Si algo dejaron en claro directores, docentes, porteras, padres, madres y chicos de las escuelas atacadas y amenazadas en los barrios es que un patrullero estacionado en la puerta no es la solución al problema. Lo repitió en el acto que se llevó adelante este martes en la plaza San Martín Ana Ugarte, directora de la escuela Nº 84 José Mármol, y se vio este miércoles en la puerta de Larrea al 300 cuando el edificio volvió a abrir sus puertas a los chicos por primera vez tras la balacera del sábado. Pero no todos volvieron a las aulas.
"El miedo hizo que algunos no empezaran, pero vinieron más de los que esperábamos", dijo Ana "sin bajar los brazos" como lo había anticipado y consciente desde siempre de que volver a ofrecer un lugar seguro sería una tarea trabajosa.
Tanto la José Mármol de barrio Ludueña como el Complejo Rosa Ziperovich, de Empalme Graneros, recién este miércoles reabrieron sus puertas y retomaron la normalidad de sus actividades tras las balaceras sufridas durante la noche del sábado y las movilizaciones realizadas el pasado martes en reclamo de respuestas por parte de los tres niveles del Estado a la violencia que padecen también los establecimientos escolares.
Mientras tanto, los gremios de docentes oficiales y particulares, Amsafé Rosario y Sadop, que esperaban tener una reunión con el ministro de Seguridad de la provincia, Claudio Brilloni, finalmente recibieron a última hora una postergación del encuentro y ahora esperan una próxima fecha para evaluar la situación de seguridad los edificios escolares de la ciudad.
Contener y escuchar
No hubo quien no dijera que estos últimos días fueron "difíciles", por lo que se supuso que no todos los chicos regresarían a clases.
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Celina Mutti Lovera/La Capital
"Hubo menos chicos, es cierto, pero vinieron más de los que esperábamos", dijo la directora ya sobre el mediodía, a poco de haber completado esa jornada clave, el día D del regreso donde no dejó de estar en un estado de alerta permanente.
El contexto de las horas previas tampoco había ayudado mucho en el barrio, donde en el arranque de la madrugada se había producido un nuevo crimen que habían conmocionado a los vecinos. "El barrio sigue convulsionado, mataron a un hombre y eso también tiene a la gente muy alterada y con miedo", agregó la directora, en referencia al homicidio de un hombre en Humberto Primo al 2000.
Así, más de la mitad de los alumnos de cada curso estuvieron presentes. "Eso para nosotros es mucho y confiamos en que de a poco, van a ir viniendo más, aunque entendemos también el temor de los padres y madres, que se acercan atentos a buscarlos, preguntan y están con nosotros", volvió a decir Ugarte.
Es más, en el caso del jardín y dada la situación del barrio y la edad de los alumnos, los adultos fueron convocados a ingresar a retirar a los chicos.
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"Los hacemos entrar y entonces así todos estamos más tranquilos", explicó la directora, que señaló que fue sobre todo "una jornada de escucha y contención, de estar atentos y de como adultos, mantenernos enteras y calmadas para poder acompañar la situación".
Escuelas bajo amenaza
Si bien el impacto concreto de las balas contra los edificios conmocionó este fin de semana, la búsqueda de las escuelas como blanco de amenazas y como caja de resonancia de la violencia que atraviesa la ciudad se arrastraba ya desde el inicio del año.
De hecho, para finales de marzo, se habían contabilizado cuatro establecimientos que denunciaron amenazas con mensajes narco desde el comienzo de las clases e incluso en más de un caso, en esos días, las actividades habían quedado suspendidas. Y durante el acto convocado por los gremios, el titular de Sadop, Martín Lucero criticó la actitud de los representantes legales "algunos colegios que deciden no hacer la denuncia y ponen en duda la situación diciendo que es la nueva modalidad de amenaza de bomba de los alumnos para no ir a rendir".
Una de las últimas amenazas recayó a mediados de marzo sobre la escuela Nº 1.319, un edificio que alberga a más de dos mil chicos en Empalme Graneros, donde encontraron un cartel que los obligó a las clases del turno mañana. A pocas cuadras de allí, días antes, habían asesinado al niño de 11 años Máximo Jerez, otro hecho que había conmocionado a la ciudad y, sobre todo, al barrio.
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Sin embargo, no había sido la primera usada "como amplificador de los mensajes narco", como señalaron por esos días los maestros. El 6 de marzo la escuela Nº 6.430 Isabel La Católica tuvo que interrumpir las clases porque durante la noche del domingo, desconocidos abrieron fuego conta la escuela de la esquina de Grandoli y Ayolas.
Tres días después, los padres de los alumnos de la escuela Tomas Espora, en la zona norte, tuvieron que retirar a los chicos antes de hora porque en la vereda del edificio escolar habían descubierto un mensaje con la amenaza "clases o tiros". La escuela está ubicada a escasos 30 metros de la comisaría 30ª, un centro de salud y otro establecimiento educativo.
La anterior fue la escuela Nº 61 Juan Galo Lavalle, de Juan Manuel de Rosas al 4000, donde el 22 de marzo directivos y docentes de la primaria se encontrarse con una nota intimidatoria en el hall del establecimiento. Allí, se mencionaba a un interno de la Unidad de Detención de Coronda.