POLICIALES

Barrio Larrea, sacudido por el homicidio de una víctima inocente de las disputas callejeras

La joven, de 22 años, recibió un balazo en la cabeza cuando el frente de su vivienda fue atacada a balazos por dos hombres en moto.

Jueves 02 de Septiembre de 2021

Barrio Larrea quedó en estado shock tras el asesinato de Marta Beatriz Aguirre, una muchacha de 22 años que recibió un disparo en la cabeza cuando el frente de su casa fue atacada a balazos este martes a la tarde noche por dos hombres en moto en Urdinarraín al 6900 (misma altura de Génova). La vivienda de la muchacha recibió una ráfaga de ocho disparos, uno de ellos ingresó por la ventana e impactó en la cabeza de la joven mientras atendía una modesta heladería que funcionaba en su casa mientras aprovechaba para leer los apuntes de clases y estudiar.

“Yo estaba mirando televisión y ella atendía la heladería. De pronto se escucharon disparos que me dejaron sorda, me tiré al piso y cuando me levanté vi a mi hermana que se caía desplomada al piso. Había sangre por todos lados”, explicó la hermana de la víctima. “Son buena gente, buenos vecinos. A ninguna de las chicas se las ve por fuera de su casa. Cualquier vecino de la zona te puede certificar lo que te digo. Le erraron, no era para la piba, no era para ella”, comentó un vecino de la zona.

“Esa cortada da para todo. Siempre se escuchan tiros. Por ahí tenés una familia que vive teniendo quilombos con todos, muy conflictivos; y un punto de venta de droga que está muy cerca de donde mataron a la piba”, contó otro residente poniendo blanco sobre negro en cuanto al real problema de las balaceras en la zona.

El patio trasero de Empalme Graneros

Larrea fue durante décadas el patio trasero de Empalme Graneros. Un barrio obrero que tras años de neoliberalismo salvaje quedó sometido a una zona de pobres trabajadores. La llegada de la droga masificada y normalizada terminó descomponiendo un frágil tejido social que, como en la mayoría de la periferia rosarina, navegan o naufragan en las turbulentas aguas de la economía. Larrea es otro barrio que no pudo escapar a un destino de pobreza atravesada por la dinámica del narcomenudeo encerrado entre tres polos de la pauperización: Empalme, Ludueña y el bloque del 7 de Septiembre con Emaús, Stella Maris y Fisherton Norte.

Vecindarios que conocen los pedigres delictivos de varios pesos pesados: los asesinados “Tuerto Boly” y el “Negro Cali” Paz; los encarcelados “Tuerto Cárdenas” y “Toro” Martinotti; y las distintas franquicias de la banda de Los Monos y de Esteban Lindor Alvarado; el “Chaqueño” Pérez, el “Gordo Brian” González, el “peruano” Rodríguez Granthon.

“Desde que sacamos el búnker de venta de drogas que funcionaba sobre José Ingenieros al 7100, todo estaba más tranquilo. Aunque eso signifique que las balaceras se hayan extinguido”, contó un vecino del barrio. El hombre hizo referencia al punto de venta de droga ubicado a la vuelta de la capilla, la escuela primaria Nº 3141 y el jardín de infantes Nº 1272, ambos portadores del nombre del Papa Paulo VI.

El búnker había sido allanado el 29 de junio del 2018 por la Policía Federal. Pero como suele suceder a los pocos días estaba nuevamente activo. En derredor del punto de ventas se generó una espiral de violencia que culminó con el ataque a tiros a la parroquia del barrio. Los vecinos se autoconvocaron y abrazaron la capilla, centro neurálgico del crecimiento de Larrea. Un mes más tarde un transero de 25 años fue detenido y acusado por el ataque a balazos. El templo tuvo custodia policial hasta mediados de marzo de 2019.

"No todo lo que pasa sale en los medios"

“Después los narcos mudaron el búnker a la zona de Circunvalación y Mendoza, donde por lo que supimos mataron a uno de los soldaditos. Pero acá si bien está más tranquilo, en la cortada (Urdinarraín) hace tres meses mataron a un delivery, hace dos o tres semanas una moto se estacionó en la esquina de Colombia y el pasaje y dispararon varias veces al aire, hace dos semanas balearon en una pierna al nieto de la mujer que vendía droga sobre José Ingenieros al 7100. No todas las noticias salen en los medios”, reflexionó un vecino.

El delivery asesinado se llamaba Nelson Edgardo Serrano, de 32 años, era padre de tres hijos y cobraba 750 pesos por turno de cadetería. Por día llevaba a su casa 1.500 pesos. Lo mataron tras perseguirlo la noche del jueves 27 de mayo pasado en Bolivia y Urdinarraín , a la vuela de la rotisería en la que trabajaba. Dos meses después hubo otro sacudón en el barrio: lo impuso el asesinato de Martín Morales, de 28 años, la tarde del lunes 1º de marzo en la puerta de un taller mecánico. El hombre, padre de una beba de siete días, recibió 8 disparos de dos sicarios que bajaron de un Renault Clio negro. Jesús B., dueño del taller y de 39 años, que quedó malherido, pero sobrevivió.

Marta Beatriz Aguirre vivía en el pasaje Urdinarraín al 6900, una de las calles más empobrecidas del pauperizado barrio Larrea, a unos 100 metros de donde cayó muerto el delivery Serrano. Tres décadas atrás esa zona era parte de un polo de diversión de barrio trabajador: la bailanta “El Chaqueñito" (Bolivia al 600 bis), hoy un supermercado chino.

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“Son vecinos viejos del barrio. El abuelo supo tener verdulería. Son gente que no se meten con nadie. La piba fallecida y la hermana siempre están en su casa. Son gente de bien”, semblanteó un vecino. Según relataron sus vecinos la familia Aguirre puso una heladería, con la que tras 18 meses de pandemia habían comenzado a vender bien. Por lo bajo el vecindario comentó que muy cerca de la heladería hay un puesto de venta de drogas, que ya habría recibido varias advertencias para que cesara la venta.

"No andaba en cosas raras"

Según se reconstruyó, el martes poco antes de las 19.30 Marta estaba junto a su hermana sentada en la humilde heladería que ocupaba una de las habitaciones de la casa en la que vivía, con ventana a la calle. “Mi hermana era inocente. No andaba en cosas raras y estaba todo el día en mi casa. Me cuidaba a mí y de paso atendía la heladería porque yo con las cosas de la escuela no podía”, explicó la hermana de la víctima.

“De repente escuche los disparos y vi como mi hermana se caía entre la sangre”, dijo la muchacha. “Lo que dijeron algunos vecinos que tienen cámaras en sus negocios es que desde Juan José Paso llegó por Colombia una moto pequeña, de 110 centímetros cúbicos, y se metió en el pasaje Urdinarraín . Se ve que pasó para ver. Dio la vuelta manzana, volvió a entrar y ahí se escucharon los disparos”, contó un vecino.

La versión oficial de lo sucedido indicó que dos hombres en moto atacaron la vivienda. “El frente de la casa recibió siete impactos. El octavo le dio en la cabeza a la piba que murió”, relató una vecina. Al llegar la policía constataron la gravedad del ataque y solicitaron una ambulancia del Sies. En paralelo ambulancieros del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias realizaban una protesta en el galpón de Suipacha y Pellegrini advirtiendo que no cuentan con ambulancias en condiciones: “En dos meses no tenemos más ambulancias sanas”, dijeron.

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Cuando la ambulancia llegó a Urdinarraín al 6900, Marta Aguirre estaba muerta. Eso motivo una revuelta vecinal. “Lo que pasó fue que el primer móvil policial llegó como 25 o 30 minutos después de la balacera. La ambulancia llegó más tarde y al rato las cámaras del noticiero. Todos estábamos muy calientes y por eso se produjo un pelea que nadie quería y en la que nos superó la indignación. No sabemos si se hubiera salvado, pero no puede ser que una persona se muera sin asistencia”, relató una vecina. La investigación del asesinato de Marta Aguirre quedó en manos de la fiscal Marisol Fabbro, quien comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajara sobre territorio.

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