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Quién era Pablo, el chico al que mataron cuando iba a ver a su hermano jugar a la pelota

Había cumplido 14 años hace un mes y estaba a punto de pasar a segundo año. Jugaba al fútbol en Juan XXIII desde los tres años y su papá decidió donar sus órganos.

Jueves 22 de Noviembre de 2018

Antonio Silva, el papá del chico que fue asesinado anoche en Pueyrredón y Garibaldi, no encuentra consuelo ni palabras para explicar lo que ocurrió a cuatro cuadras de su casa. "No tengo mucha información. Sólo sé que fue a ver cómo jugaba al fútbol a su hermano. Estaba ahí parado cuando alguien pasó, disparando y le pegaron en la espalda", dice con tono pausado tratando de hilvanar el relato, tratando de contener la emoción.
Pablo, quien cumplió 14 años el 5 de octubre pasado, recibió un balazo en la espalda y murió. Los motivos de la balacera son un misterio que la Justicia confía en dilucidar. Los vecinos del barrio atribuyen el tiroteo a una reyerta entre bandas que se disputan la venta de drogas en la zona de Garibaldi y Pueyrredón. El chico, claro está, era completamente ajeno al enfrentamiento e inocente.
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Antonio se esfuerza para recomponerse después de recordar los últimos momentos que compartió con su hijo y espontáneamente cuenta que, cuando le comunicaron que Pablo había muerto, no dudó en donar los órganos del pequeño.
"Ya no me lo van a devolver y hay gente que está desesperada, esperando un órgano", explicó Antonio, quien se desempeña como coordinador de las divisiones inferiores en la Asociación Deportiva Juan XXIII. y agregó: "Pablo era sano y muy joven, sus órganos podrían ser aptos para cualquiera que los necesite".

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Pablo tenía 14 años y jugaba al fútbol en Juan XXIII.
Pablo tenía 14 años y jugaba al fútbol en Juan XXIII.

Pablo, cuenta su papá, estaba a punto de pasar a segundo año de la secundaria. Cursaba en la Escuela República Arabe Unida, de Oroño y Ameghino, la misma donde hizo toda la primaria. "Todas las mañanas lo llevaba a la escuela", contó conteniendo la emoción, y siguió: "Pablo estaba contento porque mañana era su último día de clase y no se había llevado ninguna materia. Era uno de los pocos chicos que pasaba de año sin recuperar materias".
Antonio recuerda el último día que vio a su hijo calzarse los pantalones cortos y salir a la cancha. Fue el lunes pasado cuando Juan XXIII enfrentó a Gálvez. "Jugaba de enganche y siempre en Juan XXIII, desde los tres años de edad", recordó el padre.

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Pablo Silva había cumplido 14 años a principios de octubre.
Pablo Silva había cumplido 14 años a principios de octubre.

La muerte del chico, que tenía tres hermanos mayores, conmovió no sólo a sus vecinos, sino también a todo el fútbol infantil de la ciudad. Es que su papá, además de ser coordinador de divisiones en Juan XXIII, también dirigió equipos de baby fútbol y actualmente también es ayudante del director técnico de primera división.
"Nosotros vivimos a cuatro cuadras del lugar. Lo único que sé es que fue a ver a su hermano jugar al fútbol y pasó esto"
"Ayer lo llevé a la escuela a la mañana y me fui a una reunión con el técnico de primera por el partido que tenemos esta semana para ver si nos salvamos del descenso. Pablo volvió a casa después de las doce y media y después de comer se fue a dormir la siesta. Me pidió que lo despierte a las tres porque quería ir a ver a su hermano. Eso hice, pero tenía tanto sueño que no me hizo caso y se quedó durmiendo", recuerda Antonio.

Antonio cuenta que esa tarde se fue de su casa para seguir con sus asuntos y que cuando volvió, poco después de las 20, se metió en la ducha en busca de un poco de alivio tras una jornada de mucho calor, antes de la cena.
"Poco después de las nueve de la noche, un chico vino a mi casa para avisarme que le habían pegado un tiro a Pablito. Entonces me fui volando al Hospital Roque Sáenz Peña. Allí me dijeron que no estaba, pero que por la edad debería estar en el Vilela", relató.

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Pablo jugaba de enganche en Juan XXIII. Tenía 3 años cuando comenzó a practicar fútbol.
Pablo jugaba de enganche en Juan XXIII. Tenía 3 años cuando comenzó a practicar fútbol.

"Me fui para allá, y tampoco estaba. Finalmente lo habían llevado al Heca. Cuando llegaba me paró el doctor con el parte. Me informó que tenía un tiro en la espalda que le había dañado la aorta, y que la bala se incrustó en una vértebra. El estado era irreversible. Había perdido mucha sangre. A la hora y media o dos, me avisaron que había muerto", continuó Antonio.
El hombre no tiene idea de dónde pudo haber llegado esa bala. "Nosotros vivimos a cuatro cuadras del lugar. Es otro sector, no sabemos qué pudo pasar. Lo único que sé es que fue a ver a su hermano jugar al fútbol y pasó esto. Desconozco lo que pasa en ese entorno", reflexionó, como buscando consuelo.


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