Tocar la batería es un sentimiento. Y si no habrá que preguntarle a los 40 bateristas que tocamos en la tarde del domingo en Rosario. En un hecho inédito, al menos en la Argentina, La Legión de bateristas (integrada por músicos y músicas percusionistas de la ciudad y la región) se convocaron en un homenaje a una figura del rock argentino, Oscar Moro, y a un referente de la música rosarina, Omar Pogonza. El mal tiempo del sábado despejó el cielo para que la juntada se dé el domingo pasado, 17 de julio, en un anfiteatro del Parque de España colmado adentro y afuera de ese espacio. Yo fui y soy uno de esos 40. Escribir estas palabras siendo también periodista me ubica por primera vez dentro de esa faceta de ser “arte y parte”, algo inconveniente si me tocase redactar una crítica, pero en este caso apenas voy a tratar de contar un puñado de sensaciones. Algunas, imposible describirlas todas, porque fue muy fuerte lo que se vivió allí. Estar tocando una misma canción con 40 músicos a la vez, golpeando el tambor, el bombo, o haciendo un redoble al unísono va más allá de un disfrute musical. Tiene que ver con la camaradería, con el compañerismo, con gozar tanto de hacer “La balsa”, “Ayer nomás”, “Moby Dick”, “El fantasma de Canterville” y “Mañana por la noche”, como sufrir porque a uno de los bateros, José Luis Gambacurta, le robaron tres platillos y un tambor del ensayo del miércoles pasado en Galpón de la Música, y todavía no hay noticias de recuperarlo.
























