Policiales

"Necesito pedir perdón a mi familia y a cada una de las víctimas de los abusos"

Lo dijo el locutor nicoleño Luis Marcelo Escobar al romper el silencio en el final del juicio que le siguen por 18 violaciones cometidas entre 2014 y 2016

Viernes 01 de Marzo de 2019

El último día del juicio oral en su contra por abusar sexualmente de 18 jóvenes, cinco de ellas adolescentes, el locutor Luis Marcelo Escobar quiso hablar. "Estoy tratando de encontrar una explicación a todo ésto", arrancó. Y reveló que había sido violado por dos hombres cuando era un niño. El acusado, que abordaba a sus víctimas con un arma y haciéndose pasar por policía, dijo que recién logró contar ese trauma infantil el día anterior, en su primera entrevista con una psicóloga (ver aparte). "Necesito pedir perdón a mi familia y a cada una de las víctimas. Creo que lo que pasé cuando era chico en algún momento estalló. Estoy totalmente arrepentido", agregó.

El locutor, de 42 años, declaró ayer a lo largo de 25 minutos frente a algunas de sus víctimas. Ellas ya habían declarado en el juicio sobre las graves secuelas físicas y psicológicas que les causaron los ataques, cometidos entre 2014 y 2016. Por esa saga de violaciones, la fiscal Carla Cerliani reiteró ayer su pedido de 50 años de prisión para Escobar como autor de reiterados abusos sexuales, en la mayoría de los casos agravados por el uso de arma de fuego.

Dos personas en una

En su confesión final, Escobar admitió los ataques pero los mencionó como si no hubieran sido cometidos por él: "El Marcelo que siempre fui es dado, servicial, y no el de 2014 a 2016. Ese nunca lo fui, nunca lo quise ser", distinguió, dando a entender que sufrió una suerte de desdoblamiento de la personalidad. Así, para aludir a su responsabilidad en los hechos usó frases ambiguas: "Jamás pensé en ser una persona que nunca fui", dijo más de una vez.

Escobar está preso desde el 20 de agosto de 2016 cuando fue detenido en Soldini en un Fiat Duna donde iba con su pareja y tres hijos. La Unidad de Delitos Sexuales lo buscaba tras detectar un patrón idéntico en los abusos que sufrieron 18 mujeres de 14 a 25 años.

Con algunas variantes, el discurso del atacante solía ser el mismo: se presentaba como un policía de Drogas Peligrosas, handy en mano, y simulaba hablar con un superior. Abordaba a chicas solas, en la calle o en una parada de colectivos. Les decía que había un procedimiento en la zona o que necesitaba requisarlas y las hacía subir al vehículo (solía usar distintos autos) para llevarlas hasta una comisaría. Pero iba a algún descampado y a punta de pistola abusaba de ellas.

"Exhibió el arma en 15 de los 18 hechos", puntualizó la fiscal, y recordó que a doce víctimas les dijo: "Portate bien y hacé lo que te digo porque sino te pego dos tiros, te tiro al río y ahí no te va a encontrar ni tu familia ni nadie", citó la fiscal. Luego de violarlas las obligaba a subir al auto y las dejaba cerca de sus casas. En un caso, le dio 40 pesos a la víctima para que se tomara un taxi. "Les preguntaba si tenían novio, si habían tenido relaciones sexuales, les decía que no se acerquen a desconocidos y que no miren para atrás. Ninguna vio la patente de los autos", añadió Cerliani, y precisó que el cambio de vehículos se explica porque Escobar se dedicaba a la compra venta de autos.

Como no usaba preservativo, la prueba de ADN dio positivo en los seis casos en los que se pudieron tomar muestras biológicas. Además de esa prueba irrefutable, también fue reconocido por las víctimas. En dos ocasiones, incluso, actuó acompañado de un atacante "alto y flaco" que no fue localizado y que también participó de las violaciones.

Trece jóvenes declararon en el juicio y tanto ellas como sus familiares contaron de las secuelas de los ataques. Otras cinco hablaron en entrevistas en Cámara Gesell que se reprodujeron en las audiencias. Una de las víctimas estaba embarazada. Otra, nunca había tenido relaciones sexuales. En pocos casos el delito quedó en tentativa porque el agresor desistió de abusar de las jóvenes, sin evitarles el impacto psicológico.

En la jornada final, la defensora Cañavate anunció que el imputado estaba dispuesto a declarar pero sin responder preguntas. Escobar (explicó luego) había sido entrevistado días atrás por una junta en salud mental que recomendó una entrevista psicológica en profundidad. Eso recién se concretó el jueves, cuando fue escuchado por una psicóloga del Servicio Público de la Defensa.

La confesión

La defensora solicitó que se retirara el público de la sala pero la jueza Patricia Bilotta, que integra el tribunal junto a Mariano Aliau y María Isabel Más Varela, no hizo lugar. Entonces Escobar empezó a hablar. "Tomé la decisión de declarar sin que nadie me lo pida, tratando de encontrar un porqué a todo ésto, tratando de encontrar una respuesta. Había algo dentro mío, algo íntimo que me pasó cuando era muy pequeño. Lo voy a contar igual delante del público porque tienen que encontrar una explicación a todo ésto", arrancó.

El locutor y padre de cinco hijos dijo que había hablado por primera vez de esa situación el día anterior con la psicóloga. "No lo sabe nadie. Ni mi familia, ni mis amigos, ni mi entorno familiar, nadie. Cuando tenía 10 u 11 años fui abusado por dos hombres en mi pueblo, Acebal. Fue algo que me marcó la vida y sufrí muchísimos años", reveló. Y habló del impacto que tuvo para él no haber conocido a su padre, que abandonó a su mamá embarazada.

"Entre 2014 y 2016 pasó algo dentro de mí. Yo no podía encontrar la explicación de la persona que fui en ese momento, teniendo 5 hijos y 4 sobrinos. Salió algo de adentro mío que yo jamás era. Siempre fui una persona servicial", añadió Escobar, que dijo haberse volcado a la religión tras su arresto y que atribuyó su conducta al silencio guardado durante años sobre el abuso infantil.

"Es algo muy privado, muy feo, pero necesito sacarlo de adentro mío. Necesito también pedir perdón tanto a las víctimas como a los familiares. No quiero que me tengan lástima ni tratar de agradar a nadie con mis palabras. Sólo necesito sacarlo de adentro mío. Estoy totalmente arrepentido. Siento que les fallé a todos y quiero ser libre sin mirar atrás", cerró.

Las víctimas lo escucharon con ojos llorosos. Sólo una joven rompió el silencio de la sala para recordarle que el daño que él dice haber sufrido por una violación es el mismo que ahora sufren ellas. El tribunal dará su veredicto el próximo miércoles.


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