Policiales

Una fiscal investiga el secuestro de la mujer de un comerciante chino

Tres hombres de rasgos asiáticos la metieron en un auto frente a su esposo. La dejaron en Fisherton a 40 minutos. Y luego llamaron y pidieron u$s 50 mil

Lunes 21 de Agosto de 2017

La denominada mafia china volvió a actuar con otro hecho que denota cierta actividad temeraria en Rosario. La mujer de un comerciante de esa nacionalidad que está al frente de un supermercado del macrocentro fue secuestrada por tres hombres armados que, tras liberarla en Fisherton unos cuarenta minutos más tarde, amenazaron a su marido con matar a la familia si no se ajustan a los códigos extorsivos. Le exigieron el pago de 50 mil dólares a cambio de permitirles seguir trabajando. Desde hace dos semanas la pareja vive con custodia policial y prácticamente encerrada, lo que no evitó una nueva intimidación en la cual le arrojaron pintura roja al local .

Esta problemática sobre la que el Ministerio Público de la Acusación (MPA) viene trabajando desde hace ya tres de años a raíz de varios incidentes de intimidación, ataques armados, amenazas y extorsión a comerciantes chinos, volvió a mostrar una cara preocupante. El grave incidente ocurrió el 4 de agosto a las 0.40 en el barrio Abasto frente a la casa de dos comerciantes chicos que atienden un supermercado en 27 de Febrero al 1300. Se trata de un matrimonio, de unos 30 años y con hijos pequeños, que volvía de una reunión cuando fueron sorprendidos en la vía pública por tres desconocidos con rasgos asiáticos, descriptos por las víctimas como conciudadanos.

Uno de ellos golpeó al hombre con un objeto contundente e intentó raptarlo, pero como logró zafarse terminaron secuestrando a la mujer. La subieron a un Citroen C3 negro con vidrios polarizados y escaparon con rumbo desconocido.

El comerciante hizo un llamado pidiendo auxilio al servicio de emergencias 911 y los vecinos que advirtieron el incidente se comunicaron con la comisaría 5ª. A la 1.40 la mujer dio señales de vida: apareció a salvo en un taxi tras ser abandonada en el barrio de Fisherton, en la zona oeste de Rosario. De acuerdo al relato del matrimonio, los atacantes estaban armados y según pudieron advertir en fotografías habrían usado una pistola automática calibre 45.

Si bien el secuestro ya había actuado como una temeraria advertencia, luego sobrevino la confirmación del mensaje con una mecánica diferente a la de otros casos. Esta vez no hubo bomba molotov o balacera frente al negocio sino que el comerciante recibió tres llamadas de un mismo número telefónico. Una voz intimidante en algún dialecto chino lo amenazó con matar a la familia si no aportaban una suma de 50 mil dólares.

Las víctimas entraron en pánico: los responsables de la intimidación habían demostrado contar con logística y medios para hacer daño. Presentada la denuncia, a pedido de una fiscal se ordenó custodia policial permanente para la familia, cuyos miembros apenas salen a la calle para realizar trámites imprescindibles.

"Las amenazas telefónicas fueron in crescendo y por eso se contactaron con nosotros para actuar de nexo con la fiscalía", contó el abogado Federico Laurito. El profesional patrocinó una denuncia de la pareja que se sumó al legajo abierto de oficio tras los llamados a la policía. El jueves 10 de agosto se registró un nuevo incidente cuando desconocidos arrojaron pintura roja al frente del súper, simulando sangre.

"Nuestros clientes manifiestan no tener deudas anteriores ni vínculos con la mafia china. Son trabajadores radicados en la ciudad desde el año 2004 que a raíz de estos acontecimientos consideran irse a un lugar más tranquilo", confió Laurito, quien aclaró que el ataque no llegó a ser un secuestro extorsivo y que la exigencia de dinero sería "como una suerte de canon".

Aunque no se llegó a producir un secuestro extorsivo, ya que no hubo pedido de rescate, se configuró el delito de privación de la libertad con amenaza extorsiva. Según fuentes cercanas al caso, el matrimonio lo habría vivido como el capítulo más dramático de una saga de hostigamiento.

La investigación del caso quedó en manos de la Fiscalía con Imputados No Individualizados cuya titular es Verónica Caini, quien se notificó del hecho a través de la Embajada de China. De inmediato la funcionaria ordenó el relevamiento de cámaras, testimoniales y pericias.

En esa fiscalía además se concentran al menos 30 denuncias de casos de atentados y amenazas a comerciantes chinos asentados en Rosario y localidades vecinas, algo que se viene repitiendo con distintas modalidades pero con algunos patrones comunes.

Se trata de notas pegadas en mandarín en los portones donde exigen sumas de dinero en pesos o dólares con amenazas de muerte, precedidas por balaceras en las fachadas o bombas molotov arrojadas al interior de los salones. Los agresores, en algunos casos detenidos, son mano de obra argentina, pero en este último incidente el hostigamiento pareciera provenir de integrantes de la propia comunidad china.

A una semana de que la mujer fuera retenida en un auto, el frente del autoservicio apareció teñido con pintura roja

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