Educación
Sábado 10 de Junio de 2017

¿Leer en la escuela? ¿Para qué?

La lectura, una actividad importante en la vida de las personas, pero también fuente de experiencias.

Relata Daniel Pennac en su libro "Como una novela": "Aquel profesor no inculcaba un saber, ofrecía lo que sabía... Hacía abrir los ojos... Animaba a seguir la ruta de los libros, peregrinaje sin fin ni certeza, marcha del hombre hacia el hombre" .

¿Cómo marchamos del hombre hacia el hombre? ¿Cómo procuramos ese itinerario en la escuela? ¿Cómo construimos lectores auténticos? La idea de partida es bastante simple: las prácticas y usos escolares de lo escrito no tienen que diferir sustancialmente de las prácticas y usos sociales no escolares, ya sea que pertenezcan al ámbito familiar o a otros contextos.

Un lector auténtico es alguien que lee por voluntad propia, porque sabe que leyendo puede encontrar respuestas a sus necesidades de informarse, de aumentar sus conocimientos, de hacer cosas, de resolver problemas, de formarse juicios en torno de la conducta propia y de la ajena, pero también lo hace por gusto, por el puro placer de leer. En otros términos, significa que ha descubierto que la lectura es una actividad importante de su vida, que es una fuente de experiencias y emociones.

No leemos de la misma manera cuando queremos saber el significado de una palabra que cuando queremos informarnos del contenido de una noticia, tampoco cuando queremos realizar o confeccionar algo que cuando buscamos responder interrogantes o inquietudes. No leemos de comienzo a fin la guía telefónica, el diccionario o una agenda, pero sí un texto de estudio. No nos disponemos a leer del mismo modo un texto polémico que coincide con nuestras creencias que otro que las interpela. No a todos nos resultan más difíciles de entender o más significativas las mismas partes de los textos porque no todos compartimos los mismos puntos de vista y las mismas experiencias. No todos realizamos las mismas inferencias cuando leemos.

Además, en la actualidad, nos encontramos ante un proceso de recomposición cultural a nivel global en el que ya no es posible concebir la palabra y la imagen, lo impreso y lo digital, como ámbitos separados. La lectura ha dejado de ser un proceso lineal y completo para convertirse en otro breve, fragmentado e inconcluso. Los lectores actuales realizan múltiples tareas a la vez: chatean, escuchan música en Youtube y tienen abiertas varias ventanas y libros, todo vía Internet, lo que implica necesariamente la adquisición de nuevas competencias lectoras para seleccionar e interpretar la información haciendo uso de íconos, barras de menús y búsquedas por navegadores.

Sin embargo, no siempre las escuelas proveen a los alumnos las herramientas necesarias para que se conviertan en lectores genuinos. Por el contrario, egresan como "huérfanos de la lectura". A marcha forzada tendrán que incorporar las prácticas lectoras que no heredaron, si son conscientes de sus limitaciones, para insertarse en el mundo académico, laboral o para experimentar el placer de incursionar en otros mundos posibles.

Estos huérfanos de la lectura han tenido a su alcance sólo fotocopias de portadores de textos auténticos, han debido leer ciertos textos con el fin de responder preguntas formuladas por el docente o por el propio texto para evaluar si han comprendido, han estado obligados a resolver ejercicios de gramática en fragmentos del texto con posterioridad a la lectura... todavía en algunas escuelas se producen estas situaciones de lectura "ficticias" o artificiales, que atienden más a exigencias curriculares que a necesidades que los alumnos tienen fuera de ella. Para que estos "quehaceres del lector" sucedan, para que los alumnos no egresen aborreciendo la lectura después de verse obligados durante años a medir la adecuación de su comprensión del texto en cuestionarios y resúmenes hay que pensar en cambiar las condiciones didácticas con el propósito de acercar la práctica escolar a la práctica social: leer con distintos y genuinos propósitos, leer con distintas modalidades, leer distintas clases de textos, leer en distintos soportes, respetando la complejidad de la lectura como práctica social.

La "ruta de los libros" exige lectores activos que procesen en varios sentidos la información presente en el texto, aportándole sus conocimientos y experiencias previos, sus hipótesis y su capacidad de inferencia, lectores alertas, enfrentándose a obstáculos y superándolos de diversas formas, construyendo una interpretación para lo que leen y que, si se lo proponen, son capaces de recapitular, resumir y ampliar la información obtenida.

No muy distintos son los resultados cuando para leer literatura imponemos una lectura monológica, un determinado modo de acceder al texto mediante fórmulas y ejercicios estereotipados. ¿Por qué no abrir espacios de democratización lectora, en el sentido de rescatar aquellas apreciaciones generalmente descalificadas en el ámbito escolar porque son personales, intuitivas o no canónicas de los niños y jóvenes? ¿Por qué levantar muros a la lectura literaria silenciando las lecturas invisibles, inaudibles, que son las que construyen los lectores en su experiencia subjetiva con los textos, no consideradas legítimas?. Son esas lecturas rebeldes, heterodoxas e insólitas, las de quienes leen "a contrapelo" de las interpretaciones oficiales, las que necesitan ser socializadas para que los alumnos se reconozcan a sí mismos como lectores y a los otros lectores como sus semejantes.

Nos advierte Vargas Llosa: "La literatura..., a diferencia de la ciencia y la técnica, es, ha sido y seguirá siendo, mientras exista, uno de esos denominadores comunes de la experiencia humana, gracias al cual los seres vivientes se reconocen y dialogan, no importa cuán distintas sean sus ocupaciones y designios vitales, las geografías y las circunstancias en que se hallen, e, incluso, los tiempos históricos que determinan su horizonte. Leer buena literatura es divertirse, sí; pero también aprender, de esa manera directa e intensa que es la de la experiencia vivida a través de las ficciones, qué y cómo somos, en nuestra integridad humana, con nuestros actos y sueños y fantasmas, a solas y en el entramado de relaciones que nos vinculan a los otros, en nuestra presencia pública y en el secreto de nuestra conciencia".

Como afirma Italo Calvino, abramos "... espacios de interrogación y de meditación y de examen crítico, en suma, de libertad; la lectura es una relación con nosotros mismos y no únicamente con el libro, con nuestro mundo interior a través del mundo que el libro nos abre".


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