En 1992 apareció la publicación de un libro extraordinario de Carlos Nino titulado: "Un país al margen de la ley". Su objetivo era analizar la tendencia recurrente de la sociedad argentina –en especial de los factores de poder incluidos los sucesivos gobiernos– a la anomia en la ilegalidad en particular. Es decir a la inobservancia de las normas jurídicas, morales y sociales. El paro del campo no hace más que confirmar la tesis del eminente jurista. Molestos con la decisión del gobierno nacional de incrementar las retenciones a la soja y al girasol, los dirigentes de Coninagro, Federación Agraria Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas y la Sociedad Rural decidieron exteriorizar su malestar a través de los cortes de rutas, lo que es inconstitucional ya que lesiona el derecho de todo argentino (y de todo extranjero que circunstancialmente esté en el país) de transitar libremente por el territorio. De esa manera los dirigentes agropecuarios no hacen más que legitimar el típico accionar del movimiento piquetero, tan denostado por el “establishment” vernáculo. Lamentablemente, el paro del campo evidencia hasta qué punto el estado de derecho sigue siendo en la Argentina una ficción. Demuestra que cuando alguien tiene la osadía de tocar su órgano más sensible –el bolsillo– la corporación agropecuaria viola la Constitución nacional sin remordimiento alguno. Pone en evidencia su verdadero rostro: el de un poder muy poderoso que se siente más cómodo con Jorge Rafael Videla o Carlos Saúl Menem que con Raúl Alfonsín o Cristina Fernández. Demuestra, en definitiva, que situarse al margen de la ley es irrelevante si ello favorece sus intereses.
Hernán Andrés Kruse
Los docentes son
todos iguales
Con absoluto estupor y a través de un medio televisivo me entero que un legislador santafesino propone que un 10 por ciento de las viviendas que edifique la provincia esté destinado a los docentes de escuelas estatales. Eso no estaría en discusión pero sí querría –no con dialéctica sino con sentido común, con raciocinio, sin demagogia– me explique qué diferencia hay entre un docente de escuela estatal y privada. Este "señor", ¿no sabe que los docentes de escuela privadas cobran igual que un docente de escuela del Estado provincial? ¿No sabe que aportan a la Caja de Jubilaciones de la provincia? ¿No sabe que paga los impuestos como cualquier persona?¿No sabe que los reglamentos educativos son los mismos para los docentes de ambos ámbitos? No quiero prejuzgar, pero pienso que quiere simpatizar con Amsafé (que ya descartó su oposición al proyecto discriminatorio por solidaridad y justicia) o no tiene en claro que el docente de escuelas privadas es un “laburante” igual que sus colegas del sistema oficial. ¿Sabe que muchísimos docentes se desempeñan en las dos esferas? No tengo ningún inconveniente, como ex docente provincial, en defender mi tesis a través de este prestigioso medio.
Miguel Angel Aguilar



























