La falta de cumplimiento del esquema de vacunación obligatorio que prevé la
inmunización contra la tos convulsa aparece hoy como la causa más directa del aumento de casos de
la enfermedad en la ciudad y el país. Esta situación, que se torna particularmente grave en los
niños menores de un año porque puede llevar a la muerte, acarrea también el riesgo de que los
últimos brotes registrados desde agosto del año pasado en Rosario reproducen el contagio de la
bacteria causante de la enfermedad.
Las doctoras Dora Mantello, coordinadora de la red de
infectología municipal, y Ana Chiossone, infectóloga pediátrica del Hospital Vilela, confirmaron a
La Capital el aumento sostenido del número de casos de tos convulsa en la ciudad. En un año
(enero 2007 hasta los días que corren de febrero) fueron confirmados un total de 80 nuevos
enfermos.
El calendario oficial de inmunizaciones prevé la aplicación
gratuita de la vacuna contra la coqueluche a los 2, 4, 6 y 18 meses de edad, y un refuerzo previo
al ingreso escolar (5 ó 6 años). La vacuna se encuentra incluida en la cuádruple bacteriana o DPT
(difteria, tétanos, Haemophilus influenzae y pertusis o tos convulsa). En Rosario la vacuna está
disponible en forma gratuita para todos los niños hasta los 7 años en los centros de salud
municipales y provinciales, hospitales de niños y adultos, y en el Cemar.
El crecimiento sostenido de nuevos enfermos no es un
fenómeno local. Por el contrario la incidencia de la enfermedad aumentó también en el resto del
país (Tucumán, La Plata, Buenos Aires, Neuquén y Esquel) producto de una disminución de la
vacunación.
Al respecto Mantello y Chiossone advirtieron que la
inmunidad inducida por la vacuna no dura toda la vida. Esto hace que con el tiempo disminuya la
protección y los adolescentes contraigan la enfermedad. "Aunque a esa edad no es riesgosa y se
presenta con accesos de tos persistente que no llegan al diagnóstico, sí puede serlo para los que
están en contacto con ellos, sobre todo si se trata de niños no vacunados", dijeron las
profesionales.
La aplicación masiva de la vacuna comenzó con un esquema
que preveía la inmunización a los 2, 4, 6 y 18 meses. El refuerzo al ingreso del ciclo escolar se
agregó en 1985 con vistas a reforzar la inmunidad por más tiempo. "Aunque tuviéramos vacunado hasta
el último niño la inmunidad alcanza sólo al 80%", aclararon Mantello y Chiossone.
Tos persistente. La enfermedad se manifiesta habitualmente con un período de
incubación que se extiende entre 7 y 10 días, luego de lo cual se presenta una fase catarral (una
semana) con moco nasal y catarro, período en el cual se produce el contagio a las personas
cercanas. Finalmente se instala la fase paroxística, con tos pertinaz sin inhalación de aire que en
los lactantes puede ir acompañada de vómitos, suspensión temporaria de la respiración (apnea) y
cianosis (coloración azulada alrededor de la boca). Durante el proceso la persona no sufre fiebre
elevada (hasta 38 grados).
El ciclo se prolonga entre dos y cuatro semanas, pero suele
ocurrir que ante un nuevo estímulo a otro patógeno la persona vuelva a tener tos con las mismas
características aunque esto no significa que la enfermedad se repita sino que por un tiempo
persiste la sensibilidad del árbol respiratorio.
"Generalmente las madres consultan porque el niño tiene una
tos constante que no para, durante la cual se le pone la cara morada", explican las médicas.
La bacteria bordetella pertussis, agente causal de la
enfermedad, ataca el epitelio respiratorio liberando una toxina, no extendiéndose a otras zonas del
organismo. En un análisis de sangre de la persona afectada aparece un aumento muy marcado de los
glóbulos blancos, inducido por la presencia de la toxina. La confirmación del diagnóstico viene a
través del análisis del moco mediante técnicas de biología molecular (PCR) o cultivo en
laboratorio.
El contagio se produce por vía respiratoria a través de la
eliminación de partículas con la tos. Los más expuestos son los familiares cercanos, sobre todo si
la vivienda la comparten con algún menor de un año. Aun cuando la posibilidad de contagio es alta
no es necesario el aislamiento del enfermo, aunque sí la prevención mediante la administración de
antibióticos a los convivientes.
En el caso de niños pequeños que concurran a guarderías o jardines
de infantes Mantello y Chiossone aclararon que si hay un niño afectado se van a contagiar los que
estuvieron en contacto con él "aunque estén vacunados".
A modo de prevención aconsejan consultar con el médico pediatra quien
seguramente indicará la administración del antibiótico específico. "En caso de que se haya
producido el contagio nunca va a ser tan grave como en el caso que no haya estado vacunado",
dijeron.
Monitoreo del riesgo. "Desde agosto en que comenzamos a detectar un aumento de la
incidencia de la enfermedad efectuamos un monitoreo de las zonas de riesgo (ver mapa en infografía)
y adiestramos a la red de salud municipal para mejorar el diagnóstico y sobre el modo de
administrar el antibiótico a los convivientes con el enfermo", apuntaron Mantella y Chiossone. "Los
casos detectados se trataba de niños que no habían completado el esquema de vacunación",
agregaron.
Los antibióticos específicos utilizados contra la bacteria
son la eritromicina, la claritromicina y la citromicina. "no sirve aplicar cualquier droga, por eso
hay que consultar con el médico", finalizaron diciendo las profesionales.