El 3 de enero falleció en mi domicilio mi esposa, Alicia Ledesma. El cáncer que la perseguía desde hacía diez años finalmente la doblegó. Durante todo ese tiempo fue atendida en el Hospital Italiano de Rosario.No puedo recordar cuántas veces fue internada, pero no creo que menos de treinta. En algunas oportunidades fueron días domingo, otras en horas de la madrugada, incluso un 25 de diciembre. Siempre, absolutamente siempre, fue recibida en este hospital con la misma cordialidad, la misma deferencia, igual cariño, suprema calidad profesional e innegable entrega vocacional, puesta de manifiesto en cada contacto, en cada consulta, en cada llamada a la que acudía el personal de guardia al pulsar el timbre cercano a la cama. A toda hora y con igual premura.



























