Policiales

Prisión preventiva por dos años al acusado de atacar a un anciano en su casa

Carlos R. fue imputado de agredir a Antonio A. en su vivienda de Solís al 1700 en un intento de asalto cometido el domingo a la tarde. Él dijo ser inocente

Viernes 02 de Febrero de 2018

Antonio A. estaba tirado sobre un charco de sangre en el piso de su casa de Solís al 1700 cuando uno de sus nietos llegó a socorrerlo. "Ese hijo de puta me arruinó la vida. Fue el ayudante del albañil", le dijo el hombre de 89 años que acababa de sufrir un profundo corte en el cuello al resistir un asalto, el domingo a la tarde. Con esos datos la familia ubicó a Carlos Ramón Anacleto R., un changarín y vendedor ambulante de 39 años que hace dos años cumplió una condena por robo. Fue detenido al día siguiente frente a su casa del barrio La Cerámica en circunstancias confusas y según denunció él, violentas, por lo que se investigará si hubo abusos policiales. Ayer admitió que fue al domicilio de Antonio a reparar unas persianas, pero negó haber cometido el ataque del que quedó imputado como autor y por el cual le dictaron la prisión preventiva por dos años.

Esas medidas fueron resueltas ayer a la mañana por el juez Luis María Caterina en una audiencia imputativa. Carlos R. es un hombre de escasa instrucción (llegó a 7º grado) y que no avanzó en su escolarización. Acaba de cumplir una condena de 9 años de cárcel por robo calificado, resistencia calificada a la autoridad y lesiones leves dolosas. La pena venció el 20 de enero de 2016.

Al prestar declaración en la audiencia de ayer, Carlos R. dijo que es vendedor ambulante de toallas y medias y que también se la rebusca con el cirujeo o vendiendo rifas, mientras que su esposa trabaja de noche en tareas de limpieza. "En la cárcel aprendí a trabajar la madera, a tallar", acotó el detenido, un hombre delgado, de ojos claros, vestido con un pescador de jean y una remera desgastada que fue asistido por la abogada pública Adriana Lucero.

La fiscal Gisela Paolicelli lo acusó como autor de robo doblemente calificado por el uso de arma blanca y lesiones graves en grado de tentativa. Para la funcionaria, "la gravedad del hecho y el gran daño personal a resarcir" provocará que la pena se aleje del mínimo de 2 años y 5 meses si es encontrado culpable.

Entre otras pruebas, la fiscal remarcó el testimonio de la víctima que reconoció a Carlos R. y lo mencionó como el agresor. El jubilado se encontraba ayer internado en el policlínico Pami II y un parte médico leído en la audiencia indica que permanece en el área de terapia intensiva, grave pero estable, sin respirador artificial.

Señalado por la víctima

Según el legajo fiscal, a las 19.30 del domingo Carlos R. golpeó la puerta de una casa de Solís al 1700 y lo recibió Antonio, quien estaba con su esposa. Lo tomó del cuello y lo empujó del garaje a la cocina pidiéndole dinero y amenazándolo con un cuchillo. Ante la negativa del anciano le provocó una herida cortante en la región cervical anterior para darse a la fuga sin robar nada en una bicicleta en mal estado.

Un nieto de Antonio llegó alertado por un vecino y encontró a su abuelo sobre un charco de sangre. El hombre le contó que lo había atacado el ayudante del albañil que había estado trabajando en la casa de al lado, donde vive un familiar. Ya en el hospital el anciano dio más detalles del aspecto físico del agresor.

Con el relato de la víctima, sus familiares comenzaron a investigar. Contactaron al albañil y le preguntaron quién era su ayudante. Éste les facilitó algunos datos y también consiguieron imágenes de cámaras de vigilancia donde se ve llegar y salir al atacante en una bicicleta azul.

El martes efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) detuvieron a Carlos R. El parte oficial dice que estaban "realizando tareas" en el barrio La Cerámica cuando "notaron la presencia de personas" que hacían ademanes de tener un arma de fuego en la cintura. Los corrieron pero sólo detuvieron a Carlos R., a quien le secuestraron un cuchillo de 12 centímetros de hoja. Luego, enterados por vecinos del arresto, los nietos de Antonio A. se acercaron a la PDI a informar que ese sería el agresor del anciano.

El descargo

Los policía "eran dos gordos barbudos. Nunca me secuestraron un cuchillo. Lo único que tenía eran los documentos y el cinto", replicó el detenido. Contó que tras almorzar con su esposa salió a la calle a fumar un cigarrillo y pasear el perro y lo apresaron dos hombres vestidos de "jogging y remera oscura". Iban en una chata blanca, le gritaron "tirate al piso" y lo apuntaron con armas en la cabeza. "Me pegan patadas, me atan con una soga los brazos, el cuello y las piernas. Paran en un descampado en Circunvalación y me pasan a un auto particular. Yo les pedía que me desaten porque me estaba ahogando", recordó mientras mostraba una lesión en una mano y aseguraba que le habían roto una costilla. Hasta ayer no lo había revisado ningún médico.

El acusado admitió que el domingo fue a la casa de Antonio en su bicicleta, aclarando que es negra y que él mismo la pintó de ese color porque estaba oxidada. "Pero en ningún momento le pegué" —se defendió—. Vendí unas rifas y fui al cementerio a ver a mi mamá. Él estaba con su señora y fui porque tenía que cambiar unas correas de persianas. Me dijo que estaban durmiendo la siesta. Y me fui".

La defensora entonces llamó la atención sobre las extrañas circunstancias del arresto: "La policía debió pedir una orden de allanamiento. Es raro cómo se entera la familia", dijo, y pidió que se declare inválida la detención. Pero el juez Caterina sólo admitió que la Unidad de Violencia Institucional investigue el arresto y que R. sea revisado por un médico.

El juez dijo que existe una "probabilidad más que suficiente" de autoría y le dictó la prisión preventiva por el plazo legal de dos años en los que deberá resolverse la causa.

El acusado dijo que fue a la casa del anciano para cambiar las correas de una persiana, pero que no lo dejaron ingresar

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