Central

Tras la tormenta por el flojo arranque, Central disfruta de la calma

El equipo de Arroyito estuvo a un paso de quedarse sin técnico, pero los triunfos ante Godoy Cruz y River lo pusieron en una situación mucho más relajada.

Miércoles 13 de Noviembre de 2019

Jorge Valdano dijo alguna vez que el fútbol es un estado de ánimo. Es difícil establecer si ese vaivén en las sensaciones puede modificar, para bien o para mal, rendimientos deportivos. De lo que no caben dudas es que un par de resultados (muchas veces con sólo uno alcanza) pueden romper una imagen para crear otra.

Que lo diga el Central de Diego Cocca, sus jugadores e incluso los dirigentes, que en un puñado de días saltaron de la angustia extrema, que llevaba consigo la enorme posibilidad de un cambio de entrenador, a una situación en la que las pulsaciones laten de manera normal o cuanto menos a un ritmo muy inferior a la de aquellos días de turbulencias. Hoy parece haber más calma que nunca.

Después, si en Arroyito piensan que los problemas del canalla se solucionaron por completo después de dos triunfos seguidos (Godoy Cruz y River) estarían abrazando una lectura errónea, aunque difícilmente el técnico y los futbolistas crean eso.

   El nombre en cuestión en estos últimos días de mucha convulsión fue uno solo: Diego Cocca. En él recayeron todas las miradas, pero el nuevo escenario a los que más tranquilizó fue a los dirigentes, sobre todo a aquellos que están más pendientes del fútbol profesional. De haber sido distinta la historia se hubieran tenido que mover con celeridad para encontrar un reemplazante, con la necesidad de pararse frente a un grupo que sin dudas hubiera demostrado signos de debilidad, al menos desde lo anímico. Para la comisión directiva esos seis puntos al hilo tuvieron un significado mayúsculo.

   No obstante es imposible abstraer una pieza de otra en medio de un rompecabezas en el que el movimiento de una ficha altera la instalación de muchas otras.

  Lo dicho, en menos de dos semanas Central vivió un cambio sustancial. Un cambio en el que los moretones de los golpes que cargaba sobre su humanidad se fueron atenuando. Seguramente no desaparecieron de manera definitiva, pero se aclararon bastante.

Está tan fresco el triunfo del pasado domingo en el Monumental frente a River que es de lo que más se habla. Y es lógico que eso ocurra. Es más, la enorme jerarquía del rival le entregó mucho más relieve, pero para el momento que vive Central la necesidad de puntos está por encima del nombre del oponente. Hoy a este equipo que lucha por la permanencia debiera darle lo mismo asestarle un golpe al River del Muñeco Gallardo que al más desvencijado futbolísticamente. De igual forma, el impacto emocional sí tiene un plus.

   De aquel 29 de octubre a este 10 de noviembre (el día del partido en el Monumental) hubo prácticamente un suspiro. Ese día, en el estadio Ciudad de La Plata, después de lo que había sido, por lejos, el peor desempeño del canalla en el torneo, el propio Cocca salió a poner la cara (tras una charla en el vestuario con el presidente Rodolfo Di Pollina y el secretario deportivo Raúl Gordillo) para aseverar que su continuidad estaba “condicionada” por el resultado ante Godoy Cruz, que si su equipo no le ganaba al Tomba estaba dispuesto a dar un paso al costado porque “lo último que quiero es hacerle mal al club”.

   Ese fue el instante de mayor tensión en el semestre. Un técnico en la cuerda floja, un equipo golpeado y, sobre todo, una dirigencia oteando un panorama con la obligación de hacer contacto con posibles reemplazantes (de hecho llamaron a más de uno). Tan oscuro era el presente que hasta se tomó casi como un hecho natural que la barra se metiera en el vestuario del Gigante de Arroyito un día de entrenamiento para charlar con el plantel y el cuerpo técnico, a quienes intentaron dejarles en claro que “el domingo hay que ganar, no por Cocca, sino por necesidad y respeto al club”. Incluso el entrenador, en medio de esa necesidad, se atrevió a tomar una decisión importante como fue la exclusión del equipo de un referente como Matías Caruzzo.

   En ese entonces era Cocca sí, Cocca no, después de Godoy Cruz; la chance del Kily frente a River y un nuevo técnico tomando las riendas en el inicio de las dos semanas de trabajo antes de Aldosivi. Cualquier cosa pudo haber pasado. Todos los escenarios fueron analizados. Pero llegó la primera señal de alivio.

   Sin que le sobrarle demasiado, el equipo se despachó con una goleada, en la cual pudo sentirse seguro después del zapatazo de Rinaudo (el cuarto gol). Cocca habló de que nada había cambiado sustancialmente, que la diferencia había estado en la “efectividad” en el arco de enfrente. No había espacio para nuevo técnico ni siquiera un interino. Igual las dudas jamás se esfumaron por completo. En esa fecha habían perdido Colón, Gimnasia, Aldosivi y Newell’s y empatado Banfield y Patronato. Una vez más, como poquitas veces en el torneo, el canalla quedaba fuera de la zona de descenso.

Lógica o batacazo

Pero venía River y los nubarrones formaban parte del presagio. Era la lógica o el batacazo. Fue lo último. Triunfo en el Monumental (después de 22 años sin victorias en ese estadio) ante el mejor equipo del fútbol argentino, que estuvo acompañado quizá por alguna pequeña cuota de suerte pero que gozó del sostén de una estrategia (y también táctica) bien pensada por Cocca en los días previos. Los traspiés de Patronato y Aldosivi entregaron más aire todavía. Pero independientemente de resultados ajenos, lo que había logrado Central era una enorme cuota de tranquilidad después de casi dos semanas de mucho agite. Una fecha más alejado de la zona roja y la chance de lograrlo también en la próxima, amén del resultado que se dé en Arroyito y en los demás estadios.

   Un puñado de días transcurrieron de aquel porrazo en La Plata que hicieron tambalear la estructura deportiva y política del club. En Arroyito fue la tormenta que trajo algo de calma.

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