José de San Martín, en el nombre del padre

Un testigo privilegiado

El legendario pino a cuya sombra San Martín dictó el parte del combate de San Lorenzo, en 1813, ya no vive, pero su legado continúa.

Lunes 17 de Agosto de 2020

En su paso por San Lorenzo, José de San Martín se recostó sobre un histórico pino que vivió más de doscientos años y hoy es un símbolo para la ciudad.

La primera batalla que tuvo el Libertador en su largo y extenuante periplo independentista se produjo en San Lorenzo, cuando junto a su recién creado Regimiento de Granaderos a Caballo se enfrentó a los realistas que asolaban las costas del Paraná. Ese acontecimiento, que marcaría el inicio de un sendero triunfante para el Padre de la Patria, tuvo un testigo que por muchos años siguió habitando el lugar: un histórico pino piñonero o, como lo indica su nombre científico, un pinus pinea.

Teniendo en cuenta lo que datan distintos archivos históricos, bajo la sombra de ese pino, que estaba ubicado por entonces en el sector de huerta del convento San Carlos, el general San Martín dictó al teniente Mariano Necochea el parte del combate, comunicando al gobierno la victoria contra los realistas obtenida el 3 de febrero de 1813. “Se trataba de un pino de la especie pinus pinea cuyas semillas se encuentran dentro de las típicas piñas de pino, las cuales son comestibles y utilizadas en guisos y salsas, y para producir harina utilizada en repostería. También se usa como forestal, como árbol ornamental y para extraer resina”, especifica Rubén Coniglio, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR.

El pino histórico es una conífera originaria de la costa del Mediterráneo. Fue plantado en 1796 por los frailes franciscanos que se instalaron en la zona en los fondos de la huerta del convento. El ejemplar fue declarado Árbol Histórico por decreto del Poder Ejecutivo nacional en 1946. El especialista comentó que esta especie es un árbol que puede crecer desde 12 hasta 45 metros de altura, y se caracteriza por tener la corteza de color castaño rojiza y agrietada en profundidad en forma de rectángulos, una vez adulto. “En 1813 el tamaño del pino no debió haber sido muy grande, calculo entre tres y cuatro metros de altura y con ramas hasta la base, por lo que estimo que San Martín descansó y dictó el parte del combate más bien en la trayectoria de su sombra que literalmente debajo del árbol”, aclara Coniglio.

El pinus pinea sobrevivió al paso del tiempo hasta un año antes de cumplirse el bicentenario del combate de San Lorenzo, momento en el cual se desató un fuerte temporal en la zona que dañó al ejemplar y provocó, finalmente, su muerte. Cabe recordar que en 1999 el añoso árbol ya había sufrido otro embate de la naturaleza, sobreviviendo milagrosamente a un fuerte tornado que afectó a la ciudad, perdiendo en esa oportunidad gran parte de su copa.

“En octubre de 2012 hubo una tormenta muy fuerte de granizo, acompañada de abundante lluvia y muy intensas ráfagas de viento, que destruyó alrededor del 75 por ciento del follaje del pino, lo que causó la muerte de parte de la copa por los golpes directos y desembocó en lo que se denomina cavitación o embolismo. Cuando empezaron las altas temperaturas de finales de ese mismo año, murió el 25 por ciento restante de la copa por la excesiva transpiración de las hojas, que antes estaban a la sombra de las ramas defoliadas por el granizo, superando la capacidad de absorción de agua por las raíces y transporte hacia la copa del árbol”, informó el docente de la Facultad de Ciencias Agrarias.

Coniglio fue uno de los especialistas que se sumó a la titánica tarea de intentar salvar semejante testigo de la historia. Muchas acciones se implementaron para intentar cumplir el objetivo: injerto para reparar heridas mayores previas al granizo, injerto de incrustación de una púa del pino original sobre un hijo situado a la par, la micropropagación de ápices caulinares y de raicillas en laboratorio y la siembra de semillas del pino original para luego micropropagar sus ápices. “Realizamos continuas interconsultas con ingenieros forestales de todo el país e ingenieros agrónomos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, pero sin embargo, nada dio resultado”.

En un reciente estudio de edad que se realizó, se constató que el ejemplar supera largamente los doscientos años de edad, aunque no es posible determinar con total exactitud un número. “Considerando que en 1790 comienza la construcción del convento San Carlos y que el traslado de los franciscanos desde la estancia San Miguel del Carcarañal, en la margen derecha del río Carcarañá, en la actual localidad de Aldao, se produce en 1796, suponemos que a la fecha de su muerte el pino tenía entre 217 y 223 años de edad”.

Los restos de ese longevo pino se encuentran emplazados sobre la avenida principal de la ciudad que, como no podía ser de otra manera, lleva el nombre de General San Martín. “Ahora están en pie el tronco principal y parte de dos ramas primarias, que conservamos con impregnante de maderas. Hará un mes atrás, la Municipalidad terminó de armar tres brazos de sostén para que no se caiga. Se puede constatar que al día del bicentenario del combate, el 3 de febrero de 2013, aún quedaban raicillas turgentes vivas, de esta manera se puede certificar que llegó agonizante al bicentenario, con la copa totalmente muerta”.

Por muchos años fueron reproducidos retoños de este histórico ejemplar y plantados a lo largo de la ciudad, como también en la mayoría de las localidades cercanas de la región y de otras provincias: Rosario, Bombal, Capitán Bermúdez, Timbúes, Oliveros, entre otras. Muchos de ellos lamentablemente ya han muerto por distintas contingencias climáticas, como granizo o fuertes vientos. “Cabe destacar la presencia de uno de estos retoños de más de 75 años en el parque Villarino de Zavalla, donde se emplaza la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR. Además, la misma semana en que se produce la muerte total de la copa se advierte el nacimiento espontáneo de dos hijos provenientes de semillas debajo del pino original, los que se encuentran bajo cuidado especial. Uno continúa en la actualidad ubicado al lado del original, mientras el otro ejemplar lo trasplantamos al patio del convento”, comentó Coniglio.

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