Bicentenario

"En los movimientos sociales la educación forma seres más libres"

Los movimientos sociales surgidos luego de la escalada neoliberal de los 90 han asumido la tarea de la educación. Pero ¿qué se aprende en estos espacios? El periodista uruguayo Raúl Zibechi dictó un seminario intensivo en Rosario sobre este papel desarrollado por los colectivos sociales.

Sábado 30 de Agosto de 2008

Los movimientos sociales surgidos luego de la escalada neoliberal de los 90 han asumido la tarea de la educación. Pero ¿qué se aprende en estos espacios?

En los últimos días de agosto, el periodista uruguayo Raúl Zibechi dictó un seminario intensivo sobre este papel desarrollado por los colectivos sociales. Fue convocado por Amsafé Rosario, ATE Rosario, Coad, Centro de Apertura Multicultural y la Escuela de Ciudadanía de Rosario.

Zibechi es también un analista internacional, docente y ganador del primer Premio Prensa Latina 2003, por sus ensayos sobre Argentina.

—En líneas generales, ¿de qué se habla cuando se menciona la educación en los movimientos sociales?

—La idea básica es mostrar que los movimientos sociales surgidos a partir de la primera oleada neoliberal de los 90 asumen entre otras tareas el tema de la educación. Salvo el primer movimiento obrero anarquista de principios del siglo pasado, esto no se hacía. Y hoy lo hacen en dos aspectos: uno es la propia educación, para lo que crean sus espacios; y el otro es que tienen la capacidad de formar a sus propios pensadores e intelectuales. Esta segunda tarea demuestra un cambio muy notable, porque el intelectual de un movimiento antes era formado en lugares ajenos. Hoy hay intelectuales importantes, ministros (no argentinos), presidentes, nacidos o forjados en los movimientos, desde Evo Morales hasta ministros en Ecuador y en Bolivia; o personalidades forjadas como pensadores en los propios movimientos. También cuentan con una multitud de instancias de formación, que van desde lo más elemental como los talleres, las puestas en común, la película para debatir hasta universidades. Hace unos años, los Sin Tierra en Brasil crearon la Escuela Florestán Fernández, un instituto de formación terciario con rango de universidad donde participan miles de trabajadores, profesores e intelectuales de un currículum elaborado por ellos.

—En la Argentina ¿cuál sería este referente?

—No tenemos un movimiento que tenga todo eso, pero sí hay desde escuelitas de formación como la que tiene el Mocase (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) y a nivel más amplio está la Universidad de las Madres, que es algo nuevo. De alguna manera estos espacios recuperan la vieja tradición anarquista de llegar a un lugar, crear una imprenta y espacios de discusión, de formación; la biblioteca y el ateneo. Se recupera todo eso en períodos en que el Estado ha abandonado la educación para los sectores populares.

—¿Qué pasa con los sindicatos?, ya que también aquí se han generado espacios de formación.

—Treinta o cuarenta años atrás al dirigente sindical lo formaba el partido y lo mandaba a trabajar al sindicato. Eso ha cambiado, hoy los sindicatos, sobre todo los que pertenecen a la órbita de la CTA (Central de Trabajadores Argentinos), se han preocupado por crear sus ámbitos de formación, de capacitación, por tener escuelas, no dependiendo ni de los partidos ni de la academia, aunque haya siempre gente de estos medios a su alrededor. Se han creado preguntándose qué necesitamos, en qué capacitar a nuestros militantes y dirigentes y creando áreas para ello. Este es un movimiento autocentrado que no depende de instancias externas y donde hay un espacio para aprender cosas que no proveen ni el Estado ni el mercado.

—Así como los tiempos institucionales o los planes de estudio identifican a la escolaridad formal, ¿qué caracteriza a los movimientos sociales?

—Voy a responder no lo que es sino el ideal y que pasa en algunos lados. La escuela tradicional forma ciudadanos, o sea trabajadores, padres de familia (patriarcales), soldados de la patria, buenos administradores estatales o regulares y buenos empresarios o regulares. La educación en los movimientos sociales procura generar seres humanos para la emancipación, para la liberación, para la construcción de un mundo mejor, más solidario; construir seres humanos más libres, más abiertos, menos machos y trabajar más humanitaria y horizontalmente. No siempre pasa pero es la tendencia.

—La escuela tradicional también se propone formar en valores para la solidaridad, los derechos, aunque esto pareciera que se adquiere a través de una disciplina. ¿Cómo se aprenden estos valores en los movimientos sociales?

—La escuela tradicional disciplina, ordena personas para luego seguir esta cadena. En los movimientos se forman en sentido de cambio. En ese sentido, algo importante está pasando en América latina: las experiencias educativas vinculadas a movimientos más interesantes son las que vienen desde la periferia, desde los espacios rurales. Han sido los movimientos rurales los que con más intensidad y primero han asumido la tarea escolar y de la educación.

—¿Por ejemplo?

—Por ejemplo los Sin Tierra, los indígenas y los campesinos, porque a ellos es adonde menos llegaba el Estado y lo primero que abandonó, pero a su vez es donde las redes y vínculos sociales han resistido mejor al modelo neoliberal. Es allí donde fue posible establecer las primeras experiencias educativas: como la educación intercultural bilingüe en el área de indígenas o escuelas de campesinos en el caso del norte argentino. Estos espacios fueron luego aterrizando poco a poco en los lugares de la periferia urbana, como en el Gran Buenos Aires, y de la mano de movimientos de desocupados. Aquí hay muchos más activistas sociales que dejaron sus espacios centrales, partidarios u otros y trabajaron con los sectores populares. Comenzaron con apoyo escolar y la alfabetización, trabajos de base desde donde surgieron después los movimientos. Allí surge algo nuevo.

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