El formato del líder del campeonato ayer se vio reflejado en el triunfo ante el ciruja tucumano. Con Jeremías Ledesma usando los reflejos cuando el rival intentó sorprender, con Leonardo Gil como un pacman corriendo de un lado a otro y moviendo la bocha con criterio en el medio, con Néstor Ortigoza tirándose al piso con las ganas de un debutante para interceptar al rival, con Oscar Cabezas despejando la pelota con vehemencia, con Marco Ruben disputando cada dividida como la última, con Camacho sacando un misil desde afuera del área para abrir el camino de la victoria y con un Fernando Zampedri incansable para ir a todas y lúcido para definir con categoría en el segundo grito que selló el triunfo.
Esas fueron las imágenes que entregó la tarde-noche de Arroyito. Con un público que fue a ver ganar al equipo para seguir en lo más alto y un Central que jamás se entregó a la presión externa, mantuvo el manual de estilo y no alteró en lo más mínimo el plan de juego de intentar siempre ser una alineación compensada. Claro que debió elaborar el triunfo con mucha paciencia, disciplina y enjundia para diputar cada dividida, ya que el rival nunca se sintió menos y hasta estuvo cerca de ponerse en ventaja en la etapa inicial.
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Porque en ese primer tiempo el canalla fue previsible en las entregas, le costó progresar por las bandas, le dio la pelota al ciruja, se complicó solo en los pases de salida y quedó larguísimo desde Caruzzo hasta Zampedri. Parecía que el canalla tenía los vidrios empañados para generar juego y en la primera media hora el partido se jugó más cerca de Ledesma que del arquero visitante Ignacio Arce. Incluso un cabezazo de Altuna abolló el travesaño auriazul.
Un latigazo que trajo calma.
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Pero este Central astuto de Bauza capitalizó al máximo un ataque vertiginoso. Camacho capturó un despeje frontal y desde 20 metros sacó un latigazo de zurda que se incrustó como un dardo venenoso en el arco visitante. Fue la cuota de tranquilidad y confianza que necesitaba para enderezar el rumbo del trámite. Porque en el complemento la iniciativa fue del equipo del Patón, con un Ortigoza que copó el mediocampo con mucho esfuerzo y el pie iluminado que lo caracteriza.
Y sobre el final del partido, llegó la segunda estocada auriazul. Fue una gran combinación que arrancó con un tiro libre de Ortigoza, la pared entre Parot y Camacho y el remate lapidario del Toro Zampedri para ratificar que Central marca el camino luego de tres fechas jugadas en la Superliga.
Llegó el final y la explosión de alegría de los hinchas canallas por la tercera victoria seguida que lo consolidó como único líder. La luna llena ya reflejaba su luz de ensueño sobre las tribunas repletas del Gigante. Hoy Central está feliz y mira a todos desde arriba, aunque la historia recién empieza y el equipo tiene mucho por mejorar.
El domingo vendrá la durísima visita al Racing intenso del Chacho Coudet. Por ahora el equipo del Patón manda, es el patrón de la nueva Superliga.

























