La oficialización del nuevo vínculo de Cristian González como técnico de Central es un acto de coherencia de la comisión directiva canalla. El presidente Rodolfo Di Pollina y algunos de sus pares siempre tuvieron en la idea madre del proyecto, sobre todo para encarar los tiempos de pandemia, que el Kily debía llevar adelante un ciclo en el que la promoción y la consolidación de juveniles debía tener la fuerza simbólica de una bandera. Pasado un año y medio de este ciclo, el Kily logró darles minutos en primera división a pibes surgidos en el vivero canalla, incluso a algunos los potenció como los casos de Lautaro Blanco, Gastón Avila y Gino Infantino, pero la verdad es que nunca pudo gestionar a un equipo con identificable soporte colectivo.
Dicho con otras palabras, Central durante el ciclo del Kily nunca se pareció a un buen equipo. Si por esto se entiende que un buen equipo es aquel que sabe manejar todas las circunstancias favorables y desfavorables que se le presentan adentro y afuera de la cancha. Tampoco supo encontrar respuestas futbolísticas y anímicas para resolver los problemas que le generaron los rivales y nunca logró desactivar con armonía los conflictos que se produjeron puertas adentro. En ese sentido, el equipo actuó como un fiel devoto de lo que es el Kily, una persona volcánica y con un carácter camaleónico. Funcionó a imagen y semejanza del entrenador que tiene. No es una crítica, simplemente es un retrato de lo que se observa.
Por eso el gran desafío que tiene el Kily para encarar el 2022 es decidir con qué cuerpo técnico trabajará y reordenará las piezas en puestos estratégicos para que funcionen como un engranaje. Retoques deberá realizar ya que una simple mirada introspectiva retrata que Central fue uno de los peores equipos en defensa en el torneo. No fue obra de un plato volador que sea uno de los que más goles sufrieron (41), apenas superado por Lanús y Atlético Tucumán. Otro dato estadístico: en 25 partidos solo en tres mantuvo la valla invicta y nunca lo hizo en condición de visitante. Estos números tienen la rotundidad de lo inobjetable, aunque la exégesis de la situación desnuda que Central interpretó como nadie las películas del gran Luis Sandrini, ya que en minutos fue capaz de hacer reír como de llorar.
Ahora se inaugura un tiempo en el que el Kily ya no tendrá la coartada perfecta de decir que Central es una formación en construcción. Asumió en junio de 2020 y ya tuvo meses suficientes para detectar en qué sectores del campo había que realizar restauraciones. En los cinco campeonatos que dirigió (Copa Maradona, Copa Argentina, Copa de la Liga Profesional, Copa Sudamericana y el último campeonato) algunas surtieron el efecto esperado y otras fueron más de lo mismo. Para mejorar este mapa de acción, el técnico ya arrancó la rueda de reuniones con el director deportivo Raúl Gordillo para diagramar el plan de refuerzos para el año que viene y ahora sí ya no hay margen para pifiarla. Porque así como el Kily se ganó con justicia otro año como técnico canalla, también es cierto que otros equipos con menos nombres y más funcionamiento jugaron mejor que Central en este campeonato. Defensa y Justicia, Estudiantes, Colón, Huracán, Lanús, Gimnasia y Unión, solo por citar algunos ejemplos, tampoco es que tuvieron en sus planteles a una constelación de estrellas. En todos estos equipos se vio la mano del entrenador y un estilo reconocible. Como bien se escribió en su momento, el Kily hizo de su Central un equipo de autor, pero por personalidad y carácter. Ahora es momento de incorporarle a esa arenga automatismos posicionales, hábitos estratégicos y rutinas tácticas. Y esto es función exclusiva del Kily y su cuerpo técnico, no de los dirigentes. El trabajo dirigencial, con Di Pollina a la cabeza, es el que el entrenador debe agradecer por la nueva oportunidad que le dieron. En esta dirección, el presidente canalla fue consecuente con lo que le dijo al Kily en la conferencia de prensa de presentación cuando lo definió como el DT de Central para encarar un proyecto con inserción y consolidación de pibes. Ahora es tiempo de armar un buen equipo.