Solamente los elegidos, los distintos, los que rompen el molde son capaces de ocupar un sitio privilegiado en la historia. Maxi Rodríguez tiene semejante privilegio. Se lo ganó por jerarquía futbolística, por corazón y por identidad rojinegra. Tamaña entrega merecía que los suyos, los que lo disfrutaron y fueron los receptores de tanto talento, le brindaran una despedida semejante, repleta de emociones. Para que la Fiera quede envuelto de afectos y se vaya con la satisfacción de sentir que lo suyo bien valió la pena. El partido que había jugado, el empate 0 a 0 de Newell’s contra Banfield quedó absolutamente de lado. Fue la noche de la Fiera.
Los alrededores del Coloso se pintaron de rojo y negro desde más temprano de lo habitual, tal las ganas de expresarle gratitud a la Fiera. Desde tres horas antes de que el partido comience se fueron poblando las adyacencias del estadio, la mayoría inconfundible con vestimenta que identificaba su amor por los colores del club. Otros prefirieron no detener el paso y aprovecharon que a esa hora se abrieron las puertas de la cancha para aguardar pacientes desde las tribunas la despedida de Maxi.
El peregrinaje hacia el Parque para rendirle pleitesía al último ídolo fue incesante. La afluencia fue mayor que de costumbre en los puestos de ventas de camisetas, banderas y gorros. El humo de los puestos de choripanes invadió el ambiente cuando el sol todavía calentaba con intensidad y faltaba bastante para que Maxi saliera por el túnel.
Existía la necesidad de disfrutar cada instante, de atesorar el recuerdo por siempre, de detener el reloj y que entonces Maxi siga y siga gambeteando al tiempo. El deseo era que no llegue nunca ese final inevitable para “el mejor jugador entre los hinchas”. Es que así lo consideran los fanáticos y así se expuso en la casaca que usó ayer el equipo, acompañada esa frase por un “Gracias Maxi” y la imagen de la Fiera gritando un gol. Una camiseta emblemática que el club puso a la venta en las tiendas oficiales de Newell’s y que seguramente muchos querrán tener para rememorar una jornada histórica.
El primer estallido se escuchó durante el anuncio de los titulares de Newell’s, en el instante en que se mencionó a la estrella de la noche. Gritos, aplausos y todos de pie.
El público debió aguardar hasta pocos minutos antes del inicio del partido para ver finalmente la figura de Maxi, emergiendo del túnel junto a sus dos hijas. Es que el plantel no cumplió con la tradicional entrada en calor en el campo de juego, quizás para que las emociones ante tanto fervor popular no desenfoquen al grupo del partido que tenía por delante. “El Maxi, Maxi”, atronó en el Coloso y el futbolista levantó los brazos e hizo una reverencia.
Si bien Maxi es competitivo ciento por ciento y el partido lo tomó con la seriedad de siempre, su actuación quedó en un segundo plano. No fue mucho lo que pudo hacer. Intentó iniciar algunos ataques, pero el equipo nunca consiguió hacerse fuerte. Pateó un tiro libre desde una posición parecida al gol ante Central Córdoba de Santiago del Estero, pero fue al medio y Cambeses atajó sin problemas. Tendría una ocasión propicia para ponerle el broche de oro a una noche imborrable. Quedó cara a cara con el uno de Banfield, pero el tiro fue interceptado por el arquero. La Fiera gritó de impotencia. Los hinchas, en cambio, lo aplaudieron dándole ánimo. Fue una señal de disculpa, aunque no necesitaba que nadie lo perdone.
En el minuto 11 del segundo tiempo, justamente su número, se levantó el cartel indicador del cambio. Se sacó el brazalete y caminó lentamente para entregarlo a Pablo Pérez. Compañero de tantos partidos y de tantos momentos felices, como el título de 2013, fue el primero con el que se abrazó. Uno a uno se fueron acercando sus compañeros para repetir el gesto. El partido era lo de menos. Los futbolistas de Banfield miraban con respeto, en tanto los hinchas gritaban, saltaban y aplaudían sin parar.
De pronto se arrodilló y besó el césped del Coloso. Tenía los ojos llenos de lágrimas. No sería la última vez que se lo vería así. Entonces dejó el campo de juego por última vez, se saludó con el árbitro Mauro Vigliano y uno a uno lo abrazaron en el banco rojinegro.
Siguió las alternativas del partido seguramente cruzándole un montón de recuerdos de sus más de 20 años de carrera, los inicios en el baby de Newell’s, yendo a jugar acompañado por su madre y su abuelo, el debut contra Unión en noviembre de 1999 y todo lo que llegó después, la selección argentina, Espanyol, Atlético Madrid, Liverpool, el título de 2013 con la lepra del Tata Martino y el día a día, eso que la mayoría no ve y los jugadores valoran tanto.
Con el final del partido, el hincha olvidó el empate insípido con Banfield y el penal atajado a Belluschi en el tiempo adicional, para expresarle todo el afecto a Maxi. La Fiera se abrazó con sus afectos directos, la esposa y las hijas. Atronó el “Maxi, Maxi” desde las tribunas y el futbolista se tapó la cara con la camiseta sin poder contener las lágrimas.
“No lo voy a olvidar nunca”, atinó a decir Maxi, micrófono en mano. Los compañeros lo arrojaron por los aires y caminó lentamente acompañado de las hijas por los cuatro costados de la cancha para saludar a su gente. Desde las tribunas descendía el “dale campeón, dale campeón”.
El actor Pachu Peña, reconocido fanático de Newell’s, invitó al capitán y a todos los presentes a entonar las estrofas del himno. Cuando concluyó, nuevamente el protagonista de la noche se quebró.
Antes de que Maxi volviera a hacer uso de la palabra, por las pantallas Led instaladas en las tribunas se exhibió un video de excompañeros que lo saludaron. Pasó Lionel Messi, aplaudido a rabiar por el público, además de Gabriel Heinze, Nacho Scocco y Pablo Pérez, otros alentados por fervor. Sebastián Domínguez, el uruguayo Luis Suárez, el Niño Torres y el Kun Agüero fueron otros que se sumaron a las salutaciones para la Fiera.
Antes de la despedida final, Maxi volvió a hablar. Fueron los últimos instantes de una noche que quedará grabada en todo el mundo rojinegro. Entonces sí, llegó el final y se fue por el túnel de donde salió tantas veces y no lo volverá a hacer. Su calidad ya quedó en la historia leprosa.
Las últimas frases
"Me voy con algo muy lindo, con la foto de esta cancha llena, un recuerdo maravilloso”
"La familia me dio la fuerza para jugar. Es una carrera que demanda mucho desgaste y ellos siempre estuvieron apoyando para seguir adelante”.
"Este es un momento muy emocionante, estoy agradecido a todos los entrenadores y compañeros que tuve, siempre tratando de estar a la altura de las circunstancias. Las camisetas de Newell’s y la selección fueron las más especiales en mi carrera”