En la apertura de un nuevo período de sesiones legislativas, la presidenta dijo: "Desde 1810 hasta la fecha, éste es el mayor período de crecimiento de toda nuestra historia", sin duda, atribuyéndolo a los méritos de la gestión iniciada en el 2003 por su consorte. E insistió en que el problema de la energía "es un problema del mundo y de la región, y nosotros estamos en el mundo y la región". Ergo, desentendiéndose de la lógica hegeliana con la que se autoidentifica, se deduce que el mundo nada tiene que ver con nuestro crecimiento económico, pero sí lo tiene con la crisis energética. Es como decir que China, India y tantos otros países con alto crecimiento económico, se están beneficiando del nuestro por inercia, pero nuestra crisis energética es producto de lo que vive el mundo. Cabe preguntarse: ¿cómo hacen los países superlativamente más industrializados que el nuestro para mantener activas sus fábricas, ciudades, etcétera, sin cambiar lámparas, horarios y sin cortes de energía eléctrica y gas? Seguramente, el mundo también se beneficiará con nuestra tecnología de punta del Indec, tan exitosa para controlar la inflación.



























