A Rodolfo Walsh ese compromiso de “dar testimonio en tiempos difíciles” le valió la vida y la muerte. No estoy haciendo una alegoría ni metaforizando: vivió y murió atado a ese lema. La labor de un buen periodista es esa, y el compromiso de informar es “un gran poder que conlleva una gran responsabilidad”. Si un periodista debe informar en un caso judicial donde ambas partes al lado del conflicto se juegan destinos que determinan su existencia, ese periodista no debería estar comprometido subjetiva, parcial y emocionalmente con una parte de ese conflicto. Eso no cuaja, eso no funciona, eso pone a un gran poder en manos de un ser emocionalmente atravesado por el conflicto, y por lo tanto puede generar que esa emocionalidad se filtre a sus editoriales. Dar testimonio en “tiempos difíciles” es también aceptar que como periodistas a veces los hechos no condicen con el dogma o idea preconcebida que de una situación se tenga, lo cual no cambia los hechos, sino que cambia al observador de la persona periodista, a la cual, la emocionalidad lo constituye en un observador diferente, probablemente negador de la realidad. Brindemos por un 2022 con informadores comprometidos a visibilizar todas las partes de una situación, trabajando para informar y no para “conformar”. De esos que no coartan la libre expresión, de esos que “sienten la satisfacción moral de un acto de libertad”, de esos que “derrotan el terror” a ser expuestos y “hacen circular la información”.
























