Mucho tiempo antes que existiesen los Beatles, se constituía uno de los regímenes más importantes e influyentes de la historia moderna. Son 40 los años que separan la génesis de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) (1922) y la de los Beatles (1962).
Pero no fue solamente el origen el que separó a ambos fenómenos, sino también las ideologías que representaban: por un lado estaban los de oriente, de corte socialista-comunista y, por el otro, los de occidente, que levantaban las banderas del capitalismo y la libertad.
Desde su constitución hasta su disolución, la estetización soviética chocó y se contrapuso a la de occidente. Pero fue en la década del 60, en plena Guerra Fría, cuando la URSS y los Beatles coincidieron a la hora de generar un impacto en el mundo tanto ético como estético.
Es que, para ese entonces, nacía en Liverpool la banda de pop rock más famosa de la historia que irrumpió en la industria cultural haciendo canciones de paz, amor y libertad.
Los Beatles: la fruta prohibida
Entre oriente y occidente existía una famosa “cortina de hierro” que impedía la penetración cultural de un lado hacia el otro; una barrera más bien abstracta que se terminó materializando con el Muro de Berlín.
Así, miles y miles de obras de arte quedaban frente a la impenetrable cortina. Del lado occidental, la literatura rusa estaba prácticamente relegada y era mal vista por la crítica. Lo mismo sucedía del otro lado, prohibiendo y castigando los consumos occidentales.
De esta manera, el ingreso, venta y difusión de los discos de la banda británica estaban prohibidos dentro de la Unión Soviética. Es que, como se mencionó anteriormente, sus actitudes rebeldes junto con las costumbres occidentales, representaban una amenaza para el régimen.
Llevar el pelo largo podía acabar en un corte de pelo gratis y brutal en comisaría. A su vez, los jóvenes que exteriorizaban su gusto por la banda podían sufrir las consecuencias en su expediente académico.
Contrabando y “la revolución silenciosa”
Sin embargo, el fenómeno Beatle era tal que permeaba cualquier intento de restricción y censura. Pero los castigos, lejos de anular la influencia de los artistas ingleses, llevaron al tráfico clandestino por parte de marineros, actores, comerciantes, entre otros.
El precio de los discos era entonces mucho mayor al que se adquiría del otro lado del muro. Algo que poco les importó a los seguidores soviéticos de la banda que se ingeniaron creativas formas para escuchar y difundir su música a gran escala, sorteando todo tipo de obstáculos.
Primero, aparecieron en un cassette que contenía un compilado de música occidental en la que se incluía el tema “Girl”, aunque con su nombre en ruso, bajo el nombre de “canción popular inglesa” y con una introducción de piano instrumental a cargo del compositor ruso Vadim Gamaliya. También, se grabaron canciones en películas de rayos X, a través los llamados "Roentgenizdat" ("huesos" o "costillas" en ruso), con tocadiscos modificados y carátulas que mostraban partes humanas. Como eran flexibles, se podían comercializar fácilmente sin que nadie se diera cuenta.
Así, poco a poco, “Los Beatles” penetraban la cultura soviética y su música era escuchada clandestinamente por cientos de miles de ciudadanos de la URRS.
Sin hacer mucho ruido, ni llamando la atención “la revolución silenciosa” de la banda británica era un hecho en la cultura soviética.
Levantamiento de las restricciones y el inédito "álbum ruso"
En su momento, los integrantes de la banda desconocían por completo el furor causado dentro del territorio del Kremlin. No estaban al tanto ni del tráfico de discos, ni de la cantidad de seguidores que habían captado.
Al poco tiempo, el 29 de marzo de 1986, se reducen las restricciones a los consumos culturales occidentales en la URSS y la banda advierte el éxito que habían tenido durante la censura.
El sacrificio de los fans había conmovido enormemente a McCartney que no dudó en homenajearlos con la edición de un álbum exclusivamente para el público soviético. Así, dos años después, en 1988, Paul McCartney lanza, a través del sello estatal Melodiya, “Back In The USSR”, que en ruso se dice “CHOBA B CCCP” y se pronuncia "Snova Vee Ess-Ess-Ess-Er".
Se acordaron realizar 400 mil copias del álbum y en su lanzamiento se imprimieron 50 mil copias que contenían once canciones, a pesar de que en el contrato habían arreglado trece. El motivo: las trece pistas excedían la duración que debían tener los LP en la Unión Soviética de acuerdo a la normativa local.
No obstante, meses después, la productora decidió editar las 350 mil unidades restantes respetando la cantidad de canciones establecidas en el contrato y lanzó una segunda edición, que se convirtió en el disco de mayor duración de la era comunista.
No por nada, el ensayista y director Leslie Woodhead tituló su libro y documental How the Beatles Rocked the Kremlin (Cómo “Los Beatles” rockearon al Kremlin). Algunos artistas rusos se animaron a decir que la banda británica “fue el primer agujero en la Cortina de Hierro".
En 1990 Melodiya le otorgó a McCartney la certificación de Disco de Oro, algo que no existía en la URSS sino que era algo típico de la industria musical occidental y capitalista. Fue otro gesto más de la apertura soviética al mundo y la entrega la hizo en el estadio de Wembley de Londres Victor Alexandrovich Solomatin, director ejecutivo de Asuntos Creativos de la discográfica rusa.
2003: McCartney en Moscú
Trece años después de la caída del muro, y poco más de cuarenta años del surgimiento de la banda británica, Paul McCartney llegó a la Plaza Roja de Moscú para finalmente tocar las canciones de Los Beatles a un público que, cuando el mundo estaba dividido, se dejó llevar por el sonido de una generación. Entre las multitudes, estaban presentes el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, y al exsecretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Mijaíl Gorvachov.