En Hamlet dice Polonio en una escena: "Aunque esto sea una locura, detrás sin embargo hay un método". ¿Lo hay inexorablemente en política? Cruzado más tarde por la espada del joven Hamlet, el pobre Polonio podría pensar que su propia muerte es la prueba de lo que afirma. No obstante Hamlet, enloquecido para vengar la muerte de su padre el rey, no deseaba matarlo. No todo es siempre como parece. Si la tragedia es un instrumento valioso para pensar los problemas públicos es porque contiene una reflexión sobre algo que es constitutivo de la política, que es el conflicto.
El vínculo entre tragedia y política es algo que fascina a Eduardo Rinesi, graduado en Ciencia Política en la UNR, exponente de un pensamiento original y movedizo que lleva 35 años enseñando y viviendo en Buenos Aires, y que cada tanto viene a su ciudad. Lo hará este viernes para presentar su último libro que bajo un título de nada ingenua comicidad _¡Qué cosa la cosa pública!_ se mete con el teatro de Shakespeare para analizar usos y prácticas de la política argentina. En especial toma el ciclo romano del poeta inglés para ir encima de un problema fundamental de la discusión argentina y latinoamericana que es la cuestión de la república.
"La tragedia nos enseña lo que la vida humana tiene de frágil y de precaria. Una de las formas de esa precariedad consiste en que los hombres y las mujeres actuamos en el mundo sin ser plenamente conscientes del sentido de lo que hacemos y enfrentado fuerzas que son superiores a nosotros", dice Rinesi, que tiene con Shakespeare algo personal. No apenas porque su madre lleve ese apellido (sin la e final) sino porque hace veinte años se doctoró en Sociología en San Pablo con "Política y tragedia" que es un libro donde los textos del dramaturgo le dan el escalón para abordar los asuntos públicos.
En la temática de Shakespeare los elementos de la política están casi todos: la conspiración, el plan, la traición, el crimen, la ambición, la codicia, el honor. Elementos que implican a las democracias, a los gobiernos, a los manejos de Estado y de los poderes formales. Muy claramente en Hamlet, en Ricardo III o en Julio César en el que Rinesi, que presentará su libro este viernes 8 a las 19 en Santiago 989, se detiene para desmenuzar lo que decimos en Argentina cuando decimos república.
Le interesa La tragedia de Julio César porque en el episodio del año 44 antes de Cristo aborda el asesinato de un líder popular amado por el pueblo. El rasgo que atrae a Rinesi, algo que observa Shakespeare, es que si bien Cesar no había hecho nada condenable una elite empieza a sospechar que en ese tan grande amor que su pueblo le profesa puede estar el germen de lo que lo tiente a convertirse en un tirano. "Y es tan horrible lo que menta en la tradición republicana la palabra tiranía que la mera posibilidad de que semejante cosa fuera a ocurrir justifica a esta muchachada de apuñaladores enfáticos a llenarle el cuerpo de tajos", dice el politólogo rosarino.
La historia de ese crimen se complejiza porque se hace en nombre de una justificación republicana. "Pero cuando uno presta un poco de atención lo que hay allí hay una idea muy particular y sesgada de república. Una república que no soporta a un líder del pueblo porque no soporta al pueblo y los asesinos son todos señoritos de la elite senatorial. Habría que preguntarse si lo llenaron de puntazos al César porque eran republicanos o, diríamos aquí, porque eran niños ricos con tristezas. Con esa perspectiva le entré a Julio César".
La meditación enlaza con el debate contemporáneo y ausculta a lo largo de los siglos las disputas y discusiones que acarrea ese concepto. "Cuando en la discusión política, periodística y hasta académica se dice «república» lo que se quiere decir es a todo lo contrario de lo que indicaría la palabra maldita: populismo. Entonces república se opondría al gobierno del bajo pueblo y a los liderazgos personalistas subyugantes".
Rastreando en la historia de los antiguos griegos y romanos Rinesi localiza distintos modelos de república: más aristocrático y más antipopular en un rango, más plebeyo y democrático en otro. Una refriega por la apropiación del sentido del vocablo en Argentina reduce hoy toda esa riqueza a un bando.
El poeta inglés era un muy sagaz pensador que tenía sensibilidad, dice Rinesi, para captar qué cosas estaban en juego en las encrucijadas políticas. "Hay algo esbozado del carácter de clase de la indignación de los miembros de la elite ante el emperador venerado por los plebeyos. Los discursos contrapuestos del líder de los matadores (Bruto) y del jefe de los amigos del César (Antonio) son momentos de enorme calidad de la obra donde Shakespeare expone que en el amor por la república de estos muchachos estaba disfrazado, y no siempre bien disfrazado, el odio al pueblo. En Argentina se llenan la boca con esa palabra un conjunto de actores que cuando están en el poder malvenden el patrimonio colectivo, o arruinan las condiciones para el bienestar general o entorpecen la felicidad del pueblo. Y res pública, cosa pública, quiere decir justamente eso: bienestar colectivo, patrimonio general, posibilidad de dicha. Parece que tuviéramos que elegir antes de empezar una conversación si estamos del lado de la república o del populismo. Traté de desmontar el sentido común donde una república solo puede ser equivalente a ser enemiga del pueblo y de sus líderes".
En 1986 un grupo de ingresantes de Ciencia Política nos quedábamos extasiados en las asambleas con un flacucho de barba que a punto de egresar hacía relaciones ingeniosas entre política de coyuntura y literatura. Aquél berretín parece haber persistido en este académico que da clases en la UBA, en el Nacional Buenos Aires y en la Universidad de General Sarmiento. Hacemos elecciones, estamos condicionados, no sabemos donde vamos y a veces nuestras opciones, como la espada de Hamlet que mata a Polonio, nos llevan a lugares inesperados. Rinesi recoge el monólogo fundamental de esa obra y lo cita de memoria. "¿Es más noble soportar con temple los dardos y flechazos de la insultante fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y ponerles fin?" Aguantar lo que pasa o, desde el ámbito que nos toca, implicarnos. Es la pregunta, shakespereana, de qué hacemos en política.