueso, y la necesitamos todos los días al frente de la gestión de gobierno. Para eso la votamos.
Jorge Omar Bustamante
DNI 7.796.562
Respeto por los adultos mayores
Soy una mujer jubilada de 83 años, mi médico de cabecera me indicó la derivación para un especialista en glándulas de cuello por problemas en las parótidas. Me dirigí al Hospital Italiano donde me corresponde por Pami. Luego de la espera a la que nos tienen acostumbrados a los jubilados me informaron que allí no hay médicos con esa especialidad, que me dirigiera a la Delegación Novena de Pami de calle San Lorenzo. Allí me dieron la documentación para que me atiendan en un centro de calle Pellegrini al 1300. Concurrí a ese establecimiento para efectuar la consulta y nuevamente me informaron que no contaban con dicha especialidad. ¿Qué tengo que hacer? ¿En la Delegación Novena de Pami no saben informar correctamente adónde tengo que dirigirme para que finalmente me atiendan? ¿No existen médicos con esta especialidad que atiendan por Pami? ¿Pami escucha? Debo aclarar que por mi edad y problemas de desplazamiento tengo que trasladarme en taxi. Me gustaría saber quién me dará una respuesta y quién me devolverá lo gastado para realizar dichos trámites.
DNI 3.067.851
El discurso de Cristina
Después de ver el mensaje de la presidenta por la cadena nacional, se me ocurrió mirar el canal de noticias TN, y ¡oh, qué sorpresa! Esperaba que algún columnista político hiciera un comentario respecto al discurso de Cristina. Primero apareció la diputada Patricia Bullrich, seguidamente el senador Ernesto Sanz, a continuación Julio Cobos, luego Margarita Stolbizer y la senadora Gabriela Michetti, todos personajes que representan al neoliberalismo conservador. Por favor señores, el pueblo no vive más masticando vidrio. Esto me demostró cómo defienden a los poderosos y quién está en defensa de los intereses del país. Sus expresiones fueron de una estatura política completamente baja. Una dijo que la presidenta “volvió a atacar a la prensa” y otro que “esperaba otra cosa”. Y una diputada dijo que “muerto Nisman, fuera la Side”. Nos quedó a todos nosotros en claro cómo utilizan a la persona muerta para atacar al gobierno, ya que no expresaron nunca que la denuncia está totalmente falta de sustentación. Vemos cómo los servicios de inteligencia se prestaron al juego de los monopolios y cómo se va desmoronando todo este circo, se le van terminando los privilegios al establishment. Como soy un emergente de un grupo de personas que no somos ni políticos, ni militantes, sólo vemos cómo con la proximidad de las elecciones todo el arco opositor está empleando este tipo de argucias al ver disminuidas sus pretensiones presidenciales.
Néstor Cáceres
El discurso de Cristina (II)
Las palabras que vertió la presidenta de la Nación por la cadena nacional, lejos de aportar tranquilidad y certezas a una sociedad conmovida, no han hecho otra cosa que profundizar el descrédito del gobierno nacional, que pretende seguir eludiendo su responsabilidad en esta grave crisis. En lugar de dar precisiones, se embarcó en un relato mitológico en el que una conspiración universal se cierne sobre ella. Poco faltó para que atribuyera el atentado contra Charlie Hebdo como parte de una conjura tramada por Héctor Magnetto. Por lo demás, el proyecto de ley que anunció no es más que una cortina de humo. No se trata de cambiar nombres de organismos, sino de terminar con la política de usar a los agentes de inteligencia para vigilar y perseguir a dirigentes y medios opositores o independientes. En cuanto a transferir las escuchas judiciales a la Procuración General, ninguna confianza puede generar que vayan a ser realizadas por la doctora Gils Carbó, principal operadora del Poder Ejecutivo en la pretensión de subordinar completamente al Poder Judicial. El gobierno no logra salir de ese laberinto de Ariadna del que habló la señora Cristina Fernández de Kirchner. Y no lo hará, porque el hilo que se necesita está hecho de un material que el gobierno desprecia: decencia, republicanismo, Estado de derecho, respeto a las libertades y seguridad jurídica.
Jorge R. Enríquez
Una virtud
ausente
La identificación es un fenómeno ligado al crecimiento en las personas. La clásica pregunta que se realiza a los niños de quienes quisieran ser cuando sean grandes no deja de tener vigencia. Todos nos miramos ante un espejo que construimos de acuerdo a los más altos deseos o ideales: grandes artistas, personalidades deportivas, políticas, del espectáculo o científicas. El respeto a esas personas que se admiran, pero sin caer en la idolatría, sirven de andarivel a la hora de tomar una decisión o emitir una opinión. De allí, la enorme importancia de la conducta y las palabras proferidas por los más altos dirigentes de nuestro país por su influencia en el ciudadano común. Que un ex ministro de la Suprema Corte de la Nación considere como acción “exagerada” el procesamiento del vicepresidente de la Nación, por haber vendido su auto con una presunta adulteración de los documentos pertinentes, es muy preocupante. Nadie discute la estatura académica del ex juez Zaffaroni, autor de numerosos libros que son objeto de estudio en las facultades de derecho del país y del extranjero, ni su prestigio de jurista internacional. Pero, ¿qué puede pensar y sentir el ciudadano de a pie ante tales declaraciones de un magistrado que perteneció al máximo tribunal del país, encargado de velar por la libertad, los bienes materiales de las personas y la Constitución nacional? ¿Y la igualdad ante la ley? ¿La ley es igual para todos? Todos los funcionarios deben dar ejemplo a través de su conducta y de las palabras vertidas; son los depositarios de la confianza pública y deben responder por sus actos, máxime cuando detentan cargos de suma responsabilidad. Hay un dicho que hace referencia a la intromisión de la política en la Justicia y al efecto pernicioso de tal proceso, en caso de producirse. Los altos funcionarios de la política y del Poder Judicial deben ser y debieran dar ejemplos de conducta. Ante cualquier circunstancia que arroje dudas sobre su accionar son los primeros que tendrían que salir a aclararla, para la salud de las instituciones de la Nación. La ejemplaridad, una virtud ausente.
Alejo Vercesi
Extraño a aquella juventud
Hace un tiempo que noto una ausencia muy significativa en Argentina. Hay un sector de la sociedad que siempre, en todos los tiempos y países, fue el que estuvo presente en los más importantes cambios y acontecimientos mundiales, luchando, protestando, tratando de modificar la injusta realidad con una visión cuasi-anarquista. Soñadores de un mundo mejor, más justo, equitativo, sin dictaduras ni reyes. Amantes de las revoluciones. Los jóvenes de izquierda están ausentes con aviso en Argentina. Y cuando digo izquierda no hablo de política, hablo de ideales, de un lugar en el mundo. ¿Quién puede decir “no fui de izquierda cuando era joven”? Muy pocos. La mayoría estábamos convencidos de poder torcerle el brazo a los poderosos (o a lo que ellos representaban) sólo con nuestra verdad a flor de garganta. La juventud de los ideales eternos. Veo las marchas de protesta y están llenas de “viejos” como yo. ¿Dónde están esos jóvenes? Ensayando una respuesta rápida, puede que estén mimetizados con la conducta de sus figuras representativas, todas cooptadas por el gobierno actual, convertidos en simples levantamanos de cualquier cosa que proponga el oficialismo, en un Congreso intervenido por el Ejecutivo. Aliados se dicen ahora, antes les decíamos veletas. A veces pienso que a Quebracho le tendrían que cambiar el nombre por Madera Balsa. También podemos ensayar sobre la depredación que ha hecho el discurso oficial en las mentes de miles de jóvenes que militan en su partido. Y otros tantos que sucumbieron bajo el poder de la billetera, disfrazada de empleos públicos. Raro ver y escuchar a jóvenes defender a una clase política tan emparentada con hechos de autoritarismo, corrupción y riquezas mal habidas. No es típico de ellos. Con este sector de la sociedad anestesiado como ahora será muy difícil zafar de un destino mediocre a merced de los monarcas de turno. Los extraño.
Jorge Milesi