La noche del martes, en la zona de avenida Sabin y Sorrento, un hombre fue acribillado en un descampado. La víctima era Ángel Faustino Coronel, de 39 años, y vivía en Renán al 200. Su pareja, Daiana, sostuvo que el hombre salió de su casa alrededor de las 20.30 para comprar cigarrillos en un quiosco cercano y que ella escuchó una serie de disparos. Unos minutos después Ismael, el sobrino de Ángel, lo encontró tirado en un descampado, estaba malherido y lo llevó a su casa. Allí llamaron al 911 y un móvil policial trasladó a la víctima al Policlínico Eva Perón, donde falleció a la medianoche como consecuencia de disparos recibidos en el abdomen, el tórax y las piernas. Un posible móvil del hecho, según allegados a Ángel, sería una deuda que la víctima contrajo con prestamistas para comprar unas zapatillas y que no pudo saldar.
Daiana, pareja de Coronel, aseguró a los policías ignorar quién pudo haber matado a su marido. En tanto, la fiscal Georgina Pairola ordenó al gabinete de Homicidios de la Agencia Investigación Criminal (AIC) el relevamiento de cámaras de videovigilancia en la zona y recabar testimonios tendientes a aclarar lo ocurrido. La división balística secuestró del lugar del homicidio seis vainas servidas calibre 9 milímetros.
El lugar donde Ángel Coronel vivía está a sólo cuatro cuadras de Sorrento y avenida Sabin y detrás de las vías, una zona escondida de departamentos de un plan Fonavi. Hace ocho años que la víctima, que trabajaba como albañil, vivía allí con Daiana y su hijo de 11 años. No tuvo nunca antecedentes penales y siempre trabajó de lo mismo. Si bien su pareja dijo no tener idea de las causas del homicidio, al caminar la zona y charlar con allegados y vecinos la mecánica y el posible móvil toma cuerpo.
A Coronel lo habrían abordado al menos dos personas que lo cruzaron en un descampado que está detrás de un terraplén y le dispararon al menos ocho veces. El hombre quedó tendido y su sobrino, previendo quién era la víctima corrió hacia el lugar, lo levantó y como pudo lo llevó hasta el departamento donde Ángel vivía con su familia.
Según algunos vecinos, uno de los posibles móviles pudo ser una deuda impaga. Hace un tiempo pasaron por el barrio unos “colombianos que te ofrecían plata”, dijo un hombre. Ángel tenía que comprarle unas zapatillas al hijo de Daiana y en los últimos días de abril pidió a uno de los prestamistas “unos 10 mil pesos”, aunque “les tenía que devolver 20 mil”, aseguró un amigo de Angel.
Desde el momento del préstamo el hombre recibió varios mensajes y amenazas para que pagara y el mismo martes a la tarde le fue a decir a los usureros que le pidió dinero a su empleador y que éste le dijo que en la semana se lo daría, con lo que la deuda iba a saldarse el viernes, “una vez que cobrara”, aseguró otro amigo de Ángel. Y un vecino agregó: “Para mi que estos vinieron y lo mataron, hay mucha gente que les pidió plata en el barrio”.
Daiana contó ayer a La Capital que las zapatillas eran “lindas. Yo ahora no estoy trabajando, así que veré como hago, estamos destrozados”, dijo en la puerta de su casa mientras otros familiares realizaban trámites para que les entregaran el cuerpo de Ángel para su velatorio.