La crisis que hoy enfrenta a la sociedad política con la gente del campo y muchos otros ciudadanos que se identifican con ese sector de la producción es grave. Los ciudadanos no se sienten representados. La gente del campo y muchos otros que los apoyaron denunciaron con sus conductas a una clase política que no tiene más interés que en su propio poder y enriquecimiento. En mi opinión la crisis atenta contra el fundamento mismo del sistema democrático, que es la representación en el Parlamento. Los diputados deberían defender y representar los intereses de los ciudadanos y los senadores a los de las provincias. Nada de eso ocurre; por eso los ciudadanos del campo se autorrepresentaron. Los legisladores de la mayoría son genuflexos al Ejecutivo y aprueban complacientemente lo que éste les propone con la esperanza de obtener servicios recíprocos en alguna ocasión. La competencia y los intereses del país en su conjunto carecen de importancia. Así, este gobierno, que se proclama democrático, se parece cada día más a un régimen dictatorial. Las decisiones a adoptar por los representantes del pueblo deberían tener en cuenta en alguna medida las opiniones de los sectores afectados y la legítima defensa de sus intereses.



























